Terrorismo

    El terrorismo adquirió especial significación en la primera década del siglo XXI, tras los atentados perpetrados por la organización islamista Al Qaeda con aviones secuestrados y estrellados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono de Washington el 11 de septiembre de 2001. A estos ataques, los más mortíferos de la negra historia terrorista con casi tres mil víctimas, les sucedieron otros también sangrientos en países como Indonesia, España y el Reino Unido.

    Una comisión de las Naciones Unidas definió en 2004 como terrorismo “todo aquel acto violento destinado a producir la muerte o lesiones graves a integrantes de la población civil o no combatiente, con el objetivo de obligar a un gobierno u organización a realizar u omitir la realización de una acción determinada”.

    Se trata, pues, del empleo sistemático de violencia indiscriminada para la consecución de fines políticos o ideológicos, algo de lo que existen referentes a lo largo de toda la historia, pero que se ha venido configurando como fenómeno específico desde finales del siglo XIX hasta nuestros días.

    Acometidas por organizaciones de tipo secesionista, fundamentalista religioso o de otra naturaleza, las estrategias terroristas también han sido llevadas a la práctica por gobiernos formalmente constituidos, dando lugar al denominado terrorismo de estado.

    Fue precisamente una incipiente forma de terrorismo de estado la que señaló el origen del fenómeno, que tomó su nombre del periodo de la Revolución Francesa conocido como el Terror, durante el cual, entre 1793 y 1794, se intentó acabar con toda oposición al Comité de Salvación Pública dirigido por Maximilien de Robespierre por medio de la ejecución en la guillotina de decenas de miles de personas, creándose una atmósfera política que imbuía terror en la población.

    En la transición de los siglos XIX al XX el terrorismo se identificó con las acciones de los anarquistas, que perpetraron numerosos atentados contra dirigentes políticos y miembros de la realeza. Como consecuencia de ellos murieron asesinados, entre otros, el zar de Rusia Alejandro II en 1881, el presidente francés Sadi Carnot, en 1894, la emperatriz Isabel de Austria en 1898, o los presidentes del gobierno español Antonio Cánovas de Castillo, en 1897; José Canalejas, en 1912, y Eduardo Dato, en 1921.

    Tras la generalización del terrorismo de estado bajos los regímenes fascista y nacionalsocialista, en Italia y Alemania, y en la Unión Soviética estalinista, que se prolongaría más tarde en otros regímenes dictatoriales, la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por la aparición de organizaciones terroristas secesionistas, como el Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés), en Irlanda del Norte, o Euskadi ta Askatasuna (ETA), en España.

    Asimismo proliferaron las acciones terroristas de organizaciones políticas de extrema izquierda, como la italiana Brigadas Rojas o la alemana Fracción del Ejército Rojo, también conocida como banda Baader-Meinhof, y de extrema derecha, como la italiana Ordine Nuovo.

    No obstante, la transición al siglo XXI estuvo marcada por el terrorismo vinculado al fundamentalismo islámico y, en especial, a la organización Al Qaeda. Encabezada por el acaudalado activista de origen saudí Osama Bin Laden, Al Qaeda es considerada responsable, entre otros, de los mencionados ataques del 11 de septiembre de 2001.

    Ya antes habían tenido lugar otros ataques islamistas, como el atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) de Buenos Aires, perpetrado en 1994. A lo largo de la década de 2000 hubo nuevos ataques del terrorismo fundamentalista islámico en otros puntos del planeta, como la isla indonesia de Bali en 2002, Madrid en 2004 y Londres en 2005. Los atentados terroristas promovidos por el radicalismo islámico se generalizaron también en el Iraq tutelado por las fuerzas estadounidenses que abatieron al régimen de Saddam Hussein.

    Las organizaciones terroristas emplean procedimientos de la más diversa índole. Entre los más utilizados se cuentan los atentados con explosivos contra objetivos civiles, generalmente con la intención de causar muertes indiscriminadas. Para la comisión de estos atentados usan recursos como bombas lapa, adosadas a los vehículos de las víctimas, bombas con temporizador activadas a distancia, o bombas trampa, disimuladas en forma de paquetes enviados por correo o bajo otra apariencia.

    En escenarios como el conflicto palestino-israelí o el estado de continua violencia generado en Iraq en la década de 2000, este tipo de atentados se han perpetrado con frecuencia con coches bomba y con hombres bomba. Los procedimientos violentos empleados por los terroristas comprenden también otras muchas acciones, como el asesinato de víctimas predeterminadas, el secuestro de personalidades relevantes, la toma de rehenes o el desvío de aviones en vuelo.

    Una de las amenazas que mayor inquietud suscita en las autoridades es el potencial uso terrorista de armamento nuclear o químico, obtenido en las redes clandestinas de tráfico de armas. Uno de los escasos episodios terroristas de este tipo es el ataque que la secta Verdad Suprema perpetró en 1994 en el metro de Tokio con sarín, un gas nervioso. Aunque la tipificación de un fenómeno tan complejo y multiforme plantea numerosas cuestiones de matiz, es posible establecer una diferenciación de tipos de organizaciones (o individuos aislados) terroristas. Cabe distinguir como más significativos los siguientes:

    1. Organizaciones nacionalistas de tipo secesionista. Son colectivos armados cuyos actos persiguen como objetivo la separación de su territorio de un estado en el que está englobado. Ejemplos de este tipo de organización pueden ser movimientos de liberación anticolonialistas, como el Frente de Liberación Nacional (FNL) argelino, que recurrió a las acciones terroristas para la consecución de la independencia de su país. En Europa, el ya mencionado IRA pasó de la acción terrorista a la integración en el sistema político, en tanto que en España ETA se hallaba inmersa a mediados de la década de 2000 en un proceso en apariencia orientado hacia ese mismo cauce, aunque continuaba cometiendo ataques terroristas. A reseñar también las acciones de los grupos secesionistas chechenos. La actividad terrorista del IRA y la ETA se interrumpió definitivamente en las primeras décadas del siglo XXI.

    2. Organizaciones terroristas de extrema derecha y extrema izquierda. Se trata de organizaciones políticamente muy radicalizadas, como las arriba mencionadas Brigadas Rojas u Ordine Nuovo, cuyos objetivos se centran en la subversión del orden establecido a través de la lucha armada. En general, en los inicios del siglo XXI la acción de este tipo de bandas ha quedado muy limitado.

    3. Organizaciones guerrilleras y paramilitares. Afines a las anteriores, se asocian a movimientos revolucionarios o contrarrevolucionarios en los que la lucha política se manifiesta mediante acciones terroristas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o las organizaciones peruanas Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) son ejemplo de las de tendencia revolucionaria, en tanto que las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) pueden citarse como muestra de las de tipo contrarrevolucionario. En este ámbito debe reseñarse el fin de la actividad guerrillera de las FARC tras un acuerdo de paz suscrito en 2017 con el Gobierno de Colombia.

    4. Narcoterrorismo. El término hace referencia a los grupos terroristas que operan en connivencia con las redes de narcotraficantes, complementando sus infraestructuras. En la actualidad puede citarse como ejemplos de este tipo de terrorismo la cooperación entre los traficantes de opio y los movimientos fundamentalistas islámicos de Afganistán, o la de los productores de cocaína y los grupos de insurrección armada colombianos.

    5. Fundamentalismo islámico. Las organizaciones de inspiración fundamentalista islámica constituyen la más activa manifestación del terrorismo a nivel mundial en la primera década del siglo XXI. Junto a la citada red Al Qaeda, pueden reseñarse organizaciones como el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, integrado en la propia Al Qaeda en 2007; la Yihad Islámica o la Yamá Islamiya. La debilidad del régimen político en Iraq y el estallido de la guerra civil en Siria en 2011 auspiciaron el auge de un nuevo grupo fundamentalista autodenominado Estado Islámico de Iraq y de Levante (ISIS, por sus siglas en inglés). Hasta que, en 2017, fue desalojado militarmente de todas sus posiciones, el ISIS ocupó una extensa superficie de territorio en Siria e Iraq en la que impuso una interpretación rigorista de la ley islámica. Al mismo tiempo, este movimiento patrocinó o inspiró numerosos atentados terroristas en todos los continentes, con episodios especialmente sangrientos en ciudades como Londres, París o Niza.

    6. Organizaciones xenófobas. Aunque existen organizaciones terroristas que proclaman como razón de ser la xenofobia, como el Ku Klux Klan activo en los Estados Unidos desde el final de la Guerra de Secesión en 1865, la mayor parte de las acciones contra minorías étnicas perpetradas en época moderna corresponden a manifestaciones que incorporan elementos propios del terrorismo de estado, que en ocasiones alcanza dimensiones de auténtico genocidio. Sirva como ejemplo la aniquilación de la población no árabe en la región sudanesa de Darfur por parte de las fuerzas gubernamentales y de las bandas paramilitares de los denominados yanyawid, que, según estimaciones de las organizaciones humanitarias que operaban en la zona, en 2007 podría haber producido más de medio millón de muertos.