Servidumbre

    Del latín, servus, siervo, era el término con el que se designaba una situación similar a la esclavitud propia del ámbito rural. Como siervo se define al campesino que está sometido a un régimen jurídico de dependencia, una institución característica sobre todo del régimen feudal medieval. En la Edad Media, los códigos jurídicos establecieron, sobre la base del derecho germánico, la existencia de personas no libres, cuyas vidas estaban sujetas y pertenecían a un señor feudal, que podía ser un noble, un eclesiástico o una institución, como los monasterios.

    La condición de siervo era hereditaria, y el hombre, la mujer y sus hijos que nacían siervos morirían siéndolo. Además, estaban ligados a la tierra en la que trabajaban, pudiendo abandonar el dominio señorial sólo si su señor se lo permitía. Su trabajo consistía en labrar las tierras del señor, cuidar del ganado y realizar las labores agrícolas típicas, aunque en los siglos XI y XII comenzaron a disponer de algunos de los frutos de su trabajo y lograron algunas libertades y exenciones. Los siervos, aunque obligados a trabajar para el señor, disponían de una porción de tierra para su sustento, por cuyo uso debían pagar a su señor una parte de sus ganancias, en metálico o en especie. Además, muchos debían pagar también por obtener el permiso del señor para casar a sus hijas, por usar carretas, por utilizar el molino o por recibir una herencia.

    A partir del siglo XIII se generalizó otro tipo de sometimiento, la talla, según la cual los siervos quedarán vinculados, no ya al señor feudal personalmente, sino a la tierra que ocupaban. Adscritos al terreno en el que vivían y trabajaban, eran considerados una propiedad y, si la tierra era vendida, ellos adquiridos con ella por su nuevo propietario. A cambio, el señor se obligaba a darles protección jurídica y militar, frente a otros señores o a los delincuentes. De igual modo, los siervos esperaban de su señor que los ayudase en caso de hambrunas o grandes catástrofes.

    Aunque la Revolución francesa eliminó el estatus de siervo, la condición servil no desapareció en su totalidad, sino que siguió existiendo en muchos países y en determinadas regiones eminentemente agrícolas, como la Rusia imperial, hasta bien entrado el siglo XIX.