Mercado

Mercado tradicional.

Del latín mercatus.

El término “mercado”, derivado del latín mercare, comprar, designó en origen el lugar en el que se realizaban las transacciones comerciales de mercancías en la plaza pública, significado que, por otra parte, aún se mantiene. No obstante, a lo largo de su evolución la palabra pasó a referirse a un espacio económico más amplio, que comprende las contrataciones establecidas entre los responsables de la producción, los de la comercialización y los consumidores, no ya en un plano local, sino a escala regional, nacional o internacional.

Conviene puntualizar que la noción presenta una variante importante: si en el ámbito económico el mercado comprende al conjunto de productores, vendedores intermediarios y compradores, en el contexto de la mercadotecnia o marketing el mercado está constituido sólo por los potenciales compradores, en tanto que los productores y vendedores quedan englobados dentro de la industria. En tales circunstancias, se dice de un producto que tiene o no mercado en razón de su mayor o menor facilidad para ser vendido.

Aproximación histórica

Centrando el concepto en su dimensión económica, en las civilizaciones de la antigüedad se regularizaron las ferias y mercados en los que se desarrollaba una creciente actividad comercial. Estos centros pasaron de ser ocasionales o periódicos, a conformarse en núcleos permanentes de intercambio comercial. En las ciudades griegas y romanas, los mercados, generalmente instalados determinados días de la semana en la plaza central, ágora o foro, pasaron a situarse en áreas periféricas cuando adquirieron su condición de fijos. Se establecieron asimismo mecanismos y cargos destinados al control de las pesas y medidas, el orden de las transacciones y la recaudación de impuestos.

En el entorno de estancamiento comercial medieval destacó la actividad de los núcleos urbanos de la cultura islámica, concentrados en torno a la mezquita y al zoco, mercado constituido por un entramado de pequeñas calles que daban acceso a un espacio central y que se constituyó en uno de los rasgos de identidad de la pujante cultura del islam de la época.

La proliferación de las relaciones comerciales durante el Renacimiento y la activación del comercio que se produjo a raíz del descubrimiento de América y la apertura de nuevas rutas hacia oriente comenzaron a marcar la transición del significado del mercado, que fue interpretado cada vez más como escenario global de los flujos de bienes y riqueza.

En este sentido, entre los siglos XVI y XVIII se mantuvo vigente la doctrina económica del mercantilismo, basada en el principio de que el estado nacional, de régimen absolutista, debía asentar su riqueza en el aumento de las exportaciones y la disminución de las importaciones y, fundamentalmente, en la acumulación de oro y plata. En este marco, las nacientes posesiones coloniales adquirían la función de mercados de consumidores de los productos nacionales y de abastecedores de materias primas, sobre todo de los anhelados metales preciosos.

El planteamiento cambió tras la introducción de los principios del libre mercado, planteados en las obras de los llamados economistas clásicos británicos (Adam Smith, David Ricardo o John Stuart Mill, entre otros), sobre los que se asentarían los principios del capitalismo.

A partir de ellos se establecieron las diferenciaciones entre competencia completa, o perfecta, en la que el mercado cuenta con gran número de oferentes y demandantes de productos, y monopolio, en el que la oferta queda en manos de una única persona o empresa, mientras que la demanda es múltiple. El punto medio dentro de esta gradación la constituye el oligopolio, en el que la comercialización, y en consecuencia la fijación de los precios, queda en manos de un reducido número de agentes. Entre estos tres términos también pueden registrarse niveles intermedios, como el monopolio de demanda, con muchos oferentes y un solo demandante, o el oligopolio bilateral, con oferta y demanda equilibradas y representadas por pocos agentes de mercado.

Sobre esta estructura han evolucionado las doctrinas de mercado de la economía moderna. Junto a la que propugna la absoluta libertad de los mercados, representada actualmente por las tendencias neoliberales relacionadas con escuelas como la monetarista de Chicago, se han diferenciado otras. Antes de la desaparición de los regímenes de la órbita soviética a principios de la década de 1990, en esos países de economía dirigida se mantuvo un régimen de mercado intervenido o regulado por el estado, prevaleciendo los criterios políticos sobre los mercantiles. En ellos el establecimiento de los precios no se regía por la ley de la oferta y la demanda, como en los mercados libres.

En la economía actual, la interpretación del mercado alterna elementos propios de la extrema libertad de actuación con otros, inspirados en líneas de pensamiento económico como el keynesianismo, y más recientemente, el neokeynesianismo, con base en las doctrinas del británico John Maynard Keynes. Tales líneas consideran que la libertad de mercado puede ser condicionada en determinados aspectos por la intervención del estado, en aras de la consecución de beneficios sociales que repercutan en toda la comunidad.

Por otra parte, en la década de 2000 se ha asistido a una ingente diversificación de los mercados, favorecida por la expansión de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y por la red de Internet. El comercio electrónico y la posibilidad de realizar operaciones económicas de toda índole en tiempo real en cualquier mercado del mundo han hecho que el concepto de mercado adquiera una connotación planetaria, de la que probablemente ya no se desprenderá en el futuro.

Nociones asociadas al mercado

El término mercado está asociado a una serie de conceptos de esencial importancia en el marco de la economía moderna. Cabe reseñar entre ellos los que a continuación se mencionan:

1. Mercado de valores. Designa el organismo oficial, también llamado bolsa, en el que se compran y venden todo tipo de activos financieros, tales como acciones, bonos, obligaciones, etc.

2. Mercado de capitales. Es el área del mercado en la que se concentran las transacciones impulsadas por la oferta y demanda de capital, sea a largo plazo sea en términos de flujos monetarios directos, en cuyo caso se suele hablar de mercado de dinero.

3. Mercado de divisas. Engloba el conjunto de transacciones que afectan a la compra y venta de monedas extranjeras. Se trata de un componente de esencial importancia en la regulación de los mecanismos de comercio internacional y condiciona la fluctuación de las cotizaciones de las monedas nacionales.

4. Mercado de trabajo. Es el marco global en el que se gestionan la oferta y la demanda de trabajo, entendido éste como factor de producción junto a mercancías y dinero. Se trata de un entorno de gran importancia para la política económica de los países, ya que su conocimiento permite realizar intervenciones tendentes al crecimiento económico y la reducción del desempleo.

5. Mercado negro. Es el marco en el que las transacciones se efectúan al margen de los cauces de la legislación comercial.

Los estudios de mercado

Las técnicas de estudio de los mercados para conocer los rasgos y tendencias que permitan comercializar productos con el mejor rendimiento es el área en la que opera la mercadotecnia o marketing. Como se ha dicho, en este contexto el mercado queda reducido al conjunto de posibles compradores, y dentro de sus competencias entran una serie de ramas subordinadas. Algunas de las principales son las enumeradas a continuación que, en su conjunto, conforman lo que se conoce como estudio de mercado.

1. Proyección de mercado. Se sirve de estadísticas y datos obtenidos mediante sondeos para elaborar predicciones sobre las previsibles tendencias dentro de una determinada área geográfica o dentro de un cierto sector de productos.

2. Estudio de preferencias. También mediante encuestas y exámenes de las tendencias de compra se establecen los rasgos que más aprecian los potenciales compradores de los diversos productos.

3. Prospecciones de poder adquisitivo. Técnicas económicas y demográficas que se aplican a la obtención de “mapas” de las diferentes áreas con distinción de la capacidad adquisitiva de sus habitantes.

4. Análisis de demanda. Se centran en la cuantificación y los márgenes de variabilidad de la demanda que puede suscitar un producto de unas determinadas características.

5. Evaluación de la competencia. Agrupa las técnicas de detección y valoración, tanto cuantitativa como cualitativa, de la competencia que existe en el mercado para un determinado producto.

6. Estudio y proyecto del producto. Los datos obtenidos en las fases anteriores se aplican al diseño o planificación del producto que se vaya a introducir en el mercado, sea éste una mercancía o un servicio.

Sobre esta base previa, el mercado es el escenario al que continuamente se lanzan nuevos productos, sometidos a minuciosos análisis en los que se evalúan aspectos tan diversos como su funcionalidad, imagen, prestigio de la marca, ventajas respecto de los productos equiparables de la competencia o relación calidad-precio.