Democracia

El origen etimológico de la palabra democracia (del griego, demos, “pueblo” y kratein, “gobierno”) es fiel reflejo de su significado, en tanto que se trata del sistema político en el cual es el pueblo el que ejerce la soberanía a través de sus representantes, elegidos en unos comicios celebrados periódicamente. El régimen derivado de este sistema se caracteriza por garantizar a los ciudadanos toda una serie de libertades (de expresión, de prensa, de culto, de asociación, de reunión, etc.), y sus mecanismos y peculiaridades quedan recopilados en un ordenamiento legal que se denomina constitución o carta magna. Por analogía semántica, también se llama democracia a todo aquel país en el que este tipo de sistema de gobierno está vigente.

Mecanismos del sistema democrático

La base de la democracia es el reconocimiento del derecho de los ciudadanos a participar en las decisiones relacionadas con los asuntos públicos y la gestión del gobierno de su país. Generalmente esta participación no se desarrolla de manera directa, sino que suele encauzarse a través de medios electorales que determinan lo que se conoce como democracia representativa. Sólo en determinados casos particulares, como la gestión de pequeñas comunidades o divisiones administrativas de dimensiones reducidas (ayuntamientos, municipalidades, asambleas locales), es posible en ocasiones que los ciudadanos participen de manera directa en la gestión de la cosa pública.

En el marco de la democracia representativa, los candidatos a ejercer la función de representantes del pueblo soberano se presentan de manera periódica a convocatorias electorales para integrarse en distintas instituciones, tales como cámara de diputados o representantes, senado, congreso, asamblea nacional, etc., según denominaciones que varían en los distintos países. El procedimiento es el mismo para la elección de representantes a diferentes niveles administrativos. Así, además de las elecciones generales, en las que se convoca a los ciudadanos para elegir a los representantes populares a nivel nacional, se celebran elecciones para cubrir los puestos en las instituciones dependientes de divisiones administrativas de rango medio, tales como estados (en ordenamientos nacionales de tipo federal), provincias, departamentos, comunidades autónomas, etc., y en las de nivel municipal.

Los candidatos que se postulan a estas elecciones suelen hacerlo encuadrados en las listas de diferentes partidos políticos, que proponen diversos programas para abordar los problemas de la gestión pública. En los periodos inmediatamente anteriores a la fecha de las elecciones, el tiempo que corresponde a la denominada campaña electoral, plantean sus proyectos políticos, con especificación de las ideas y medidas que proponen, concretadas posteriormente en propuestas de ley que deben ser discutidas y aprobadas en las instituciones parlamentarias (o de la correspondiente representación en el caso de instituciones de nivel inferior al nacional).

Aunque existen numerosas variantes en los sistemas de valoración de los resultados electorales, el partido que recibe más votos, o bien una coalición de partidos que resulte mayoritaria, es encargado de formar gobierno, a cuyo frente se suele situar el máximo dirigente de la lista más votada, que es nombrado jefe de gobierno o primer ministro.

En los sistemas republicanos de tipo presidencial, predominantes, por ejemplo, en el continente americano, se elige al presidente de la nación o jefe del estado, quien es el encargado de formar gobierno, apoyado o no por un primer ministro.

La mayor parte de los ordenamientos constitucionales democráticos admiten como mecanismo de participación directa del pueblo en las decisiones de sus representantes legítimamente elegidos el referéndum, que es el acto por el cual determinadas leyes o decisiones gubernamentales son sometidas a la confirmación mediante voto directo de la ciudadanía. En determinados países, como Suiza, el sistema de referéndum se aplica de manera sistemática para cualquier tipo de decisión, en tanto que en la mayoría de los restantes se limita a las cuestiones de amplia repercusión social o política.

De cualquier modo, uno de los fundamentos esenciales de la democracia es la existencia de sistemas electorales en los que se pueda elegir entre varios candidatos, que acepten el carácter transitorio de su función política y que ofrezcan desde distintos partidos opciones programáticas diversas para afrontar los problemas políticos, sociales y económicos. La inexistencia o limitación de tales condiciones es el elemento que con mayor frecuencia coarta el libre ejercicio del voto, el derecho que tipifica precisamente el ordenamiento democrático.

Aunque la esencia de la democracia asienta sus bases en el sistema de gobierno republicano, algunos países de Europa occidental y de Asia son monarquías constitucionales en las que la dinámica de la vida política es análoga a la de cualquier otra democracia, si bien la jefatura del estado recae en el monarca, que ejerce funciones fundamentalmente representativas y simbólicas, pero que carece de poder ejecutivo.

Derechos y deberes en democracia

En todo ordenamiento democrático existen una serie de libertades, derechos y deberes que la constitución reconoce y que son sancionados por los representantes del conjunto de la sociedad al aprobarla.

Los principios que conforman las constituciones democráticas tienden a garantizar libertades políticas, como las de expresión, culto, reunión, asociación política, manifestación, etc. También se reconocen derechos encuadrados en el ámbito socioeconómico, como el derecho al trabajo y a su justa remuneración, el derecho a la educación, el de unión en asociaciones sindicales o el de huelga.

Recíprocamente, también se establece un conjunto de deberes, cuyo cumplimiento se hace extensivo a toda la ciudadanía. Cabe reseñar, por ejemplo, el deber de acatar las leyes y de someterse a las decisiones de la autoridad en el legítimo ejercicio de sus funciones de gobierno, o bien el de contribuir económicamente al erario público, en virtud de un sistema de impuestos, aprobado por las instituciones parlamentarias y estructurado en relación proporcional a la riqueza de cada uno.

Otro deber consignado en numerosos ordenamientos constitucionales democráticos es el de contribuir a la defensa y la seguridad de la nación a través de un servicio militar o prestación equiparable. No obstante, en la actualidad se observa una manifiesta tendencia en este aspecto a la creación de ejércitos exclusivamente profesionales y a la supresión del servicio militar.

Evolución histórica

La democracia en la antigüedad

Aunque pueden registrarse ocasionales referentes en comunidades tribales de más antigüedad, los orígenes históricos de los sistemas democráticos se sitúan en las ciudades-estado de la antigua Grecia, las polis, en las que el conjunto de sus habitantes conformaban el cuerpo legislativo. Todo ciudadano libre podía ser elegido para una amplia variedad de cargos, tanto de gobierno ejecutivo como de los estamentos judiciales o administrativos. Quedaban excluidos de esta posibilidad los esclavos, que carecían de derechos tanto políticos como de otra índole, y los extranjeros.

Al establecimiento del régimen democrático, que alcanzó especial implantación en Atenas, se llegó a través de una transición desde el gobierno autocrático y personal unitario de los reyes, en la época homérica en la que se sitúa la génesis de la civilización helena, hasta el predominio de un grupo minoritario y elitista de personas elegibles, los miembros de la aristocracia, y en último término, hasta la posibilidad de elegir entre el total de la ciudadanía, es decir, al régimen democrático, que prevaleció durante el llamado período clásico entre los siglos V y IV a.C. La frecuente asignación del poder a un jerarca en situaciones de riesgo de guerra fue uno de los principales motivos de la desaparición de la democracia en las polis griegas.

En la antigua civilización romana perduraron inicialmente algunos vestigios de la organización democrática, si bien las frecuentes situaciones de crisis, motivadas por los enfrentamientos con pueblos vecinos, acabaron pronto con ella. Ello era debido a que en tales contingencias el poder se encomendaba a comandantes militares que gobernaban dictatorialmente. Esto acabó por dar predominio a un gobierno de tipo autocrático, en el que la autoridad era detentada primero por los cónsules y más tarde por el poder imperial.

El camino hacia la democracia moderna

Aunque sus principios fueron en buena parte afines a los que luego prevalecerían en época moderna, la democracia griega desapareció de la teoría de gobierno durante prácticamente dos mil años, ya que los antecedentes de los principios democráticos no se recuperarían hasta bien entrado el siglo XVIII.

Algunos historiadores de la ciencia política consideran, sin embargo, que los últimos siglos de la edad media cuentan con un referente democrático de primer orden en las ciudades dedicadas al comercio, fundamentalmente en Flandes y en Italia, de las que surgiría la naciente burguesía. En ellas se establecieron, por ejemplo, instituciones como las asambleas del pueblo, de patente cariz democrático.

De cualquier modo, los plenos fundamentos de la democracia moderna corresponden sin duda a filósofos ilustrados como los británicos John Locke (1632-1704) o David Hume (1711-1766) o los franceses Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) y el barón de Montesquieu (1689-1755), quienes abrieron nuevos caminos a la interpretación de una nueva sociedad, en la que el individuo se configuraba como elemento esencial y generador de la voluntad común. Al último de ellos se debe, por otra parte, la separación de los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, que constituye uno de los fundamentos básicos de los modernos ordenamientos democráticos.

Los estamentos sociales históricamente apartados de los círculos del poder adoptarían un papel protagonista, con el apoyo de las burguesía, en la Revolución Francesa, si bien en primera instancia la transformación de la realidad social y la expansión de las ideas democráticas se verían frenadas por el advenimiento en Francia del imperio napoleónico y por la reacción absolutista en otros países como España.

Los principios democráticos constituirían, sin embargo, la base de la declaración de independencia y la constitución de los Estados Unidos que, fechada en 1789, puede considerarse como el primer ordenamiento legal de una democracia moderna.

En los países latinoamericanos la democracia constitucional sería el régimen nominalmente vigente, salvo contadas excepciones como el periodo imperial brasileño o el efímero imperio mexicano de Agustín de Iturbide (1822-1823). No obstante, los continuos enfrentamientos bélicos y las frecuentes intervenciones de caudillos y jefes militares para hacerse con el poder hicieron que el régimen democrático y el orden constitucional fueran subvertidos en infinidad de ocasiones, desde las luchas por la independencia, a principios del siglo XIX, hasta las últimas décadas del XX.

Durante la segunda mitad de esa centuria, hasta la caída de la Unión Soviética y de los regímenes de su órbita, proliferaron en los países en los que se instauró un gobierno de tipo comunista las denominadas democracias populares, sistemas que proclamaban su carácter democrático pero que, de manera ciertamente contradictoria, negaban a la ciudadanía derechos y libertades inherentes a la propia noción de democracia, en aras del bien del estado y del pueblo. Éste se consideraba constituido por la clase trabajadora y sus intereses debían ser salvaguardados por una estructura de partido único.

La democracia en el mundo en el siglo XXI

Los principios y las ideas democráticas prevalecen a nivel mundial en la primera década del tercer milenio. Ello no obstante, regímenes de partido único perduran en países como Corea del norte, Cuba o China, que en la segunda mitad de la década de 2000 se hallaba inmersa en un proceso de manifiesta apertura en lo económico, pero que aún mantenía rígidas limitaciones a las libertades en lo político.

Por otra parte, en distintas partes del mundo, y sobre todo en el continente africano, el cercano oriente y varias de las repúblicas ex soviéticas, son numerosos los casos de regímenes nominalmente democráticos en los que la dinámica electoral y las garantías constitucionales se ven condicionadas por presiones contra determinados grupos de electores, por limitaciones de tipo social, económico o religioso (estas últimas especialmente en países islámicos como Arabia Saudí o Irán), o por extensión de los mecanismos de corrupción y fraude en los comicios. Tales factores han sido, por otra parte, los principales enemigos de la democracia desde los inicios de su expansión a nivel mundial a finales del siglo XVIII.

Esquema de la Democracia

Sistema político en el cual es el pueblo el que ejerce la soberanía a través de sus representantes, elegidos en unos comicios celebrados periódicamente.

La base de la democracia es el reconocimiento del derecho de todos los ciudadanos a participar en las decisiones relacionadas con los asuntos públicos y la gestión del gobierno de su país. Esta participación se realiza a través de medios electorales que determinan la democracia representativa.