Aristocracia

    En el ámbito de la ciencia política el término aristocracia hace referencia a un régimen en el que un grupo seleccionado de personas se ocupa del gobierno en función de sus capacidades, superiores a las del resto de la comunidad. De hecho, la acepción queda implícita en su origen etimológico, del griego aristos, “mejor”, y kratein, “gobernar”.

    Esta noción de “gobierno de los mejores” fue desarrollada por varios pensadores de la antigüedad helena y muy especialmente por Platón, quien en su teoría política abogaba porque esos “mejores” fueran los filósofos, los que mejor conocían a los hombres y las comunidades que integraban. La aristocracia platónica se postulaba, además, sobre la base de una minuciosa selección que determinara en cada momento y en función de cada situación quiénes debían ser los gobernantes.

    Este planteamiento se alejaba ya desde su propia génesis de la realidad política, ya que los grupos dominantes solían está constituidos por elites guerreras o religiosas, que crearon una tradición en función de la cual las cualidades de la aristocracia no debían ser determinadas en cada momento, sino que eran hereditarias, según concepciones de inspiración divina. Al ejercicio de la fuerza o de la autoridad religiosa se unió el paralelo enriquecimiento de esa aristocracia, que pronto derivó en plutocracia: el “gobierno de los mejores” pasó en la realidad a ser el “gobierno de los ricos”.

    Frente a tal situación, el pensamiento político griego no tardó en establecer como contraposición la noción de democracia, gobierno del pueblo, en la que la función rectora de la comunidad se hacía extensiva a toda la ciudadanía.

    En su concepción no ya de forma de gobierno sino de clase social, la aristocracia se identificó en la antigua Roma con la nobilitas, que ejerció un importante papel en el desarrollo económico de la urbe y sus dominios. En la edad media, la concesión de títulos de nobleza, tales como marqués, conde, duque o barón, primero por parte del emperador del Sacro Imperio Romano germánico y, más tarde, por los reyes de monarquías como Inglaterra, España o Francia, dieron lugar al surgimiento en Europa de una aristocracia que, en especial durante el feudalismo, acaparó gran parte de la riqueza y el poder.

    Tras la difusión de las ideas de la Ilustración y el ataque directo a los aristócratas durante la Revolución Francesa, la influencia de esta clase social fue cediendo progresivamente hasta quedar relegada en la mayor parte de los países a funciones de rango representativo u honorífico.