Silvicultura

Del latín silva, “bosque”, y cultura, “cultivo”.

La silvicultura engloba el conjunto de actividades relacionadas con la explotación, mantenimiento, cultivo y gestión racional de las masas forestales.

Dado que los árboles han ofrecido material de construcción y combustible desde tiempos inmemoriales, su explotación ha constituido un aspecto del conocimiento humano sobre la naturaleza tan antigua como el propio hombre. No obstante, los estudios sobre explotación forestal han adquirido en época moderna una importancia preeminente. Ello se debe a que la gestión forestal constituye uno de los pilares sobre los que se asientan los programas de desarrollo sostenible que, en la primera década del siglo XXI, se configuran como bases del crecimiento económico racional, tanto en los países industrializados como en los menos evolucionados.

Gestión de la explotación forestal

Como toda disciplina relacionada con la conservación ambiental, la silvicultura es un área en la que se distinguen infinidad de variables, como los estudios de los suelos (edafología), el clima (climatología), los fundamentos del desarrollo vegetal y de las enfermedades de las plantas (botánica y patología vegetal), así como de la función de los bosques en la preservación del terreno, la protección contra la erosión y el mantenimiento del equilibrio en los ecosistemas.

Sin embargo, se ha de favorecer también el rendimiento de las masas forestales como fuentes de madera, pasta de papel, resinas, látex, esencias empleadas en la industria química, farmacéutica y cosmética, y otros productos.

En consecuencia, en la gestión silvícola resulta esencial el planteamiento de programas de explotación forestal racional que combinen los rendimientos suficientes con la salvaguarda del equilibrio ecológico, a nivel tanto regional como planetario. A tal efecto cabe enumerar algunas medidas que conforman la base sostenible de la explotación silvícola.

1. Estricta reglamentación de la explotación de las masas forestales y habilitación de mecanismos que permitan verificar su cumplimiento.

2. Análisis de los ritmos de tala y aplicación de planes de repoblación en zonas sobreexplotadas.

3. Evaluación de las variables económicas y ecológicas que se vean implicadas en la distribución entre zonas forestales y zonas de pastoreo.

4. Desarrollo de medidas destinadas a prevenir y combatir los incendios forestales, con los correspondientes medios de vigilancia, campañas de concienciación ciudadana, trazado de cortafuegos y dotación de medios de extinción.

5. Procedimientos destinados al control de plagas y enfermedades vegetales.

6. Control del empleo de pesticidas y plaguicidas en el medio forestal.

7. Estudios sobre introducción de especies arbóreas ajenas, que puedan afectar al equilibrio natural de bosques y selvas.

La silvicultura en el mundo

La distribución de la riqueza forestal a nivel global presenta un esquema condicionado por factores climáticos, ambientales y geográficos. En las zonas septentrionales se extienden amplias zonas de bosque boreal, o taiga, ecosistema que presenta la peculiaridad de no tener equivalente en el hemisferio sur. Se extiende por Canadá, Estados Unidos, Escandinavia y el norte de Rusia y, a pesar de constituir masas ingentes de extensión boscosa, con tendencia a la autorregeneración dadas sus dimensiones, los estudios ambientales realizados en él a lo largo de la década de 2000 han detectado signos de regresión. En ello influye poderosamente la llamada lluvia ácida, causada por los efectos de los gases originados por las emisiones industriales arrastrados por las precipitaciones y que caen sobre los árboles, así como las variaciones climáticas inducidas por el calentamiento global.

El otro tipo principal de masa forestal en lo que a su extensión global se refiere es el bosque o selva tropical, también denominado pluvisilva, que se da en zonas ecuatoriales comprendidas en la franja intertropical, en las que las lluvias son abundantes. Es el tipo de vegetación propio de la Amazonia, Centroamérica y el sur de México en Latinoamérica, la parte centrooccidental de África y una franja en territorio de Asia que cubre los territorios del norte de la India, Tailandia, Indonesia y otros países del sudeste de ese continente.

Otros tipos de ecosistemas con predominio forestal, de menor extensión proporcional, son el bosque de clima templado, preponderante en áreas con esa pauta climática del hemisferio norte, y el bosque mediterráneo. Éste es propio de climas con estaciones cálidas benignas e inviernos secos y prolongados, y se da en la cuenca mediterránea y en áreas de Chile y la Argentina y en ciertas zonas de Norteamérica, como California.

Para los países en los que se desarrollan, la riqueza de estas masas forestales supone un importante recurso de explotación económica, y también una fuente esencial de biodiversidad y riqueza natural. Esa riqueza ha de ser celosamente salvaguardada para poner freno a la deforestación que, en áreas como la Amazonia, suponía en la década de 2000 una de las más graves amenazas para el mantenimiento del medio a escala planetaria.