Rito

    Se entiende por rito un acto o una secuencia de actos sobre los que una comunidad está de acuerdo en que tienen un carácter simbólico, ejecutados además conforme a unas pautas preestablecidas y de un modo obligatorio o prescriptivo, que se realizan de forma repetitiva en el tiempo y cuyas consecuencias son, también, de carácter simbólico, ya sea en todo o en parte. En los ritos o rituales, quienes toman parte en ellos lo hacen realizando una serie de acciones (movimientos, declaraciones, cánticos, danzas, ofrendas, sacrificios…) y en un contexto (lugar, tiempo, escenografía, vestuario…) predeterminados, es decir, pautados, siguiendo una norma ancestral, una costumbre. En los rituales, todo lo que se hace, se dice y se ve sigue una norma rígida y minuciosa, que siempre es tenida por antigua y apegada a la tradición y, por ello, no es objeto apenas de revisión o no está sujeta a modificaciones, al menos a corto plazo. Los ritos, especialmente los de carácter religioso, sufren muy pocos cambios a lo largo del tiempo, pues su esencia misma es la permanencia y su apego a la costumbre. El rito es, conforme a la definición de la Real Academia Española, el "conjunto de reglas establecidas para el culto y ceremonias religiosas". El rito es, pues, una ceremonia ejecutada de acuerdo con la costumbre y con las reglas que, acerca de su ejecución, han permanecido a lo largo del tiempo.

    Como manifestación cultural, el ritual ha sido desde siempre objeto de atención por parte de la antropología, que se ha ocupado de definirlo y conceptualizarlo. Marcel Mauss explicó que los ritos son actos tradicionales, es decir, "realizados según una forma adoptada por la colectividad o por una autoridad", por lo que su ejecución no depende de la voluntad personal, sino de la norma colectiva. Sin embargo, Mauss encontró que no todos los actos realizados conforme a la norma (por ejemplo, las reglas de cortesía) son ritos, pues otra característica de los ritos es que la sociedad considere que tienen eficacia por sí mismos, es decir, que con su ejecución se espere lograr una acción material determinada. Así, por ejemplo, con respecto a los ritos agrícolas, el grupo social considera que, tras su realización, las plantas crecerán y la cosecha será abundante. En definitiva, la sociedad da a los ritos una eficacia material.

    Otro estudioso, Émile Durkheim, dio a los ritos una definición más precisa, al explicar que se trata de "reglas de conducta que prescriben cómo el hombre debe comportarse con las cosas sagradas", es decir, son un procedimiento, un protocolo. Lo sagrado, como fuerza de carácter espiritual y sobrenatural, es fuente tanto de poder como de peligro, de ahí que el contacto con las cosas sagradas sea tenido por los hombres como peligroso. Y, por esto mismo, la manera en que individuos y sociedades han de comportarse ante lo sagrado debe estar perfectamente reglada, cumpliendo los ritos el papel de intermediación. Las cosas sagradas, por su propia naturaleza, están separadas del mundo cotidiano y profano, viven una realidad aparte. Las cosas religiosas pueden ser tanto benefactoras, dispensadoras de vida y salud, como maléficas, productoras de impureza, desorden y enfermedad. Por ello, lo sagrado es separado, los seres y cosas sagrados son aislados y protegidos mediante prohibiciones y tabúes. Para relacionarse con ellos, la sociedad acude a los especialistas, personas que tienen el conocimiento o el poder necesarios como para acercarse a lo sagrado sin que se produzca ninguna contaminación o desgracia para el grupo. Y la manera que tienen los hombres para aproximarse a lo sagrado es mediante el rito.

    Ahora bien, no todas las prácticas religiosas constituyen necesariamente un rito, si bien los hombres tienden, en general, a usar palabras y procedimientos de carácter social (es decir, ritual, acorde con la tradición) cuando se acercan a lo sagrado, pues de este modo se sienten más seguros de estar haciendo lo correcto.

    Pese a la dificultad de encontrar una definición única y universal del ritual y a la enorme diversidad existente de ritos, los especialistas han hallado que existen algunos rasgos que tienen un carácter prácticamente universal. Así, los ritos son prácticas religiosas ejecutadas como representaciones dramáticas, que tienen lugar en un espacio y un tiempo considerados sagrados. Durante su ejecución, están pautados aspectos tales como quiénes deben actuar, su indumentaria, el decorado, la iluminación, el guión, los gestos y palabras…, todo ello conforme a la tradición. Se considera, además, que lo que se representa simboliza un acontecimiento fundamental para la vida de la comunidad, ocurrido en un tiempo remoto; el rito reactualiza periódicamente este acontecimiento, lo revive, conectando a la sociedad presente con el momento originario y con los seres que lo habitaron: la periodicidad del rito, el que tenga lugar cada cierto tiempo, siguiendo ciclos, es otra de sus características.

    Los especialistas en historia y antropología de las religiones han distinguido tradicionalmente entre dos tipos de prácticas religiosas: demostrativas y transformativas. Las primeras intentan profundizar en el conocimiento de un determinado estado de cosas, mientras que las segundas promueven modificar un estado de cosas que no es considerado como satisfactorio. Con respecto a las primeras, su propósito es poner a disposición de las personas intervinientes algún tipo de información que no pueden obtener de un modo físico, sino sólo acudiendo a lo espiritual. Así, una de las prácticas rituales demostrativas más importantes es la adivinación, gracias a la cual las personas obtienen una información que les estaba vedada, oculta, como puede ser cuál es la causa de una enfermedad y quién la ha producido, o bien qué acontecimientos deparará el futuro.

    Otro tipo de práctica demostrativa son los ritos de paso, por medio de los cuales el grupo social reconoce los cambios de estado sufridos por los individuos y los grupos. Las sociedades contemplan la vida humana como una evolución, a través de la cual personas y grupos atraviesan diversas etapas, experimentan cambios. En ocasiones, estos cambios son contemplados como momentos de peligro, de indefinición, que deben ser controlados por especialistas y llevados a cabo siguiendo las acciones prescritas. Momentos de paso son el nacimiento, el tránsito de la adolescencia a la edad adulta, el matrimonio, la muerte, la inclusión en un determinado grupo social, las iniciaciones, las investiduras, etc. Todos estos momentos son revestidos de solemnidad, por cuanto se considera que se está atravesando un umbral simbólico por medio del cual se produce un cambio fundamental, sin posibilidad de retorno. En estos casos, siempre, se celebra un rito de paso, que según Van Gennep está conformado por tres fases: separación (alejamiento del grupo de origen, por ejemplo, el de la infancia); transición (actos que marcan la ruptura con el estatus anterior, como la obligación de realizar una acción guerrera o de caza, propias del mundo adulto); e incorporación, es decir, la plena admisión en el nuevo grupo, con frecuencia una celebración de acogida, en la que se celebra el haber pasado los peligros propios del periodo ritual.

    Con respecto al segundo tipo de prácticas, las transformativas, ya se dijo que éstas tienen que ver con el cambio de las condiciones de existencia, es decir, son ritos practicados para lograr una transformación de la realidad. Una de las prácticas transformativas más importantes son los ritos orales, que pueden ser más o menos interpretativos. En algunas culturas, la parte oral resulta mínima, como entre algunos grupos de Nueva Guinea, mientras que en otros casos la narración o el cántico pueden extenderse durante horas. Se pueden distinguir varios tipos de ritos orales: en el sortilegio, el oficiante intenta manipular las fuerzas naturales con el poder de su propia palabra; en la oración, por el contrario, la fuerza no proviene del hechicero que las invoca, sino de los propios espíritus invocados.

    Otra práctica transformativa importante es la magia, dirigida a controlar las fuerzas naturales y los espíritus, con lo que se busca producir lluvia, aumentar las cosechas, combatir la enfermedad, etc. Para ello, el especialista religioso manipula símbolos rituales, sabiendo que de esta forma pone de su lado la voluntad de las fuerzas espirituales y puede conseguir su ayuda para lograr la acción propuesta.

    En el tercer tipo de práctica transformativa, la consecución de estos objetivos depende de seres espirituales cuya voluntad los hombres no pueden manipular, pues aquéllos tienen voluntad propia. Cuando esto sucede, las prácticas rituales deben implicar un cierto grado de comunicación con los seres espirituales, de forma que el oficiante pueda ganarse su voluntad. En estos casos, la práctica indicada es el sacrificio, y en ella se emplean personas, objetos, actos y lugares considerados como intermediarios. Es muy frecuente utilizar objetos y bienes que son ofrendados a los espíritus o dioses, simbolizando una comunión efectiva entre éstos y los hombres. En los sacrificios, la comunicación con el mundo sagrado se produce mediante una víctima, es decir, una cosa, una persona o un objeto que son destruidos en el curso de la ceremonia.