Patriarcado

    El término patriarca proviene del griego patriarches, palabra compuesta de patria –familia o linaje– y arches –dominio o jefatura–. El sistema patriarcal es un tipo de organización social en el que la figura del varón ocupa un lugar central y preponderante dentro del grupo, a partir de la cual se deriva todo un sistema de normas sociales y jurídicas que marcan la preferencia del hombre sobre la mujer. Esta posición de privilegio y dominio se manifiesta a través de mecanismos culturales diversos, como el lenguaje, el ritual, la tradición, las leyes, la costumbre, la educación, la división del trabajo o el protocolo, así como puede manifestarse mediante la fuerza física o la presión directa.

    En los sistemas patriarcales, al contrario que en los matriarcales, el poder político recae siempre sobre un varón y el parentesco es regulado por la preferencia del hombre sobre la mujer. En consecuencia, la línea de herencia exclusiva generalmente es la masculina o patrilineal, lo que significa que un individuo identifica como parientes a todos los que están relacionados con él por línea paterna –tanto hombres como mujeres–, asumiendo los derechos y las obligaciones que conlleva (propiedad, derechos de uso, rango dentro del grupo, privilegios, bienes, etc.). Igualmente, en este tipo de sistemas la residencia suele ser patrilocal, es decir, que la pareja recién casada debe habitar en o cerca de la vivienda del padre del marido.

    Histórica y actualmente, una gran mayoría de las sociedades tienen un carácter patriarcal, aunque el grado de vigencia del sistema patriarcal es muy desigual. En las sociedades desarrolladas occidentales, las leyes tienden a sancionar la igualdad entre el hombre y la mujer a todos los efectos, aunque determinados rasgos del sistema patriarcal persisten en determinados ámbitos de la tradición o la costumbre.