Paleontología

    Paleontólogo en un trabajo de campo.

    La paleontología es la ciencia que estudia la vida en tiempos remotos. El origen del término proviene del griego, reuniendo tres raíces: paleo –antiguo–, onto –ser– y logos –saber–. Los estudios paleontológicos se basan en el análisis de los restos de épocas antiguas que han llegado hasta nuestros días gracias a formar parte de las rocas sedimentarias; estos restos son conocidos como fósiles. Los paleontólogos se ocupan de analizar los fósiles, de interpretar sus estructuras y de compararlos con otros organismos actuales. El fin último es, por un lado, conocer a los seres vivos del pasado, su morfología y comportamiento, sus condiciones de vida y del medio ambiente en el que se desarrollaron, así como las causas de su extinción; y, por otro, completar el mapa de la evolución de los seres vivos, conocer y comprender el proceso evolutivo seguido por las especies.

    La paleontología se ha especializado en varias vertientes: el estudio de la vida vegetal se denomina paleobotánica; el de la vida animal, paleozoología; la paleoclimatología estudia los climas de tiempos arcaicos; la paleoecología, las condiciones ambientales, y la paleobiogeografía, la fauna y la flora en relación con el ambiente y su distribución geográfica. Finalmente, dentro de la paleontología, la paleontología humana es la disciplina científica que se encarga del estudio del hombre en su estadio primitivo, desde su separación de los demás grupos de primates. También conocida como paleoantropología, su principal material de estudio son los restos fósiles humanos.

    Los primeros trabajos sobre fósiles humanos se deben a Lartet, quien describió al Dryopitecus fontani, y a las publicaciones sobre el hallazgo de Neanderthal, en 1856. A partir de esta fecha comenzaron a multiplicarse los trabajos sobre el origen del hombre, acompañados por la publicación del trabajo de Charles Darwin sobre el Origen de las Especies. Estos primeros estudios de paleontología humana incluyeron los hallazgos de cráneos neanderthalenses en Spy y Gibraltar, los restos de Oreopiteco encontrados en Toscana, de 1871, y los del hombre de Cro-Magnon. Los hallazgos se multiplicaron en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, aunque los primeros estudiosos no los consideraron aún número suficiente como para formar una disciplina científica. En 1890, el descubrimiento en Trinil de fósiles de pitecántropo, por Dubois, acrecentó la curiosidad por los primeros estadios de la evolución humana y, de paso, por la búsqueda de fósiles humanos, de forma que en las primeras décadas del siglo pasado los hallazgos se produjeron cada vez en un número mayor. Formado este corpus o registro de fósiles y sus correspondientes estudios, el punto de partida de la paleoantropología es la publicación de los trabajos de Gregory, de El hombre fósil –de Hugo Obermaier (1916)– y de Les hommes fossiles, de M. Boule (1921). El establecimiento de la paleoantropología como disciplina se produciría a lo largo del siglo XX. En 1982 se celebró el primer Congreso Internacional de Paleontología Humana y se creó la Asociación Internacional de Paleontología Humana.

    El objeto de estudio de la paleontología humana es el ser humano anterior al actual, en todas sus etapas, su origen y evolución. El primer desafío de la disciplina es, precisamente, delimitar su objeto de estudio, es decir, qué se entiende y qué incluye la familia de los homínidos. Interesa a la paleoantropología el análisis de todos los Primates fósiles, tanto desde el punto de vista morfológico como etológico o de comportamiento.

    Los estudios paleoantropológicos analizan materiales fósiles del grupo zoológico humano. Lo más común es que se trate de restos óseos, aunque en ocasiones, ciertamente extraordinarias, se puede contar con otro tipo de materiales, como huellas humanas o restos de actividad. Un caso que maravilló al mundo es el de las huellas de pasos, de 3,8 millones de años de antigüedad, conservadas en cenizas volcánicas y encontradas en Tanzania. En la mayoría de las ocasiones, los restos óseos son muy escasos, fragmentarios y de pequeño tamaño, aunque la información que pueden aportar es muy valiosa. En algunos yacimientos se han hallado tan solo algunas piezas dentales, aunque en otros se han podido rescatar restos de varias docenas de individuos.

    La paleoantropología cuenta con varias disciplinas afines y auxiliares. En cuanto al estudio de los restos óseos, la paleoantropología se ayuda de la osteología, la craniología y la odontología, así como la anatomía. El análisis de los restos óseos no se limita a la mera reconstrucción del esqueleto humano, sino a cuestiones como el estudio de la postura, la locomoción o las capacidades manuales. Además de éstas, existen otras áreas de especialización, como la paleoneurología –estudio del sistema nervioso y las estructuras cerebrales– o la paleopatología humana –estudios sobre la enfermedad, la alimentación, las anomalías, etcétera–. La paleoetología estudia el comportamiento humano, y en ella se incluye el estudio de los objetos producidos o modificados por la mente humana –la arqueología–, el estudio de la tecnología prehistórica, de las tradiciones en la fabricación de útiles y de la creatividad individual.

    Los fósiles encontrados son objeto de un riguroso análisis, que incluye prácticas diversas como medición, datación, clasificación y conservación, aplicando métodos biométricos y bioestadísticos. El objetivo es poder establecer una muestra de tamaño suficiente, que permita determinar la existencia de poblaciones y, en última instancia, completar el mapa de la evolución humana.

    También son ciencias auxiliares la estratigrafía -estudio y comparación de los estratos geológicos- y la geocronología –disciplina que comprende varios métodos para fecharlos acontecimientos geológicos de la Tierra, como el arqueomagnetismo, el radio-carbono, etc.