Empresa

Panorámica de Disneyland, en París, instalaciones de la empresa estadounidense Disney Co.

Del latín in prehensa, “tomar”, “prender”.

En el ámbito económico moderno, la empresa, corporación o sociedad, es la unidad fundamental de producción destinada a la satisfacción de las necesidades de la comunidad y el mercado. Desde el punto de vista de sus objetivos, cabe distinguir en una primera diferenciación (por otra parte, de capital importancia), entre las empresas privadas, cuya razón de ser fundamental es la consecución de beneficios, y la pública o estatal, en cuyo marco de actuación priman los intereses y necesidades sociales, sin detrimento de que se valore la obtención de beneficios como síntoma de la correcta gestión financiera de la propia organización, aunque siempre en un plano secundario.

Tipos de empresa

Los criterios de clasificación y tipificación de las empresas varían dentro de amplios márgenes y quedan encuadrados en diferentes áreas. Así, la mencionada distinción de empresas privadas y públicas también contempla la existencia de empresas mixtas, en las que el capital está en parte en manos de la administración y en parte en manos privadas.

Por otro lado, en función de su naturaleza jurídica se pueden distinguir las empresas individuales y las societarias, también llamadas genéricamente sociedades. Aunque según los ordenamientos legales de los diversos países pueden existir diferencias de matiz, es posible a grandes rasgos determinar que las individuales son las que pertenecen a una sola persona, que garantiza con todos sus bienes la viabilidad de la propia empresa y para la que la responsabilidad no queda limitada por factor alguno. En general, este tipo de empresas ha correspondido tradicionalmente a los pequeños negocios de gestión personal o familiar. Por su parte las sociedades, o empresas societarias, son las integradas por varias personas, los socios, que pueden vincularse para constituir diferentes tipos de entidades, como las sociedades colectivas, anónimas, limitadas y de otros tipos.

La sociedad colectiva es aquella en la que los socios responden con todo su patrimonio de su gestión y presenta la característica de que en ella los participantes no pueden ceder de forma libre a otros esa participación en el capital empresarial.

Las sociedades anónimas son aquellas en las que la responsabilidad de los socios queda limitada al volumen de capital que hayan aportado. Dicho capital está dividido en participaciones iguales, a las que se denomina acciones, y que pueden ser vendidas a otros socios o a otras personas o entidades, a través de los mercados financieros. La sociedad anónima constituye el elemento de mayor importancia, tanto desde el punto de vista de su nivel de actividad económica como en lo que respecta a los flujos de capital que en su marco se establecen por medio de los mercados de valores.

A caballo entre las colectivas y las anónimas se sitúan otros modelos jurídicos de empresas societarias. Así, en las sociedades en comandita parte de los socios tienen responsabilidad plena, como en las colectivas, y parte, los llamados socios comanditarios, ven limitados tanto su responsabilidad como su interés. Por su parte, las sociedades de responsabilidad limitada, también conocidas genéricamente como sociedades limitadas, son similares a las anónimas, aunque en general con aportaciones de capital de menor cuantía y con ciertas limitaciones a la libre transmisión de participaciones, sobre todo en lo que respecta a la cesión de tales participaciones a personas o entidades que no forman parte de la sociedad.

Un tipo especial de empresa lo constituye la cooperativa, entidad formada por una asociación de personas que se unen de manera voluntaria para constituir una empresa de propiedad y gestión colectiva, en la que cada cooperativista cuenta con un voto y en la que las decisiones se adoptan por votación. En función de su área de actividad se distinguen diversos tipos de cooperativas, como las de consumo, las agrarias, las de producción de bienes, las de explotación comunitaria de la tierra o las de vivienda.

Otro factor de diferenciación entre las empresas es el de sus dimensiones. En este contexto, el elemento distintivo puede ser el volumen de su capital o de sus ventas, el nivel de sus beneficios o el del número de empleados con el que cuenta. Este último es el indicador más genéricamente utilizado. Aunque los criterios empleados en los distintos países para clasificar las sociedades son distintos, en general se puede hablar de microempresas, con un número aproximado de trabajadores inferior a diez, las pequeñas y medianas empresas, con un número de asalariados comprendido respectivamente entre 10 y 50 para las primeras y entre 50 y unas 200 o 250 para las medianas, y las grandes empresas, con una cifra superior de trabajadores.

En función de cuál sea su área geográfica de acción, se distinguen también las empresas locales, regionales, nacionales y multinacionales, siendo estas últimas las que operan en varios países, con independencia de que la sociedad matriz sea de implantación nacional.

Por último, las empresas se diferencian por el sector económico en el que desarrollan su actividad, sea el primario (empresas agropecuarias, forestales), secundario o industrial (transformadoras, constructoras, energéticas) y terciario o de servicios (comerciales, financieras, de transportes, etc.).

La moderna economía de mercado fomenta la formación de consorcios empresariales a través de diferentes cauces. En este sentido son dignos de mención en el ámbito de la concentración empresarial el holding, en el que un grupo financiero toma el control de varias sociedades a través de la compra de sus acciones; el trust, en el que las propias entidades se ponen de acuerdo para la creación de un consorcio financiero que regule su actividad, y el cartel o cártel, en el que un conjunto de empresas se unen por medio de acuerdos para evitar la competencia y someter a control la producción y los precios en un determinado sector productivo, aun manteniendo su independencia.

Los ordenamientos legales actuales tienden a frenar la actividad de los carteles en lo que respecta a limitación de la producción, fijación del precios o, en general, desarrollo de actividades monopolísticas, si bien este comportamiento se da en entidades supranacionales como, por ejemplo, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), cuyas decisiones condicionan de forma tajante la cotización mundial del crudo.

Se da la singular circunstancia de que el término cartel ha pasado también a designar en algunos países, como Colombia y México, a las organizaciones delictivas que operan a nivel transnacional y específicamente a las dedicadas al narcotráfico.

Elementos de la empresa y gestión empresarial

Las empresas cuentan como elemento esencial de funcionamiento con los activos, es decir, el conjunto de recursos que le permiten actuar en el proceso de producción. Éstos son de diferentes tipos: recursos financieros (como el capital social), materiales (como inmuebles, instalaciones, maquinaria y equipamiento) y humanos (los trabajadores).

Por otra parte, también se han de considerar como elementos constitutivos de la empresa los procesos de organización, coordinación y control, que forman en esencia la base de la gestión empresarial. A este respecto cabe citar, entre las muchas áreas que la componen, las líneas de acción de dirección y planificación estratégica, gestión de recursos humanos, finanzas, administración y contabilidad, actividad comercial y promocional (marketing), o asesoría y asistencia técnica, especialmente dirigida en la empresa moderna hacia el área de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), con secciones específicas como la de investigación, desarrollo e innovación (I+D). Cada uno de estos campos de actividad suele corresponder con uno de los diferentes departamentos que conforman el conjunto del organigrama empresarial.

La empresa virtual

Un fenómeno propio del siglo XXI en el ámbito empresarial es la aparición del concepto de empresa virtual, también conocida como modular, que generalmente opera en el ámbito de las redes globales de información y especialmente de Internet, y que muchas veces está conformada por varias sociedades unidas para fines específicos o para cubrir determinadas áreas de mercado, a partir de los conocimientos especializados de cada una de ellas.

La empresa virtual no se relaciona con un sector específico de la actividad económica, ya que puede haber corporaciones de este tipo en sectores tan diversos como las nuevas tecnologías, la comercialización de mercancías de diversa índole, la automoción, el ocio y el entretenimiento, etc., sino más bien con la estructuración y funcionamiento de la entidad.

El modelo de empresa virtual tiene su vértice en un gestor de información que maneja todo el conjunto de datos relativos a la actividad de la empresa (data warehouse), que aporta soluciones informatizadas en lo que a la toma de decisiones se refiere. A partir de este sistema gestor se establece toda una red, coordinada y completamente interactiva, que ofrece la posibilidad de acceder en tiempo real a la gestión financiera, logística o comercial, y de que oficinas y puestos de trabajo situados en diferentes localizaciones actúen de forma plenamente integrada y coordinada, a través de redes de computadoras.