Derechos humanos

Página de la “Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, claro antecedente de los derechos humanos.

Se reconocen como derechos humanos aquellos que le corresponden de manera inalienable a cada persona por su propia condición humana y que han de ser salvaguardados por la ley, tanto en el plano nacional como a nivel internacional.

La evolución hacia el reconocimiento de los derechos humanos

A lo largo de la historia de la humanidad, el reconocimiento de los derechos humanos tal como se interpretan en la actualidad ha pasado por un largo proceso, en el que las concepciones morales y políticas al respecto han variado de manera considerable.

En la civilización grecorromana se negaba el derecho inherente a la propia condición humana, como lo demuestra el hecho de que toda su estructura social se basara en el régimen esclavista. El derecho se generaba en la comunidad y no en la individualidad, por lo que le era reconocido a los ciudadanos, no a las personas.

La cultura medieval, asentada en los principios del cristianismo, reconoció la individualidad humana, en tanto que a cada ser le corresponde un alma, pero no se planteó que ello conllevara derecho implícito alguno.

El derecho natural formulado por filósofos como el francés René Descartes o el británico John Locke en el siglo XVII comenzó a esbozar nociones equiparables a las que hoy interpretamos como derechos humanos. Sin embargo, conceptos similares habían sido ya planteados un siglo antes por pensadores como los españoles Francisco de Vitoria y Luis de Molina, a quienes se considera entre los primeros referentes en este ámbito, y que establecieron como entidades definidas los derechos a la vida, la propiedad y la libertad.

No obstante, sería el pensamiento ilustrado el que, en el XVIII, consignaría de manera específica la existencia de una serie de derechos naturales, como la libertad de pensamiento, prensa y credo, la propiedad o la igualdad ante la ley, reconocidos en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Esta declaración, que tuvo tres interpretaciones sucesivas en el periodo revolucionario francés, en 1789, 1793 y 1795, se inspiró en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776 y sirvió de base para los posteriores desarrollos en este campo a lo largo del siglo XIX, centrados en aspectos como el derecho al trabajo, la salud o la educación.

La evolución del reconocimiento de estos derechos culminaría tras la Segunda Guerra Mundial con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, firmada en 1948 en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas. En ella se recogen en treinta puntos los contenidos en declaraciones anteriores, junto con otros referidos a la paz y la protección social y contra la opresión.

Las modernas concepciones sobre derechos humanos

A partir de la Declaración Universal, se plantearon otras declaraciones y convenciones.

Así, en 1966 se firmaron los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos, y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, los llamados Pactos de Nueva York, a los que en 1989 se añadiría un protocolo que abogaba por la abolición a nivel mundial de la pena de muerte, objetivo que en la segunda mitad de la década de 2000 se perfilaba aún como ciertamente lejano.

Otros tratados específicos en este ámbito fueron la Declaración sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, en 1963; la de Eliminación de la Discriminación de la Mujer, en 1967; la Convención sobre los Derechos del Niño, en 1979, o el estatuto de creación del Tribunal Penal Internacional, que entró en vigor en 2002.

En el mundo moderno los derechos humanos hallan, pues, pleno reconocimiento por parte de las más significadas organizaciones internacionales. No obstante, actualmente el problema se centra no tanto en el reconocimiento de los derechos como en el seguimiento y cuantificación de los casos y países en los que son violados. En la década de 2000 son diversas las organizaciones que se plantean tales objetivos. Cabe citar entre ellas a Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión o la Organización Mundial contra la Tortura.

Es en colectivos de personas privadas de libertad y en contextos en los que se evalúan posibles delitos de lesa humanidad donde los esfuerzos de las organizaciones e instituciones internacionales encargadas por velar de los derechos humanos en el mundo moderno parecen hallar mayor proyección. En este marco cabe reseñar, por ejemplo, la Convención Internacional para la Protección de la Personas frente a la Desaparición Forzosa, acuerdo legalmente vinculante de las Naciones Unidas firmado en 2007, que prohibía toda forma de desaparición de personas.