Economía

Sede del Banco Central Europeo (BCE) en Francfort, Alemania.

Del griego oikonomía, “administración”.

La economía engloba el conjunto de conceptos relacionados con la actividad humana destinada a satisfacer las necesidades personales o comunitarias, considerando que el propio entorno del ser humano cuenta por definición con un volumen de recursos limitado.

Se trata, pues, de una noción inherente a la propia condición humana desde sus más remotos orígenes. No obstante, su planteamiento como ciencia social sólo comenzó a concretarse a partir del siglo XVIII, cuando se plateó como rama del conocimiento dedicada al estudio de la creación y distribución de la riqueza, los factores que rigen la evolución de los precios, las leyes del mercado y las diferentes fuerzas que condicionan la renta, el nivel de empleo y demás variables comprendidas dentro de su ámbito.

El campo de acción de la economía

Aunque a lo largo de su historia han proliferado las definiciones tendentes a delimitar el objeto de estudio de la ciencia económica, probablemente un planteamiento de sentido amplio es el que la reconoce como medio de administrar los recursos escasos, en contraposición a las demandas del ser humano, que son en su globalidad ilimitadas. En tal sentido, la economía tiene por objeto la proyección, producción y distribución de los bienes y servicios que satisfagan las necesidades de los integrantes de la sociedad.

En economía bienes son todo aquello que resulta apto para la satisfacción de una necesidad y que se encuentra disponible para el cumplimiento de tal función. En estos términos, los servicios son también bienes, aunque caracterizados por no presentar carácter material, por lo que también se designan como bienes inmateriales.

La diversificación de los tipos de bienes es paralela a la de posibles necesidades. En este sentido pueden distinguirse, entre otros, los siguientes tipos de bienes, discriminados en virtud de distintos criterios económicos:

1. Bienes de consumo. Son los destinados a la satisfacción directa de una necesidad; por ejemplo, un alimento, un vestido o un medicamento.

2. Bienes de producción. Sirven para crear los bienes de consumo y pueden ser, por ejemplo, una herramienta, una máquina o una tela.

3. Bienes complementarios. Satisfacen de manera conjunta una misma necesidad; lo son, así, los vehículos y la gasolina.

4. Bienes sustitutivos. Se trata de aquellos que satisfacen una misma necesidad, como lo serían, por ejemplo, varias bebidas refrescantes de diferentes marcas.

5. Bienes independientes. Son aquellos que cubren necesidades diferentes, como el aceite y el café.

6. Bienes muebles. Mercancías perdurables que pueden ser trasladadas de un lugar a otro sin que se vea afectada su naturaleza. Los son, por ejemplo, la maquinaria agrícola, los automóviles o el material de oficina.

7. Bienes inmuebles. Son aquellos que no pueden ser trasladados sin alteración de su forma o su esencia. Entre ellos se cuentan los terrenos y las viviendas.

La interrelación de la economía con otras áreas del conocimiento

Para que se cumplan los objetivos de la planificación económica, se han de desarrollar las teorías, modelos, leyes, mecanismos y sistemas que permitan establecer las prioridades pertinentes para que los agentes económicos tomen las decisiones más acordes con la cobertura de las mencionadas necesidades.

En el desarrollo de tales teorías, modelos, etc., la economía se muestra tal vez como la ciencia social por antonomasia, en tanto que afecta a los más diversos campos del saber, guardando estrecha correlación con muchos de ellos.

La economía basa buena parte de sus modos de acción en criterios cuantitativos. Por ello, la ciencia económica tiene importantes vinculaciones con las matemáticas y la estadística, a partir de las cuales se desarrolla de hecho una de sus ramas, la econometría.

También es destacable su estrecha relación con la tecnología, como lo demuestra el hecho de que la radical evolución experimentada en los últimos 200 años ha generado un no menos radical replanteamiento de las relaciones económicas. De hecho, la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la telecomunicación (TIC) determinó la aparición en la transición al siglo XXI de un nuevo modelo, al que se designó genéricamente como Nueva Economía.

El conocimiento económico cuenta también con importantes condicionantes de índole psicológica y de razonamiento lógico. La psicología se asocia con el análisis de las decisiones personales y colectivas que los seres humanos adoptan en el campo económico (preferencia al elegir uno u otro producto, tendencia a la demanda de ciertos bienes, etc.), en tanto que la lógica enmarca el entorno de razonamiento empírico propio de toda ciencia y aplicable a la economía, en su calidad de ciencia social.

Como tal, la economía tiene repercusiones de primera magnitud en campos como la sociología, la política y la ética. Este último aspecto es precisamente el que ha determinado el surgimiento de doctrinas económicas contrapuestas, que adopten perspectivas morales diferentes para enfocar problemas y cuestiones como la desigualdad social o el acaparamiento de riqueza en sectores minoritarios de la sociedad.

Aunque los enlaces de la economía con el resto del conocimiento podrían extenderse indefinidamente, cabe reseñar, por último, el importante valor de los criterios económicos en la historia del ser humano sobre el planeta y en el derecho, dado que leyes como la que reconoce la propiedad privada son pilares del ordenamiento legal de los países, y la actividad económica ocupa ciertamente un significativo porcentaje cuantitativo de dichos ordenamientos.

Las ramas de la economía

La multiplicidad de enfoques inherentes a la propia actividad económica hace que las distintas ramas que la componen presenten diversas orientaciones.

Así, como ya se ha apuntado, la aplicación de medios matemáticos y estadísticos a las teorías económicas forma el campo de estudio de la econometría.

Por otra parte, un importante criterio de diferenciación, sólo consolidado a partir de las aportaciones de los economistas de las primeras décadas del siglo XX, es el que distingue microeconomía y macroeconomía. La primera tiene su objeto de estudio básico en las unidades elementales de decisión o, lo que es lo mismo, en las empresas y los consumidores, tanto a nivel individual como familiar. Al centrarse precisamente en el consumo, los trabajos microeconómicos versan, entre otras cosas, sobre teoría de los precios, estimaciones de oferta y demanda, teoría de la producción y de los costes, etc.

Por cuanto se refiere a la macroeconomía, se ocupa en esencia del comportamiento y la evolución de las variables económicas de rango superior, como la renta nacional, los índices como el Producto Nacional Bruto (PNB) o los procesos a través de los cuales los flujos de dinero, el ahorro y la inversión condicionan los niveles de empleo y producción o la evolución de la inflación.

La distinción se plantea más en el campo procedimental y de estudio teórico, ya que ambas áreas están indefectiblemente ligadas: una variación en la tasa de inflación, analizada desde el punto de vista de la macroeconomía, determina modificaciones de precios que, sin embargo, repercuten de manera directa en las pautas de consumo, analizadas en microeconomía.

Otras ramas del conocimiento económico que presentan un amplio campo de desarrollo son la administración de empresas, en la que quedan incluidos la planificación, gestión y control de las entidades que actúan como agentes de la actividad económica, y la economía financiera, centrada en la gestión de caudales, privados o públicos. Dentro de esta última quedan a su vez encuadradas diferentes secciones subordinadas, como las finanzas corporativas, las finanzas públicas o hacienda, las finanzas bancarias o las de los mercados de valores.

Cabe destacar asimismo la importancia de la historia de la economía y el pensamiento económico, a través de cuyo conocimiento se puede obtener una perspectiva evolutiva de los diferentes hechos y doctrinas económicos que han predominado en cada época.

Factores y entidades económicas

Las doctrinas económicas asientan sus principios en la interpretación de las numerosas variables que se diferencian en el marco de los factores y las entidades económicas de las que dependen la producción de bienes.

Los tres factores de producción básicos, según los principios económicos tradicionales, son trabajo, tierra y capital:

1. Trabajo. Este factor comprende el tiempo y el esfuerzo que una persona utiliza en el curso de un proceso de producción de un determinado bien.

2. Tierra. Se trata de un factor productivo que comprende los recursos naturales (materias primas), incluidos los que pueden obtenerse del medio acuático o del aire.

3. Capital. En su significado de factor de producción engloba el conjunto de bienes que se emplean para producir otros bienes, a su vez susceptibles de ser consumidos o dedicados a la producción de nuevos bienes. Está constituido por inmuebles, instalaciones, equipamientos tecnológicos y maquinaria.

Subordinados a estos factores se diferencian otros, tales como salarios, beneficios empresariales, etc., cuyo número va aumentando en paralelo a la complejidad de los procesos tecnológicos implicados en la producción de un determinado bien.

Por cuanto se refiere a las entidades en las que se fundamenta el desarrollo de la actividad económica, son en esencia organizaciones de entidad jurídica que se constituyen para producir bienes y servicios, con el objetivo de obtener beneficios. Las empresas privadas centran este beneficio en el ámbito económico, en tanto que las empresas públicas y organizaciones sin ánimo de lucro lo hacen en el plano social.

Son varios los criterios que permiten discriminar los distintos tipos de empresas. Entre los más significativos cabe reseñar a los que a continuación se enumeran:

1. Por área de actividad. Se distinguen las empresas industriales, que elaboran productos; las comerciales, que los distribuyen, y las de servicio público, que se dedican a actividades que aportan beneficio social a la comunidad.

2. Por sector productivo. Entre las numerosas distinciones de la actividad económica, la más generalizada, introducida por el australiano Colin Clark en la década de 1930, es la que determina la existencia de tres sectores: el primario comprende la agricultura, la ganadería, la explotación forestal, la pesca y la minería; el secundario, la industria y los procesos de transformación, y el terciario, las actividades no vinculadas a la producción de bienes materiales, es decir, los servicios de transporte, administración, educación, cultura, banca, comercio, turismo, etc.

3. Por el origen del capital. Se diferencian las entidades públicas, que son propiedad del estado; las privadas, y las mixtas, que tienen participación común estatal y privada.

4. Por su forma legal de constitución. Las empresas pueden ser individuales o societarias. Las primeras son administradas por una sola persona, jurídicamente responsable a todos los efectos de ellas. Suelen ser pequeños negocios personales o familiares.

Los ordenamientos laborales de algunos países también reconocen como agente económico la figura del trabajador por cuenta propia o autónomo, independientemente de que sea titular de una empresa individual o no.

Entre las empresas societarias se distinguen, entre otras, las colectivas, con responsabilidad ilimitada de los socios, las anónimas y las limitadas, con responsabilidad de los socios ajustada al capital que hayan aportado (las aportaciones suelen ser menores en las segundas, en las que hay limitación para la cesión de participaciones) o las comanditarias, en las que algunos socios tienen responsabilidad plena y otros limitada.

Las escuelas económicas

Los principios vigentes en la antigüedad y la edad media relacionados con la producción de bienes quedaron limitados a las exposiciones de filósofos y teólogos, por lo que no pueden considerarse como escuelas económicas, sino más bien como tendencias que condicionaban las relaciones económicas y comerciales.

A partir de la edad moderna se desarrollaron diversas escuelas y teorías, cuya sucesión conforma los pilares de la historia del pensamiento económico. Entre las más significativas cabe reseñar las siguientes:

1. Mercantilismo. Corriente vigente durante la expansión de los estados-nación absolutistas entre los siglos XVI y XVIII que sostenía que la base de la riqueza nacional la constituía el predominio de las exportaciones sobre las importaciones y la acumulación de metales preciosos, como oro y plata. Se aplicó durante la gestación de los imperios coloniales y uno de sus más relevantes exponentes fue el francés Jean-Baptiste Colbert.

2. Fisiocracia. Doctrina que asignaba el principal origen de la riqueza a la propiedad y la explotación de la tierra, y que subordinaba la importancia de la industria a la de la agricultura. Nació como reacción al mercantilismo y su más destacado representante fue el francés François Quesnay.

3. Escuela clásica. Teoría económica representada, entre otros, por los británicos Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill. Abogó por la libertad de mercado y sentó las bases del capitalismo y el liberalismo. Una de sus principales aportaciones fue la teoría del valor-trabajo, en función de la cual cualquier tipo de trabajo genera un excedente de riqueza, el capital, susceptible de ser reinvertido.

4. Marxismo. Doctrina económica cuyas perspectivas políticas darían lugar a movimientos ideológicos de trascendental importancia, como el socialismo y el comunismo. En lo estrictamente económico, una de sus grandes aportaciones fue la teoría de la plusvalía, considerada como el valor monetario que el trabajador incorpora a los bienes con su actividad y que, sin compensación, queda en manos del capitalista, propietario de los medios de producción.

5. Marginalismo. Tendencia surgida en la transición del siglo XIX al XX que matizó la teoría clásica liberal, sustituyendo la noción de valor-trabajo, por la de utilidad marginal. Según ella, el valor de un bien depende sobre todo de la utilidad del bien producido y no del trabajo incorporado a él. Entre sus exponentes se cuentan el austriaco Karl Menger, el italiano Vilfredo Pareto y el francés Leon Walras.

6. Keynesianismo. Doctrina fundamentada en los estudios del británico John Maynard Keynes, que abogaba por la intervención del estado para favorecer el crecimiento económico y moderar los ciclos de recesión y de aumento del desempleo que se producían en los desajustes del sistema liberal capitalista.

7. Poskeynesianismo. Corriente económica caracterizada por la generalización de las técnicas econométricas y la valoración de la planificación económica como elemento regulador de los desequilibrios entre países pobres y países ricos. Entre sus representantes más significados se cuentan el estadounidense de origen ruso Wassily Leontief y la británica Joan Robinson.

8. Neoliberalismo. Corriente desarrollada en las últimas décadas del siglo XX favorable a la liberalización y ausencia de regulación de los mercados, tanto de bienes como de trabajo, y la reducción al mínimo de la intervención del estado en la economía. Con fuerte componente político, tiene antecedentes en escuelas como la liberal austriaca de Friedrich Hayek o la monetarista de Chicago, de Milton Friedman.

9. Nueva economía. Tendencia desarrollada en los inicios del siglo XXI como derivación de las orientaciones neoliberales y basada en el avance de las nuevas tecnologías de la información y la telecomunicación, en cuyo ámbito operan los agentes económicos dentro del marco de la globalización de los mercados.