Ganadería

La ganadería es una de las más importantes actividades económicas.

De “ganar”, y éste del germánico waidanjan, “cosechar”.

La ganadería engloba el conjunto de técnicas, procedimientos y actividades relacionados con la cría de animales para su aprovechamiento como fuente de carne, leche y sus derivados, pieles, cuero, lana y otros productos y usos.

Principales especies ganaderas

Tradicionalmente la explotación ganadera se ha realizado desde tiempos inmemoriales con especies animales, previamente domesticadas. No obstante, en época moderna se dan casos de explotación ganadera de especies salvajes, como visones, zorros o martas, y otras asociadas a una imagen muy poco afín a la de los bucólicos pastizales de vacas y ovejas, como la de las granjas de cocodrilos. Todos ellos han proliferado en el marco de la industria de la peletería y, más modernamente, de la alimentación.

Sin embargo, las especies ganaderas por antonomasia, que definen subsectores específicos dentro de esta actividad, son las vacas, toros y bueyes, que conforman el ganado bovino; las ovejas, el ovino; las cabras, el caprino; los cerdos, el porcino; y el caballo, el equino o caballar. Otro subsector ganadero básico es el que comprende aves de corral, como gallinas, útiles tanto por su carne como por sus huevos, y otras de aplicación predominantemente cárnica, como pavos, patos, perdices, codornices y faisanes. También son importantes las explotaciones de cría de conejos.

Por otra parte se dan casos de cría de especies de ámbito local, como la llama, la alpaca y la vicuña, en los países del cordón andino, el reno en las regiones más septentrionales de Escandinavia, o el cebú y el búfalo de agua, en los países del sudeste asiático.

Una forma singular de ganadería es la cría de abejas, o apicultura, tradicionalmente asociada a la producción de cera y miel, y que en tiempos recientes se ha vinculado también al ámbito sanitario, ante el aumento de la demanda de productos como la jalea real o el propóleos, sustancias producidas en las colmenas y que se emplean, respectivamente, como suplemento nutricional y como antibiótico y analgésico.

Cuantitativamente menos significativas son las granjas de especies como las de explotación peletera antes mencionadas y otras desarrolladas en época reciente, como las de canguros y avestruces, cuya carne comenzó a ser comercializada en varios países en la década de 2000.

La variedad de especies que se crían en el marco de la ganadería hace que sean muy diversos también los productos que de ellas se obtienen. Carne, leche, pieles, huevos o lana son los más habituales, si bien, en casos como el de la cría de caballos (y la cada vez más minoritaria de mulas y asnos), el aprovechamiento se centra en finalidades como la monta y la fuerza de tiro, uso para el que también se han empleado bueyes, cebúes y búfalos, generalmente en países en vías de desarrollo.

Cabe reseñar, por otra parte, áreas específicas de cría de especies destinadas a ámbitos concretos, como la cría de caballos de pura sangre, en el entorno de la hípica, o la ganadería de toros de lidia, que constituyen el elemento central de la tauromaquia y que se localiza en España, Portugal y algunos países latinoamericanos como México, Colombia y Perú.

Modalidades y ámbitos de la explotación ganadera

El principal criterio de diferenciación de modalidades de ganadería es el que distingue la extensiva de la intensiva. La primera se practica en amplias superficies de terreno de pasto, en las que los animales se desplazan sin estrechas limitaciones espaciales, bajo la supervisión de pastores y vaqueros. Por su parte, la ganadería intensiva es la que se practica en espacios cerrados en los que se mantiene un número generalmente elevado de animales.

El régimen habitual en las explotaciones intensivas es el de estabulación, es decir, la estancia en establos o corrales, mientras que en la ganadería extensiva los animales se ubican en un entorno natural, muchas veces modificado por el hombre, al que se suele denominar agrosistema, y que está constituido por los pastos y tierras de pastoreo en general. Buena parte de las explotaciones se rigen en un régimen intermedio, en el que los animales pasan parte del tiempo estabulados y parte al aire libre.

La ganadería intensiva exclusiva es propia de casos como el de las naves de cría avícola destinada a la producción de huevos o carne, en la que las gallinas y otras especies se mantienen en baterías donde las condiciones de temperatura, luz o disponibilidad de alimento son reguladas por medios tecnológicos, en aras de la consecución de un máximo rendimiento.

Independientemente de la pertenencia a una u otra modalidad, la producción ganadera ha de contar con diversos enfoques, tanto técnicos como económicos.

Alimentación. Resultan de capital importancia los aspectos relacionados con la alimentación. La base de la alimentación natural en régimen extensivo la constituyen las múltiples plantas herbáceas que conforman la vegetación de los pastizales. No obstante, los ganaderos también recurren a otras plantas forrajeras, como cereales de distintos tipos, alfalfa, algarrobas, heno (formado por hierba segada y desecada) o tubérculos como la remolacha.

Asimismo, se emplean sustancias como las harinas de pescado o las tortas de soja o cacahuate, que aportan suplementos vitamínicos y sobre todo minerales a la alimentación del ganado. El equilibrio en los principios nutricionales constituye la base para la elaboración de los piensos compuestos, mezclas homogéneas de sustancias nutritivas a las que se incorporan suplementos minerales y de otra naturaleza, que pueden ser completos, garantizando la cobertura de las necesidades nutricionales de los animales, o complementarios, cuando sirven para completar los requerimientos de la alimentación natural.

Veterinaria. Junto a los factores alimenticios, en el desarrollo de la actividad agrícola también es preeminente el papel de la veterinaria, que se encarga de prestar asistencia sanitaria y controlar y prevenir posibles epidemias en las poblaciones animales, así como de la preservación de las condiciones higiénicas en granjas, establos, mataderos y demás instalaciones. En este contexto resultan también esenciales técnicas de reproducción como la inseminación artificial o la estimulación hormonal.

Economía y zootecnia. Cabe por último reseñar la importancia de los planteamientos económicos referidos a costes de instalaciones, idoneidad de las mismas (dimensiones, condiciones de iluminación, temperatura, limpieza, densidad de animales estabulados, etc.), cálculo de producción y rendimiento de las explotaciones y contactos que optimicen los beneficios tras la comercialización de los animales o de los productos derivados de su cría.

A la disciplina científica que aúna los conocimientos técnicos y económicos de la explotación de los animales domésticos se la denomina zootecnia.

Evolución histórica de la ganadería

La domesticación de las primeras especies animales en el neolítico, entre nueve y siete mil años antes de la era cristiana, marcó el inicio de la actividad ganadera. Vacas, ovejas y cabras aseguraron a las primeras comunidades humanas con asentamiento estable la disponibilidad de carne, leche o pieles. Algunos servían además como fuerza de carga o de tiro en las incipientes tareas agrícolas, a las que también contribuían proporcionando el estiércol que servía de abono a las tierras cultivadas.

La firme asociación entre ganadería y agricultura hizo que, desde tiempos inmemoriales, se constituyera un área unificada que perduraría a lo largo de la historia económica: el sector agropecuario. De hecho, desde la antigüedad, el establecimiento de granjas aunó actividades agrícolas y ganaderas.

Inicialmente, los primitivos pastores seguían a las manadas en sus desplazamientos nómadas, y de este planteamiento itinerante surgieron fenómenos como la trashumancia, en la que los rebaños se mantienen en zonas de clima templado durante la estación fría y se desplazan en la estación calida a áreas más frescas, en las que los pastos pueden proporcionar más alimento al ganado. Esta modalidad, que presenta variantes a escala local, como el uso de prados de montaña en verano y de tierras bajas en invierno, adquirió notable implantación en la edad media.

La industrialización iniciada en el siglo XVIII conllevó la introducción de avances técnicos que sentaron las bases de la ganadería intensiva y el consiguiente incremento de las producciones y rendimientos ganaderos. En el continente americano, la buena adaptación de especies y razas procedentes de Europa hizo que algunos países como los Estados Unidos, la Argentina y Brasil se constituyeran en grandes potencias ganaderas, sobre todo en el sector bovino y ovino, aunque también en el porcino o el caballar. Otro tanto sucedería más tarde, sobre todo en la producción de ovejas, en Australia y Nueva Zelanda.

En los países industrializados, la moderna ganadería incorpora procesos de tecnología avanzada, entre los que cabe citar ejemplos como los sistemas de ordeño automatizados, que controlan el proceso de obtención de leche en todos sus detalles para optimizar la producción, o los programas de gestión integrada, que regulan a través de redes informatizadas los distintos aspectos de la producción.

Sin embargo, en la primera década del siglo XXI aún son muchos los países subdesarrollados en los que el régimen de explotación ganadera evoca los empleados en la antigüedad y, en consecuencia, supone un grave impedimento para su crecimiento económico y para la lucha contra el hambre de sus pobladores.