Burocracia

Del francés bureaucratie, y éste del francés bureau, oficina, y del griego cratos, “poder”.

En el lenguaje coloquial, el término burocracia hace alusión, con matiz peyorativo, al exceso de trámites que requieren las gestiones administrativas y, más propiamente, a las dependientes de las administraciones estatales, regionales o locales, así como a la lentitud con la que tales trámites se han venido desarrollando tradicionalmente.

Sin embargo, en el plano sociológico, la noción de burocracia se desprende de ese carácter crítico y pasa a designar la organización formal de una entidad, pública o privada, planificada para la consecución de fines predeterminados. La palabra hace también referencia al conjunto de individuos que, dentro de una estructura jerárquica, realizan las funciones necesarias para llevar a buen término el objetivo establecido, sobre la base de la aplicación de reglamentaciones, sean éstas de carácter interno o derivadas de la normativa legal vigente a tal respecto.

Rasgos definitorios de la burocracia

El economista y sociólogo Max Weber fue quien, a principios del siglo XX, realizó minuciosos estudios sobre la burocracia, que dieron lugar a una serie de principios que conforman lo que se conoce como su interpretación clásica. El pensador alemán vinculó su análisis de las estructuras burocráticas a las existentes en los estados modernos, si bien reconoció su existencia y su notable implantación en civilizaciones de la antigüedad, como la egipcia, la china, la imperial romana o la bizantina.

A partir de sus trabajos se han definido una serie de rasgos tipificadores de la burocracia en el marco de la estructura social actual. Cabe destacar como más significativos las siguientes:

1. División interna del trabajo en sectores especializados.

2. Estructura rígidamente jerarquizada y basada en un principio de autoridad impersonal.

3. Carácter formal y legal de las normas y comunicaciones.

4. Impersonalidad de las relaciones en el seno de la organización.

5. Establecimiento de mecanismos y rutinas especializados.

6. Capacitación de los participantes en la organización en virtud de su función dentro de ella.

7. Establecimiento de un sistema de concursos, pruebas, títulos y méritos para el ascenso de cada participante en el orden jerárquico de la organización.

Estos rasgos definitorios determinan una visión de conjunto de la estructura burocrática en la que cada individuo participante no se considera como trabajador individual, sino como ocupante de un puesto de trabajo, lo que comporta que el individuo no debe exceder en ningún caso su ámbito de competencia. En caso de que se presente una contingencia inhabitual que pueda requerir la superación de tales límites, el ocupante del puesto de trabajo ha de recurrir a su superior en el ordenamiento jerárquico, bien consultando o bien delegando la circunstancia dada.

En el entorno social de la estructura burocrática resulta particularmente original el matiz que adquiere la noción de autoridad. Esa autoridad es inherente al cargo ocupado y no a la persona que lo desempeña. Tanto el superior como el subordinado no pueden actuar por propia iniciativa en el mantenimiento de la jerarquía, sino que han de ajustarse a los procedimientos y rutinas previamente establecidos y sancionados. Así pues, en las organizaciones burocráticas la autoridad pierde toda legitimidad personal y no obedece a los principios de autoridad tradicionales vigentes en empresas y en otras entidades sociales. La autoridad no se reconoce por respeto o aceptación de la primacía del rango superior, sino que se identifica con el reconocimiento de la racionalidad de los estamentos burocráticos.

Otra de las peculiaridades de la organización burocrática, que la diferencia netamente de los principios de gestión de la libre empresa, es el hecho de que la remuneración percibida por quien ocupa cada cargo no se estima en virtud de los resultados obtenidos, sino de las características del puesto de trabajo ocupado, siempre analizadas previamente.

Las teorías sobre la burocracia

Las premisas deducidas por Weber conforman lo que se conoce como teoría clásica de la burocracia, aunque más que un planteamiento teórico sus estudios constituyen una enumeración de rasgos definitorios. En términos de valoración podría decirse que la burocracia es contemplada por Weber como una herramienta eficaz si quien la planifica y gestiona conoce en profundidad las interioridades de su funcionamiento, característica en la que se diferencia de manera radical de la teoría marxista a este mismo respecto.

Karl Marx analizó la organización burocrática en el entorno del aparato administrativo del estado capitalista y, como tal, la consideró un medio represivo en manos de la clase social dominante. En el contexto de la lucha de clases, la burocracia era considerada como uno de los medios a través de los cuales el estamento explotador establecía y perpetuaba su superioridad sobre las masas. Según el filósofo alemán, la victoria de clase obrera en la lucha contra la opresión habría de determinar la desaparición de las estructuras burocráticas. Sin embargo, paradójicamente, el hipertrofiado aparato burocrático de los países de economía dirigida habría de ser uno de los elementos decisivos para la disolución del régimen soviético y de los de su órbita a principios de la década de 1990.

En términos críticos, aunque menos radicales que las de inspiración marxista, a lo largo del siglo XX proliferaron las interpretaciones que consideraban a las organizaciones burocráticas como potenciales elementos generadores de oligarquías, que podían constituirse en supraestructuras estatales en el seno del propio estado y convertirse en posibles amenazas para el orden democrático. Uno de los más significados representantes de la teoría oligárquica de la burocracia, el también alemán Robert Michels, argumentaba que la excesiva burocratización del estado moderno puede determinar la formación en el vértice de la estructura piramidal burocrática de un grupo de influencia que desempeñe un papel determinante en la toma de decisiones, en paralelo o en contra de los intereses de los representantes del pueblo legítimamente elegidos.

La innovación tecnológica y el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ha supuesto un factor de influencia en sentido positivo: la informatización de los sistemas de los que se hacen responsables las infraestructuras burocráticas, sobre todo en el ámbito de la administración estatal, dotan a los datos que fluyen a través de ellas de una transparencia y accesibilidad que elude en buena parte la posibilidad de creación de grupos de burócratas de alto rango, que pudieran comprometer el regular orden del estado.