Liberalismo

El liberalismo es una doctrina que incorpora elementos tanto políticos como económicos y filosóficos y que centra su planteamiento en el papel predominante de la libertad individual como elemento básico de las relaciones humanas y, en consecuencia, como factor generador principal de la organización social.

Entre los rasgos definitorios de la ideología liberal sobresalen la apelación a la existencia de unos derechos innatos del individuo, por encima de los de cualquier autoridad o poder social, la oposición a la injerencia del estado en el funcionamiento de la vida social y económica, y el reconocimiento del sistema parlamentario como base de la actividad política.

Aunque los rasgos del liberalismo definen un marco ideológico concreto y bien perfilado, el término liberal ha experimentado a lo largo de su historia, iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII, sucesivas interpretaciones en las que se ponían de manifiesto, según los casos, las tendencias progresistas o conservadoras de la ideología liberal.

Así, por ejemplo, en las primeras décadas del siglo XIX latinoamericano se consideraba liberales a los independentistas o revolucionarios contrarios al poder de la corona española. Igualmente se designó como liberales a quienes se oponían a caudillos y oligarcas o a quienes defendían la separación de iglesia y estado, en ocasiones con matices manifiestamente anticlericales. Por el contrario, el liberalismo económico radical de las escuelas económicas preponderantes en los Estados Unidos en las décadas 1980 y 2000 se asocia al denominado neoliberalismo, vinculado a posiciones políticas netamente conservadoras.

Los principios del liberalismo

Tanto en su vertiente más filosófica o política como en su orientación económica, el liberalismo se fundamenta en una serie de principios a partir de los cuales se ha desarrollado su evolución histórica. Cabe reseñar entre los más significados los siguientes:

1. Reconocimiento del individuo como piedra angular de la organización social. El individualismo es probablemente el elemento más arraigado en el marco del pensamiento liberal, en tanto que es el medio por el cual la iniciativa personal queda reconocida como motor de la actividad humana y de la organización de la sociedad.

2. Supremacía de los derechos innatos y de las leyes naturales. En asociación con el principio anterior, la ideología liberal original planteó la existencia de unos derechos innatos del ser humano, que no han de ser coartados por ninguna estructura social y que se ajustan a la ley natural. A partir de este primer planteamiento, el liberalismo puede considerarse, pues, un importante pilar para el reconocimiento a nivel internacional que han supuesto las sucesivas declaraciones de derechos humanos y ciudadanos, desde las primeras, surgidas en el marco de la independencia estadounidense y la Revolución Francesa, hasta las que definieron áreas específicas, como los derechos de la mujer, del niño, de las minorías étnicas, etc., durante la segunda mitad del siglo XX y bajo los auspicios de las Naciones Unidas.

3. Defensa del racionalismo como base filosófica del pensamiento liberal. El pensamiento racionalista, desarrollado a partir del siglo XVII por filósofos como el holandés Hugo Grocio o el francés René Descartes, asumiría un papel destacado en la gestación del liberalismo. La identificación de razón y naturaleza derivaría, con el devenir ideológico posterior, en algunos rasgos significativos del pensamiento liberal, como la valoración de la enseñanza y la cultura como elementos generadores de progreso o, en otros términos, el laicismo, el reconocimiento de la libertad religiosa o la separación entre iglesia y estado.

4. Consideración de la libre competencia como elemento generador de desarrollo. La competencia se considera un elemento promotor del equilibrio y en consecuencia del orden social. La libre actuación de los seres humanos se constituye en este contexto en elemento regulador e impulsor del progreso tecnológico y del crecimiento económico.

5. Limitación de la función del estado como marco de organización social. En estrecha conexión con el principio anterior, la consideración del estado como factor de coerción de la libertad individual es otro de los pilares del liberalismo. Para los liberales, el papel del estado se ha de limitar a moderar el contraste de iniciativas a través de un ordenamiento legal acordado libremente por el conjunto de la comunidad.

6. Organización política a partir del sistema democrático parlamentario. El parlamentarismo es la base política del modelo liberal, en tanto en cuanto supone el medio de dotar a la sociedad de un ordenamiento legal que los individuos se otorgan a sí mismos, con respeto de las libertades y derechos connaturales antes mencionados.

La evolución de las ideas liberales

Desde su gestación a partir de la edad moderna hasta las actuales corrientes neoliberales, defensivas a ultranza del libre mercado como elemento regulador de la sociedad, el liberalismo ha experimentado un multiforme conjunto de tendencias y matizaciones que han configurado su evolución histórica.

Antecedentes y desarrollo del liberalismo

La estructura feudal predominante durante la mayor parte de la edad media experimentó a partir del siglo XIII un sustancial cambio, con la aparición de los primeros núcleos urbanos fundamentados en su actividad comercial, originados sobre todo en Italia y Flandes, y que dieron lugar a la aparición de una incipiente burguesía.

A lo largo de siglos, la clase burguesa fue estableciendo los pilares del movimiento que adoptaba como referente esencial la libertad individual. A pesar de que este complejo proceso se gestó en épocas en las que el poder absoluto y los privilegios de la aristocracia eran los factores predominantes, el legitimismo político y el mercantilismo económico, propios del absolutismo, dieron paso a nuevas corrientes.

En este contexto se sitúa el advenimiento de la fisiocracia, escuela de pensamiento económico que propugnaba el papel preponderante de las leyes naturales en la actividad humana y la no intervención del estado en la economía, con lo que se sentaban las bases para el posterior desarrollo del liberalismo. De los fisiócratas, entre cuyos principales exponentes cabe citar a François Quesnay, Víctor de Mirabeau y Anne-Robert-Jacques Turgot, quedaría como referente la célebre sentencia “Laissez faire, laissez passer: le monde va de lui même” (“Dejad hacer, dejad pasar: el mundo marcha por sí mismo”), que constituía una suerte de sortilegio para la consecución de la prosperidad y que se consideraría como lema de esta naciente forma de liberalismo.

Liberalismo económico y liberalismo político

La subversión del orden absolutista y la configuración de una nueva estructura social de índole liberal se basaron en sus aspectos económicos en las teorías de los economistas británicos de la llamada escuela clásica, dentro de la cual sobresalieron las aportaciones de, entre otros, Adam Smith, David Ricardo y John Stuart Mill. El primero de ellos publicó en 1776 Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones, obra en la que se criticaban las políticas proteccionistas propias del absolutismo y se abogaba por la libertad de comercio.

Corresponde también a la escuela clásica la difusión de conceptos como la coincidencia de los intereses individuales y los de la sociedad en general o la validez de autorregulación del mercado a través de la ley de la oferta y la demanda. Quedaban así planteados los fundamentos del librecambismo y el liberalismo económico, que, con las correspondientes adaptaciones a cada época y cada circunstancia, había de mantenerse como línea de continuidad en la evolución económica mundial hasta nuestros días.

En el plano más próximo a la filosofía y la política, el liberalismo se nutrió en origen de las aportaciones de las grandes personalidades de la Ilustración. Así, el filósofo empirista británico John Locke, considerado uno de los primeros ilustrados, determinó la idea de que la experiencia es el factor que genera la individualidad del ser humano, configurando la noción de individualismo, elemento preeminente de la ideología liberal. Por su parte, el francés barón de Montesquieu definió la separación de los poderes en ejecutivo, legislativo y judicial, como garantía del sistema político democrático liberal, y su compatriota Jean-Jacques Rousseau configuró un modelo de sociedad en el que la voluntad individual queda supeditada a la general en función del consentimiento mutuo de sus integrantes.

A lo largo del siglo XIX el liberalismo político pasó a incorporar connotaciones sociales, que abogaban por la intervención del estado en ciertos aspectos relacionados con el bienestar de la comunidad. Se daba así entrada a los criterios que habrían de conducir a la noción de estado del bienestar, de la que más tarde participarían también las tendencias más moderadas del socialismo encuadradas en la socialdemocracia.

El parlamentarismo democrático, el laicismo y las tendencias progresistas se identificaron, por ejemplo, como rasgos de identidad propios de los partidos liberales latinoamericanos, que en el proceso de consolidación de los distintos países, supusieron la tendencia de oposición más significativa a las corrientes conservadoras.

Las convulsiones de nivel mundial que caracterizaron la primera mitad del siglo XX (revoluciones socialistas, crisis económica generalizada a raíz de la Gran Depresión iniciada en 1929, auge de los fascismos, guerras mundiales) determinaron una pérdida de presencia del liberalismo, que sin embargo iría recuperando vigencia tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

En el plano político los partidos liberales de numerosos países del mundo se unificaron en 1947 en la Unión Liberal Mundial, que posteriormente pasaría a denominarse Internacional Liberal.

John Locke fue uno de los precursores del liberalismo.

Las modernas tendencias del liberalismo

A partir de las últimas décadas del siglo XX se configuró en el escenario internacional un nuevo planteamiento de las premisas liberales sobre la base de la reinterpretación de los principios de plena libertad de mercado y reducción del intervencionismo del estado, que dio lugar a las diversas corrientes del denominado neoliberalismo.

Aunque se había gestado a mediados del siglo XX, el neoliberalismo halló su aplicación práctica en la década de 1980, fundamentalmente bajo el gobierno presidido por Margaret Thatcher en el Reino Unido y durante las presidencias de Ronald Reagan en los Estados Unidos, para posteriormente recuperar vigencia, ya en la década de 2000, bajo el mandato de George W. Bush.

Los principios económicos neoliberales, fundamentados en las aportaciones de sus ideólogos, entre los que cabe citar al británico de origen austriaco Friedrick Hayek o al estadounidense Milton Friedman, uno de los principales representantes de la denominada Escuela de Chicago, planteaban una radicalización de las teorías de los economistas liberales clásicos. Como consecuencia de ella, se proponía que el libre comercio y las leyes del mercado debían ser consideradas el punto de referencia esencial de la economía y la política, por encima de cualquier otra consideración. Según sus premisas, eran los ordenamientos legales de los estados los que debían someterse a las leyes de mercado y no al contrario, y el intervencionismo del estado debía ser reducido a su mínima expresión o, directamente, erradicado.

En el plano político, el liberalismo de la era de la globalización, tal como se interpretaba en la primera década del siglo XXI, quedó vinculado a las tendencias conservadoras, frente a las que antes se había postulado como corriente de oposición. La identificación de los intereses del liberalismo con los del capitalismo dio lugar, pues, al desarrollo de movimientos de antiglobalización o, más propiamente, de globalización alternativa, contrarios al neoliberalismo (término que en ciertos contextos adquirió un matiz peyorativo) y favorables a planteamientos basados en la integración social y la cooperación.

Argumentos en contra de la globalización de tintes liberales surgieron, por ejemplo, en relación con la falta de control de los flujos de capital, factor que tendría una influencia considerable en importantes crisis económicas en la transición al siglo XXI, en países como México, Rusia o Argentina.

No obstante, desmarcándose netamente de las tendencias neoliberales más radicales, la Internacional Liberal elaboró en 2005 una constitución en la que se declaraba favorable a la expansión de una sociedad libre, basada en la libertad y la responsabilidad personales y en la justicia social, sobre bases de respeto a los derechos humanos, elecciones libres y abiertas a todas las opciones, tolerancia, economía social de mercado, desarrollo sostenible y cooperación internacional. En tales términos quedaban pues actualizados los principios históricamente inherentes al pensamiento clásico liberal.

Esquema del Liberalismo

Doctrina que incorpora elementos políticos, económicos y filosóficos. Defiende el papel predominante de la libertad individual como elemento básico de las relaciones humanas y como factor principal de la organización de la sociedad.

La ideología liberal apela a la existencia de unos derechos innatos del individuo, por encima de los de cualquier autoridad o poder social.

El liberalismo promueve que la organización política se base en un sistema democrático parlamentario.