Mitología

    Estatua del dios Apolo, una de las figuras principales de la mitología grecolatina.

    La mitología es la disciplina que se encarga del estudio, el análisis y la interpretación de los mitos. Probablemente, la mitología surge en paralelo con los mitos mismos. Ya desde la Antigüedad griega, si no antes, el ser humano se interesó no sólo por el conocimiento de los mitos, sino por conocer cómo surgen y por descubrir su significado. Los mitos, unidos frecuentemente a la religión en muchas culturas, han contado con especialistas a los que la sociedad reconocía la capacidad de investigarlos e interpretarlos. Con el desarrollo en la Grecia antigua de la filosofía racional, la noción de mito comenzó a ser opuesta a la de logos, es decir, los filósofos –Jenófanes, Platón, Aristóteles– despojaron al mito de buena parte de su capacidad para explicar la realidad, un papel que dejan para la razón, el logos. Algunos filósofos griegos fueron los primeros en poner en duda la veracidad de los mitos, que ya en Homero y Hesíodo habían dejado de ser un dogma de fe para comenzar a ser una unión de literatura e historia, es decir, un relato más o menos verídico. Para Platón, el discurso mítico –que no necesita de pruebas ni argumentos– se opone al discurso racional –que es demostrativo y argumentativo.

    En esta línea profundizará, posteriormente, la doctrina cristiana, que se muestra poco interesada en los mitos, salvo para denostarlos como un relato fantástico e irracional, opuesto a la nociones de historia. La decadencia del pensamiento mítico relega a los mitos a un papel secundario, sustituidos por el discurso de la religión y relegados para pueblos y grupos humanos considerados primitivos.

    Este punto de vista se va a mantener hasta los primeros años del siglo XIX. En estos años comienza a nacer un creciente interés por parte de filósofos, lingüistas y folcloristas por los cuentos tradicionales y por los textos sagrados de la India. La Ilustración, con su afán por explicar racionalmente el mundo, y el romanticismo, con su interés por lo exótico y ancestral, habían puesto de moda el análisis de los mitos y, con él, el resurgir de la mitología como disciplina. El debate entre mito, razón o historia recobró plena vigencia, y el análisis de los mitos comenzó a interesar cada vez más a los científicos sociales. Los ilustrados, pese a poner énfasis en el papel de la razón como herramienta para conocer la realidad, se interesaron por conocer cualquier expresión humana, incluidas los mitos y el fenómeno religioso. Por este motivo, dirigieron sus esfuerzos a explicar el origen de los mitos, su significado y su función. Así, poco a poco surgieron verdaderos sistemas de estudio de los mitos, que más tarde cristalizarían en campos propios dentro de la antropología cultural y el estudio de la historia de las religiones.

    Con respecto a los románticos, su interés en el mito procede de su pasión por lo exótico, lo alejado de su propia cultura tanto en el tiempo como en el espacio. Estos autores se volcaron en el estudio de los mitos indoeuropeos, en los que vieron la fuente de la historia y la cultura occidentales. Así, para estos autores el mito representaba un modelo de pensamiento intrínsecamente humano, exclusivo de los hombres, y en ocasiones tan válido como la razón.

    Los científicos del siglo XIX, a partir del análisis de los mitos indoeuropeos y del folclore, descubrieron dos cuestiones fundamentales. Por un lado, que los mitos presentan una gran variedad en cuanto a su forma –hay relatos que narran el origen de un pueblo o de toda la humanidad; otros son textos sagrados; hay cuentos infantiles…–. Por otro, que, pese a existir una ingente cantidad de mitos esparcidos por múltiples culturas, muchos de estos mitos presentan algunos motivos universales, que se repiten de unas culturas a otras: el diluvio, la presencia de un personaje tramposo, de dos héroes gemelos, etc. Este hecho hizo que algunos pensadores, como F.M. Müller, atribuyeran un origen común a todos los mitos del mundo e incluso defendieran la existencia de un culto solar original, compartido por buena parte de la humanidad arcaica.

    Este punto de vista ganó gran aceptación, y muchos de los esfuerzos por conocer los mitos de otros pueblos se vieron enfocados a refrendar la existencia de un culto universal basado en los astros. La etnología de finales del siglo XIX y principios del XX abundaba en este punto de vista, y autores como Frazer postulan la existencia de un culto generalizado a la fecundidad. Otros autores, como Dorsey, Boas o Tylor, intentarán descubrir cuál es la relación que se produce entre el mito –como relato– y el ritual –como práctica–, indicando que, en ocasiones, ambos ámbitos se confunden o son muy difíciles de distinguir. Malinowsky se interesó por descubrir no tanto cuál es el significado de los mitos, sino cuál es la función que ejercen dentro de una cultura particular, es decir, para qué fueron creados. Para este autor, funcionalista, las culturas necesitan poner en práctica rituales que, a su vez, requieren de los mitos, pues si no fuera así los ritos no tendrían sentido. Es decir, primero surge el relato –mito– y, después, su representación –rito–.

    Otros estudiosos buscaron fuentes distintas de aproximación al mito, de forma que la mitología ha llamado la atención a historiadores, antropólogos, filósofos, arqueólogos, psicólogos o lingüistas. Desde una perspectiva más psicológica, Lévy-Bruhl explicó que el pensamiento mítico es una fase temprana del conocimiento humano y que, por lo tanto, corresponde a la mente primitiva, con lo que se puede asimilar al pensamiento infantil. Otro estudioso, Mircea Eliade, buscó una explicación a caballo entre la historia y la filosofía, defendiendo que los mitos son la expresión del pensamiento típico de los pueblos sin escritura, que perciben el mundo y el tiempo como algo cíclico, y no lineal. Encontró, además, que los mitos funcionan como una explicación del ser, una forma de conocimiento coherente, que se expresa por medio de símbolos.

    En los años 50 del siglo XX el análisis de los mitos se vio convulsionado por la aparición de Claude Lévi-Strauss. Este antropólogo revolucionó los estudios mitológicos, basándose en los recientes descubrimientos sobre lingüística estructural y en el método comparativo. Lévi-Strauss profundizó en la idea de que todos los mitos pueden ser despojados de lo anecdótico y ser reducidos a temas y relaciones universales, que obedecen al orden lógico del lenguaje, con lo que esa misma lógica está presente en todas las culturas. El análisis estructuralista de este autor dio sus mejores resultados en el estudio de las mitologías amerindias, hallando unos principios básicos comunes extendidos por el continente. Otros autores han estudiado con este mismo método otras mitologías, como en los casos de Vernant y Détienne sobre el mundo antiguo; Belmont, relacionando la mitología clásica y los cuentos del folclore europeo; o Dumézil, quien analizó materiales indoeuropeos y caucásicos.

    Los etnólogos han encontrado que, según sus temas y estructura, es posible realizar un agrupamiento de los diversos mitos reportados por la etnografía. Así, han hallado que existen mitos cosmogónicos –cuentan el origen del mundo–, de los héroes culturales –hablan de seres que crean o descubren algo básico para la subsistencia de una cultura concreta–, de fundación –atribuyen la fundación de un lugar a un ser ancestral–, de nacimiento y renacimiento –hablan de una transformación pasada o futura de la sociedad, como los mitos milenaristas–, etc.