Crédito

Del latín creditum, “deuda”.

En el contexto económico, el crédito es cualquier transacción en la que una parte, el acreedor o prestamista, hace entrega a otra, el deudor o prestatario, de dinero, valores, bienes o servicios sobre la base del compromiso que asume este último de restituir lo prestado en un plazo preestablecido de tiempo y con cargo de intereses a favor del prestamista.

Modernamente, los créditos se centran más en el ámbito dinerario que en el de bienes o servicios de otra naturaleza, ya que el crédito en especie no se practica desde que las transacciones de esta naturaleza cayeron en desuso. En la actualidad, el crédito es desarrollado por instituciones públicas o privadas para financiar gastos de consumo, actividades agrícolas, industriales o de servicios, y operaciones financieras o proyectos de la administración pública.

Crédito e interés

El interés es la remuneración que el acreedor recibe como compensación por el tiempo durante el cual se ve privado de la disponibilidad de la cantidad prestada. Corresponde también a la cobertura del riesgo de que el deudor no realice en el plazo determinado el reingreso de la cantidad cedida.

Desde una perspectiva histórica, el cobro de intereses por los préstamos tuvo en la antigüedad y el la edad media una connotación éticamente condenable. Así, tanto Aristóteles como Santo Tomás de Aquino consideraron el cobro de intereses como medio inmoral de obtención de riqueza. De hecho uno de los elementos generadores de antisemitismo se relaciona con la tradicional dedicación de los judíos medievales a la concesión de préstamos con interés.

Sin embargo, la regularización del mercado bancario y los primeros pasos del incipiente capitalismo dieron lugar a una nueva interpretación. La necesidad de crecientes volúmenes de capital para financiar la producción, unido a la desaparición paulatina de personas que a título individual quisieran asumir el riesgo crediticio, otorgaron al préstamo con interés un papel preeminente en la actividad económica.

Desde el siglo XVI se sucedieron, pues, las interpretaciones de los economistas sobre las transacciones de dinero prestado y el precio al que tales transacciones se producían, es decir, el tipo de interés. En términos generales, considerando que en la actividad crediticia los dos elementos básicos son el tiempo y el riesgo, puede decirse que el tipo de interés corresponde a la valoración conjunta del coste de ambos.

El tipo de interés aumenta cuanto mayor es el plazo de vencimiento de la deuda, y disminuye en razón de las garantías sobre las cuales el deudor fundamenta la futura devolución de la cantidad recibida y de los intereses correspondientes. La actividad bancaria redujo sustancialmente los tipos de interés a lo largo de la evolución del crédito, dado que el volumen de fondos del que disponen los bancos es un elemento de importante disminución del riesgo crediticio.

En las economías modernas, la tendencia a la concentración de capital bancario a través de fusiones orientadas a la creación de bancos de grandes dimensiones y funciones múltiples marca también una línea descendente de los tipos de interés. No obstante, las autoridades económicas de los países utilizan la fijación de dichos tipos de interés como elemento regulador de varios índices económicos y, fundamentalmente, de la inflación.

Diferenciación de los tipos de crédito

En su evolución histórica se han distinguido numerosas categorías en el ámbito del crédito. La primera es la que diferencia el crédito directo, concedido por el acreedor al beneficiario sin intervención de ningún intermediario, y el indirecto, en el que quien lo concede ha obtenido sus fondos a partir de las aportaciones de otros y distribuye dichos fondos para obtener rendimiento de ellos. La actividad de los bancos y demás entidades financieras se centra, pues, en el marco del crédito indirecto.

Otra distinción es la del crédito de consumo o consuntivo, destinado a la adquisición de bienes o servicios por parte del deudor (que en este caso es el consumidor de lo adquirido a través del crédito) y el crédito productivo. Éste es, en cambio, aquel cuyo monto se destina a la obtención de bienes de producción y de gestión empresarial.

Por otra parte, los créditos también se diferencian en virtud de los sectores económicos dentro de los cuales se conceden. Ello ha determinado la constitución de entidades dedicadas específicamente al crédito agrícola, industrial, cooperativo, hipotecario, etc.

Por cuanto respecta a la extensión del periodo de vencimiento, los créditos son a corto, medio y largo plazo. La distinción es relativa y variable según los países, aunque en términos generales puede decirse que son créditos a corto plazo aquellos cuyo término de vencimiento no supera el año; a medio, los que el vencimiento se sitúa entre uno y cinco años, y a largo los que superan este último plazo.

Los instrumentos mercantiles más habituales en los de corto plazo, concedidos generalmente para la adquisición de bienes de consumo, son los créditos en cuenta corriente, por los que el deudor sólo abona intereses sobre el saldo en su cuenta, letras de cambio negociables con terceros y tarjetas de crédito. Con éstas, el prestatario puede adquirir bienes y servicios en establecimientos acogidos al sistema de la entidad emisora, cuyo costo será cargado en la cuenta del usuario de forma periódica, con un margen de crédito. En cambio, los medios crediticios en los préstamos a largo plazo, destinados a inversiones de capital, suelen ser bonos y valores.

Cabe mencionar también las entidades de financiación dedicadas al denominado crédito rápido, modalidad en auge en algunos países durante los últimos años, y que basan su actividad en la concesión de pequeños créditos a interés superior al habitual, ofrecidos sobre la base del argumento de su concesión inmediata.

Otra modalidad fomentada en tiempos recientes es el microcrédito, préstamo solidario sin garantía de pequeñas cantidades destinadas a personas que no tienen acceso al crédito bancario convencional y que se enmarca en los planes de desarrollo sostenible para los entornos económicos más desfavorecidos. Su promotor, el bangladeshí Mohamed Yunus, fue galardonado en 2006 con el Premio Nobel de la paz.