Capitalismo

El capitalismo es un sistema económico que fue implantándose en fases sucesivas, primero en Europa, posteriormente en el ámbito occidental y más tarde en las economías de casi todo el planeta, como elemento generador de riqueza. Sus fundamentos esenciales son la producción y comercialización de bienes y servicios a partir de la propiedad privada de los medios de producción, sobre la base de la plena libertad de mercado, y sin intervención del estado como elemento regulador. Tal planteamiento se correspondería a una sociedad capitalista “absoluta” que, en la gran mayoría de los casos, cuenta con ciertas matizaciones. Así, por ejemplo, el estado siempre mantiene mayor o menor presencia en áreas como el desarrollo de medidas políticas, sociales, jurídicas y de seguridad, que permitan el adecuado funcionamiento de los propios mercados.

Origen y evolución histórica del capitalismo

Orígenes y antecedentes

En su mayoría, las interpretaciones sobre el origen del capitalismo incorporan elementos comunes. Uno de ellos es el que señala que el capitalismo apareció, como sucesión del sistema feudal, cuando la producción artesanal por encargo o destinada a un solo mercado local fue sustituida por la producción múltiple para un mayorista, que se encargaba de comercializar las mercancías en diversos mercados. También se sitúa en la gestación del sistema capitalista el hecho de que la tierra y el ganado comenzaran a explotarse no con la única finalidad de obtener medios de sustento, sino con la de recabar beneficios monetarios.

La producción orientada al mercado y la obtención de beneficio son, pues, dos de los elementos esenciales que muchos historiadores de la economía reconocen como esenciales en el “espíritu” del incipiente sistema capitalista, que comenzó a perfilarse, aún de manera indefinida, a partir del siglo XVI.

El capitalismo experimentó un desarrollo histórico sobrevenido en sucesivas fases. En las iniciales se generalizó la consideración de las mercancías como valores expresados en dinero, y no en materias destinadas a su aprovechamiento directo. El valor monetario se convirtió en el elemento esencial de la escala económica y los núcleos de población se fueron convirtiendo en activos centros productivos y financieros, en los que el trabajo no se planificaba ya con el objetivo inmediato del consumo, sino con el de la obtención de riqueza.

La generalización de las estructuras productivas precapitalistas se vio apoyada por la llegada masiva de metales preciosos desde América a Europa, lo que influyó poderosamente en el desarrollo del mercantilismo (doctrina económica vigente durante la instauración y consolidación de los estados-nación durante los siglos XVI y XVII), que rompió el aislamiento económico y comercial del feudalismo. Los principios mercantilistas abogaban por la acumulación de metales preciosos como elemento de evaluación de la riqueza del país y por el fomento de la producción agrícola y manufacturera para favorecer las exportaciones y reducir las importaciones, bajo el proteccionismo del estado.

A pesar de que este proteccionismo puede considerarse opuesto a los principios del capitalismo, la identificación de la prosperidad económica con la acumulación de riqueza propia del mercantilismo dio un importante impulso a la consolidación de las estructuras económicas capitalistas.

El capitalismo liberal

Un nuevo avance de gran entidad en la expansión del sistema lo constituyó la revolución industrial. El conjunto de transformaciones industriales y comerciales que tuvieron lugar en Gran Bretaña en la segunda mitad del siglo XVIII y que se expandieron posteriormente por Europa y América, sentó las bases de lo que habría de ser el capitalismo moderno. En esta etapa, en la que el elemento impulsor del desarrollo pasó de la agricultura y el comercio al sector industrial, se gestó también una nueva diferenciación de clases sociales, de la que surgirían la burguesía industrial, las clases medias y el proletariado.

La obra del economista escocés Adam Smith Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, publicada en 1776, conforma el fundamento a partir del cual se desarrollaría el capitalismo, sobre la base de asignar al libre mercado el control espontáneo de los niveles de producción, los precios y la distribución de recursos. El principio ya había sido sintetizado años antes por los economistas fisiócratas franceses en la sentencia “Laissez faire, laissez passer: le monde va de lui même” (“Dejad hacer, dejad pasar: el mundo marcha por sí mismo”).

Junto con la aportación de Smith, la de otros economistas británicos de la llamada escuela clásica, como David Ricardo o John Stuart Mill, asoció el capitalismo a la doctrina liberal. En ella se abogaba en lo económico (pero también en lo político, e incluso en filosófico) por la limitación de los poderes del estado a favor de la libertad individual.

No obstante, este planteamiento quedó limitado al ámbito de la burguesía, por lo que pronto surgieron movimientos de la clase obrera, sometida a duras condiciones de trabajo, que fueron consolidando corrientes opuestas al capitalismo. A ello contribuyeron las tesis del alemán Karl Marx, inspirador del socialismo y creador de la teoría de la plusvalía. Según esta teoría, el trabajador sólo recibía como compensación por su trabajo una remuneración destinada a su subsistencia, en tanto que el resto del valor del trabajo, la plusvalía, quedaba en manos del capitalista.

A lo largo del siglo XIX las premisas del capitalismo liberal se difundieron por los países del ámbito occidental y, a través del colonialismo y el imperialismo, pasaron a los cinco continentes. En esta época surgieron grandes consorcios industriales y financieros y tuvo lugar una primera expansión a nivel global, que se vería truncada tras la crisis subsiguiente a la Primera Guerra Mundial.

Antes del final de esta conflagración, comenzaron a desarrollarse los sistemas económicos socialistas tras el triunfo de la revolución rusa de 1917; la hegemonía financiera pasó de Europa a los Estados Unidos y las primeras revoluciones contra el poder colonial empezaron a gestarse en Asia y África. En ese entorno surgieron grandes limitaciones al libre mercado y a la expansión capitalista. El sistema fue decididamente puesto en cuestión tras la Gran Depresión subsiguiente al crac bursátil de 1929, cuyas gravísimas consecuencias requirieron de la intervención directa y a fondo del estado en uno de los países en los que las leyes del libre mercado eran seguidas más a rajatabla, los Estados Unidos. Así, entre 1933 y 1937, el presidente Franklin D. Roosevelt puso en marcha un conjunto de medidas, conocidas como new deal, que estaban basadas en el intervencionismo estatal.

Después de la Segunda Guerra Mundial el mundo quedó polarizado entre los países occidentales, seguidores de la economía capitalista, recuperada y en expansión, y los de la órbita soviética y china, caracterizados por un sistema de estricta planificación estatal. Sin embargo, tras la quiebra del sistema soviético a principios de la década de 1990, se abrió un nuevo panorama en el que las premisas capitalistas adquirieron un papel de pleno protagonismo mundial.

Capitalismo y globalización

El término globalización define un fenómeno en esencia económico, aunque también político, social y cultural, orientado a la integración de las economías nacionales en un único mercado libre de planteamiento abiertamente capitalista. En este marco, los modos de producción y las transacciones de mercancías y capital quedan encuadrados en un entorno planetario, cada vez más ajeno a la intervención de los gobiernos, sobre la base de la llamada sociedad en red, mediatizada por el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación e Internet.

En la década de 2000, el capitalismo globalizado, que tiene en contra corrientes muy críticas integradas en una amplia diversidad de movimientos antiglobalización (o, más propiamente, de globalización alternativa), ha dado lugar al surgimiento de fenómenos como el mercado financiero global, en el que los inversores pueden operar en cualquier mercado de valores del mundo en tiempo real.

En su contexto se han creado numerosas áreas de libre comercio, de las que son buen ejemplo el Mercado Común del Sur (Mercosur), formado por la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay en 1991 y al que se incorporó Venezuela en 2006; el Tratado del Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés) que desde 1994 reúne en un área de libre comercio a Canadá, los Estados Unidos y México; o el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Planteada como gran zona comercial de escala continental, en la segunda mitad de la década de 2000 esta organización se encontraba en una fase de relativo estancamiento, ante la proliferación de acuerdos bilaterales o regionales como el Tratado de Libre Comercio para Centroamérica y la República Dominicana (CAFTA-RD, según sus siglas en inglés), establecido entre los Estados Unidos, los países centroamericanos (excepto Panamá) y el estado insular antillano, o los diversos acuerdos bilaterales entre la potencia económica del norte y países como Chile, Panamá, Perú o Colombia.

Desde la implantación del capitalismo globalizado se han registrado también importantes situaciones de crisis, como las que, entre 1995 y 2001, afectaron a las economías de México, los países asiáticos más desarrollados o la Argentina, y que los economistas bautizaron, respectivamente, como efectos tequila, dragón y tango, o la quiebra de empresas como la estadounidense Enron, uno de los paradigmas de la llamada Nueva Economía.

Capitalismo: economía y política

Probablemente el capitalismo es el sistema económico que ha dado lugar a una mayor diversidad de posicionamientos y corrientes políticas, tanto a favor como en contra.

Como principal argumento favorable a él se cuenta el hecho, difícilmente contestable, del sostenido crecimiento de los índices productivos en el mundo desde la generalización del sistema a principios del siglo XIX. La consecuencia práctica de ello es la mayor disponibilidad de medios de todo tipo (alimentos, asistencia sanitaria, tecnología, cultura) y la consiguiente mejora de la calidad de vida.

El otro argumento principal a favor de las premisas capitalistas es su capacidad de evolución, sin que se deba recurrir a medios de control externo. La propia dinámica del mercado permite la aplicación de diferentes soluciones, algunas de las cuales siempre han de resultar válidas.

Las críticas más moderadas al capitalismo y el libre mercado propugnan una limitación de su dinámica mediante la intervención estatal en determinadas áreas de interés social (sanidad, educación, protección social), que establezcan el régimen económico conocido como estado del bienestar.

Otras corrientes son, no obstante, más frontalmente opuestas a los principios capitalistas. La principal crítica se basa en que la desigualdad social radica en la esencia de su planteamiento, en tanto que supone la producción de capital por medio de una fuerza de trabajo colectiva, mientras que las riquezas generadas permanecen en un medio privado y limitado.

Extendida al nivel global, esta línea crítica ha derivado modernamente en el desarrollo de múltiples movimientos antiglobalización o, lo que es lo mismo, anticapitalismo globalizado, que propugnan formas alternativas de desarrollo ante el creciente distanciamiento entre el nivel económico de los países industrializados y los de menor nivel de crecimiento.

Esquema del Capitalismo

Sistema económico que se implanta en Europa durante el siglo XVIII y más tarde en las economías de casi todo el planeta, como elemento generador de riqueza.

Se fundamenta sobre la producción y comercialización de bienes y servicios a partir de la propiedad privada de los medios de producción, sobre la base de la plena libertad de mercado, sin la intervención del estado como elemento regulador.