Banca

Del germánico bank, “banco”.

La banca engloba el conjunto de entidades que se dedican a prestar a los particulares, las empresas y otras colectividades servicios de custodia de depósitos de dinero, crédito y gestión de recursos financieros. La actividad esencial de la banca actual, que comprende en su totalidad a los organismos de crédito o bancos, es el préstamo a interés. Para llevarlo a cabo, los bancos obtienen dinero de individuos y entidades empresariales o financieras, y con los recursos captados, además de con su propio capital, conceden préstamos de los que obtienen beneficios. Tales beneficios derivan de la diferencia entre el tipo de interés al que reciben el dinero y aquel al que lo conceden, y también de las comisiones que ingresa el banco por los servicios de gestión financiera prestados.

De origen casi tan antiguo como el dinero, los bancos, centrados en el crédito, desarrollan no obstante una amplia diversidad de operaciones y presentan diferentes categorías: se cuentan entre ellos los bancos comerciales, los industriales, los de emisión de moneda o nacionales y los internacionales.

Evolución histórica de la banca

Las actividades de préstamo se remontan a civilizaciones anteriores a la aparición de la moneda, como la babilónica o la egipcia, en las que los depósitos de grano y otros bienes utilizados como medio de intercambio comercial eran prestados a quienes los necesitaban a cambio de una contraprestación. Esta función la solían ejercer los sacerdotes de los templos, lo que da idea de la reverencia que generaban aquellos primeros “banqueros”. Pueblos dedicados activamente al comercio, como los fenicios, los griegos y los romanos, desarrollaron también sistemas de préstamo con cierto grado de organización. Sin embargo, es la Edad Media el periodo en el que la banca se comienza a constituir en los términos equiparables a los que tiene en la actualidad.

Los prestamistas, o cambistas, empezaron a desarrollar su actividad bajo normas establecidas en la baja edad media. En torno al siglo XIII sus actividades solían desarrollarse en las ferias y mercados, en los que efectuaban sus transacciones sobre una tabla apoyada sobre dos pilares (la banca o banco). La actividad de los cambistas, los banqueros de la época, era vigilada por la autoridad, ya que, dada la naturaleza de sus operaciones, era fácil que se suscitaran tumultos ante posibles comportamientos fraudulentos. Cuando éstos eran descubiertos, la instalación del cambista falsario era destruida de inmediato en la misma plaza, en una acción que pronto se conoció como “banca rota”.

La inseguridad de los caminos hizo por otra parte que se crearan medios de cambio como las letras o cartas de pago en las que un cambista pedía a otro colega de otra ciudad que pagara a su portador una determinada cantidad en su nombre. Más tarde se desarrollarían las letras o cartas de cambio que, a diferencia de las de pago, podían endosarse, es decir, transmitir su propiedad a otra persona, por lo que se convirtieron en un importante instrumento de intermediación comercial. Estos compromisos de pago, y otros medios, como el agio (descuento) y el aval, fueron conformando un conjunto de instrumentos financieros que, con la activación comercial del Renacimiento, otorgó un papel de primer orden a familias de banqueros, como los Medici en Florencia, o los Fugger (prestamistas oficiales de Carlos V y de su hijo Felipe II) y los Welser en Alemania, cuyos miembros desempeñarían un papel fundamental en los acontecimientos históricos de su tiempo o, más propiamente, en la financiación de esos acontecimientos.

En el siglo XVII la actividad bancaria contó con aportaciones como la emisión de billetes de banco, cuyo primer referente se dio en el Banco de Estocolmo en 1661 y que pronto se extendió a toda Europa, y la aparición en Inglaterra de los primeros cheques, o talones, órdenes de pago que servían entonces, como en la actualidad, para que una persona, el librador, retirase en su provecho o en el de terceros, los tenedores o beneficiarios, la totalidad o parte de los fondos ingresados en depósito en un banco, la entidad librada.

La Revolución Industrial y la consiguiente expansión de la actividad comercial y económica determinaron un importante replanteamiento de la actividad bancaria. En el siglo XIX se generalizaron a numerosos países los bancos centrales: el más antiguo fue el mencionado de Estocolmo, aunque el primero en aunar las funciones propias de la banca central y de emisión fue el Banco de Inglaterra, fundado en 1694. A tales entidades les correspondía, como en la actualidad, actuar como banco del estado desarrollando funciones como la emisión de dinero, la regulación de la política monetaria y la salvaguarda de las reservas monetarias y en oro de cada país. Igualmente se inició la tendencia a la fusión de entidades bancarias de ámbito local en organizaciones de crédito con un número creciente de sucursales, que operaban a escala nacional e internacional y que se financiaban con capital privado. Tal orientación se ha mantenido hasta nuestros días, con los grandes consorcios bancarios surgidos de la unión de entidades de menor escala.

Además de la tendencia a la fusión y la concentración de capital, la banca moderna se caracteriza por la aparición de entidades no bancarias de intermediación financiera, que vinieron a cubrir parte del ámbito tradicionalmente ocupado en el mundo económico por los bancos, obligados a competir con estas nuevas empresas de gestión y asesoría financiera y, consiguientemente, a abordar procesos de reestructuración.

Otro de los rasgos esenciales de la banca actual es la sólida implantación en ella de las tecnologías informáticas. Como consecuencia de ello en la transición al siglo XXI se generalizó la banca en línea o banca on line, en la que los servicios se prestan a través de Internet. Esta modalidad de gestión bancaria se asienta tanto en bancos que carecen de sucursales convencionales y que solamente operan a través de la red, como en entidades bancarias tradicionales, que, además de conservar su estructura material de oficinas y sucursales, ofrecen tales servicios on line.

Clases de operaciones bancarias

Las operaciones y servicios realizados por los bancos se han centrado tradicionalmente en la custodia de depósitos y la concesión de préstamos a interés. No obstante, la mencionada competencia de otras instituciones no bancarias y la tendencia a la cobertura de un área cada vez más amplia de sectores económicos ha hecho que los bancos desarrollen otras muchas actividades, como la asesoría financiera o la gestión de inversiones bursátiles.

Las operaciones de ingreso de depósitos se conocen como pasivas, en tanto que generan al banco un costo derivado del interés abonado al cliente que le confía sus recursos financieros en depósito. Los depósitos bancarios se diferencian en primarios, cuando corresponden a la entrega de una determinada cantidad de dinero por el cliente, y derivados, cuando son consecuencia de un préstamo del propio banco. La actividad bancaria en relación con estos depósitos se centra en las áreas de la captación y la colocación. La primera consiste en obtener dinero de los clientes aportándoles por ello unos intereses cuyo valor es variable en función del tipo de cuenta. Son menores en cuentas corrientes, algo superiores en cuentas denominadas de ahorro o aún mayores en depósitos a plazo, fijo o variable.

Por el contrario, la colocación es la operación por medio de la cual los bancos reconducen los fondos obtenidos a través de la captación hacia el ciclo económico por medio de los créditos concedidos a quienes los requieren, cobrando como contraprestación un interés de colocación. De la diferencia entre el interés de captación y el de colocación depende el margen de beneficio de la institución bancaria, al que también se conoce como margen de intermediación.

Ese margen resulta determinante para la rentabilidad del banco, necesaria para la generación de dividendos para sus accionistas. La rentabilidad, no obstante, debe equilibrarse con la liquidez, es decir, con la disponibilidad de cantidades suficientes de reservas en dinero que permitan en todo momento rembolsar los depósitos a los clientes que lo soliciten.

Un aspecto importante de la gestión de estos depósitos lo constituye el conjunto de operaciones bancarias de pagos con cargo a la cuenta del cliente de recibos domiciliados (por ejemplo, impuestos, gas, luz, teléfono o agua), así como el ingreso por transferencia de cheques, salarios, etc. Por todos estos servicios el banco ingresa comisiones que suponen un porcentaje significativo de sus ingresos, si bien en la actualidad los servicios de banca on line tienden a eliminar tales comisiones, dado el menor costo que su actividad genera. Los clientes se benefician en contraprestación de la realización de una notable cantidad de movimientos de dinero sin tener que intervenir personalmente en las gestiones. Ello, unido a la generalización de tarjetas de crédito o débito, ha dado lugar a una considerable disminución en el manejo de dinero en efectivo en las últimas décadas.

Por cuanto se refiere a la actividad crediticia, que en su conjunto engloba las llamadas operaciones activas (en tanto que generadoras de beneficio derivado de los intereses ingresados), los préstamos se conceden a plazo variable. Los bancos dedicados a la concesión de créditos a corto y medio plazo, cuyo marco de actividad se orienta al trato con clientes individuales, se han denominado tradicionalmente bancos comerciales, en tanto que los que centran su actividad en los préstamos a largo plazo suelen denominarse bancos industriales, y operan en su mayor parte con empresas y entidades colectivas. En general, los bancos industriales se han asociado a la imagen de entidades que cuentan con mayores reservas de fondos que los bancos comerciales.

La concesión de créditos suele realizarse contra la garantía de un aval, a cargo de una persona que garantiza financieramente el reingreso de la cantidad prestada, o bien de bienes o derechos tales como inmuebles, salarios, acciones, obligaciones, etc. En ocasiones también se conceden créditos de garantía personal, en los que el banco confía sin condiciones previas en la voluntad del prestatario de reingresar la cantidad adeudada.

Tipos de bancos

A lo largo de la evolución de la banca moderna, la multiplicidad de opciones determinó la distinción de entidades especializadas, en cuya base está la citada diferenciación entre bancos comerciales e industriales. Según lo apuntado anteriormente, los bancos comerciales, o de depósito, son aquellos que centran su ámbito de actividad en la concesión de préstamos, a plazo relativamente breve, a particulares, así como a la custodia de sus depósitos y gestión de sus cuentas. Por su parte, los bancos industriales, o de negocios, son las entidades bancarias dedicadas en esencia al crédito orientado a la potenciación de la creación y desarrollo de empresas a través de la concesión de créditos a medio y largo plazo y por medio de la adquisición de acciones u obligaciones de las compañías a las que se conceden los préstamos.

Sin embargo, en las últimas décadas la orientación a la fusión para crear grandes consorcios bancarios tuvo como resultado una dispersión de este elemento de diferenciación, que puede considerarse más nominal que funcional. En consecuencia, los bancos actuales se caracterizan por su naturaleza mixta, ya que realizan operaciones dirigidas tanto a clientes individuales como a empresas y entidades colectivas.

Algunos bancos centran su campo de actividad en determinados sectores económicos. Tal sería el caso de los bancos hipotecarios, de crédito agrícola u otros más específicos. En el ámbito latinoamericano cabe citar entre ellos, por ejemplo, el Banco Cafetero, de Colombia, o los bancos mineros de Bolivia y Chile, instituciones que surgieron con la finalidad original de prestar servicios en sectores especialmente significativos de la actividad económica de cada país y que posteriormente generalizaron sus operaciones, muchas veces integrados en otros grupos bancarios mayores.

Un tipo particular de entidad bancaria, de carácter público, lo conforman las cajas de ahorro y entidades afines, que se distinguen de los bancos privados por reinvertir sus beneficios en obras de carácter social, rasgo que por otra parte comparten parcialmente algunos bancos privados que crean fundaciones dedicadas a la promoción social o cultural.

De propiedad estatal son también los bancos centrales nacionales, que son aquellos a los que competen en cada país las funciones de emitir dinero en la divisa nacional del estado correspondiente, regular las actividades de los bancos privados, tanto comerciales como industriales, custodiar las reservas nacionales de divisas y oro y asesorar en la política financiera del gobierno, así como gestionar las transacciones gubernamentales.

Por su parte, los bancos internacionales son entidades financieras que operan a escala global, continental o dentro de una región integrada por un determinado número de países, ejerciendo funciones equiparables a las que los nacionales realizan en relación con los bancos privados que operan en su territorio. En consecuencia, su ámbito de acción incluye la concesión de préstamos a los gobiernos de los países que lo solicitan, la coordinación de las políticas económicas y monetarias de los países miembros o la custodia de fondos internacionales aportados por dichos miembros, generalmente en proporción a su nivel de desarrollo y de renta.

Entre los principales bancos internacionales permanentes cabe citar el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo, conocido como Banco Mundial (BM), y el Fondo Monetario Internacional (FMI), creados ambos al final de la Segunda Guerra Mundial para organizar la economía a escala global tras la devastación de la conflagración, y que han mantenido un papel protagónico en la economía mundial desde entonces, y bancos internacionales de ámbito continental como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Central Europeo (BCE), circunscrito éste a los países miembros de la UE, o el Banco Asiático de desarrollo (BAD).

La banca on line

En la realización de operaciones bancarias a través de Internet, que, como se ha dicho, puede ser representada por entidades tradicionales o por otras que solamente operan a través de la red, los costos de gestión son menores, lo que suele repercutir en la eliminación del cobro de comisiones. Además, se ofrece la ventaja adicional que supone la comodidad de la operación a distancia.

Uno de los obstáculos que esta modalidad de banca debió afrontar en su primera etapa, en los últimos años de la década de 1990, fue la desconfianza de los usuarios a efectuar operaciones bancarias a través de un medio susceptible de ser interceptado o alterado desde cualquier terminal informático. Sin embargo, las entidades que ofrecen este tipo de servicios han optimizado los sistemas de seguridad y gestión de claves y contraseñas, de modo que resulta muy complejo que una operación bancaria on line pueda ser modificada o falseada.

Ello no obstante, en el marco de las nuevas formas de delincuencia generadas en torno a la red, han surgido fenómenos como el denominado phishing, término derivado del inglés fishing, pesca. Se trata de un fraude consistente en intentar recabar (“pescar”) información bancaria mediante el envío al banco o al cliente de documentos en los que el estafador se hace pasar por una entidad oficial requiriendo datos o contraseñas de una cuenta para, una vez obtenida la información, extraer cantidades de ella.