Urbanismo

Trazado urbanístico con rascacielos en la ciudad de Francfort.

Disciplina que estudia el desarrollo, la morfología, la estructura y la funcionalidad de las ciudades, proponiendo soluciones de intervención sobre los problemas que les afectan. En la medida en que la ciudad es un ente que se ve afectado por cuestiones económicas, sociales, políticas, arquitectónicas, culturales, jurídicas, etc., el urbanismo aúna en sí a varias disciplinas, siendo una actividad en la que se ven implicados arquitectos, sociólogos, economistas, juristas, políticos, etc.

Condicionantes del urbanismo

La complejidad de la ciudad actual hace del urbanismo uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan las sociedades contemporáneas. Actualmente, la mayor parte de la población mundial vive en un ámbito urbano, una tendencia que se acentúa año tras año. Además, las ciudades y sus áreas metropolitanas incrementan su tamaño y población de manera constante, con algunas megaurbes que sobrepasan con mucho los quince millones de habitantes, como Tokio, Seúl, Ciudad de México, Los Ángeles, Nueva York, Sao Paulo, Pekín, Bombay, etc. Los problemas que genera esta concentración son de toda índole: escasez de vivienda, insuficiencia de infraestructuras (abastecimiento, transportes, sanidad, etc.); excesiva densidad humana (con problemas como la masificación de algunas áreas, marginalidad, distribución desigual, delincuencia); problemas medioambientales y otros. El urbanismo se encarga, pues, de detectar y estudiar estos problemas, realizando propuestas de intervención sobre el entorno urbano ya existente y planificando el desarrollo de las nuevas áreas urbanas.

El urbanismo es tan antiguo como las propias ciudades. Las primeras urbes, que surgieron durante el neolítico, ya fueron construidas siguiendo una idea o un plan que respondía a las necesidades de sus habitantes. La cercanía a fuentes de agua dulce, la ubicación junto a vías de comunicación o las necesidades defensivas fueron algunos de los criterios que siguieron los primeros constructores de ciudades para elegir su emplazamiento. Así, la mayoría, por no decir todas las ciudades antiguas, fueron ubicadas junto a un río o alguna otra fuente de aprovisionamiento de agua; igualmente, muchas ciudades se edificaron en caminos o rutas, tanto terrestres como marítimas y, de igual modo, los antiguos constructores buscaron una defensa favorable frente a un posible ataque exterior, eligiendo emplazamientos como colinas, islas, lugares resguardados, etc.

Elegido el mejor lugar posible, el primer planeamiento urbano consistió en escoger el trazado ideal, una preocupación que revelan las excavaciones arqueológicas. Las primeras ciudades ya muestran una planta determinada, fruto de un incipiente planeamiento. En muchas ocasiones el modelo elegido fue en forma de cuadrícula, aunque debiendo adaptarse a las características del terreno. Las calles fueron trazadas, igualmente, de un modo rectilíneo, alineando las casas a ambos lados. Además, los edificios más representativos, como los templos y lugares de culto, fueron ubicados en una posición central, y todo el conjunto urbano fue rodeado de una muralla. Finalmente, a medida que la ciudad se hacía más grande fue necesario dotarse de infraestructuras que cubriesen las necesidades de sus habitantes: agua, alimentos, saneamiento, comunicaciones, etc.

Por supuesto, este proceso, aunque bastante generalizado, tuvo lugar de forma diferente según las distintas épocas y culturas del mundo. Así, no siempre el modelo trazado fue la ciudad de planta cuadrangular y de calles rectas. En muchas ocasiones, para primar la facilitación de la defensa, algunas sociedades eligieron levantar sus ciudades con un trazado circular o irregular, más fácil de amurallar y defender, con calles recogidas y estrechas; en otras, como en las ciudades árabes, las calles, angostas y retorcidas, fueron trazadas así para dificultar la entrada del calor del sol y favorecer la sombra.

El urbanismo en Grecia y Roma

Ya en las antiguas Grecia y Roma surgieron voces que criticaban el modo de vida urbano, denunciando la aglomeración de personas, la suciedad, la delincuencia, las prisas o la carestía de la vida y, en consecuencia, defendiendo el modo de vida rural. La preocupación por mejorar los problemas de la ciudad o por diseñar la ciudad ideal estuvo ya presente en algunos pensadores griegos y romanos, precedentes del urbanismo actual.

Uno de los primeros fue Hipodamo de Mileto, defensor de un planeamiento racional y geométrico, que fue el responsable de la planta de El Pireo y Priene.

En Roma, los arquitectos continuaron la línea trazada por los griegos, levantando ciudades siguiendo un esquema racional. Las nuevas ciudades fueron edificadas en torno a dos ejes principales que se cruzaban en perpendicular (cardo y decumanus), y que confluían en un amplio espacio, el foro, para las actividades públicas (mercado, actos públicos, etc.). En el caso de las colonias militares, el diseño en rejilla facilitaba la defensa, pues el desplazamiento de las tropas podía realizarse de un modo ordenado, pudiendo acudir a defender la muralla con la mayor eficacia.

El urbanismo medieval

A la caída del imperio romano, las ciudades perdieron importancia en favor del medio rural. La inseguridad ante las invasiones o la delincuencia hizo que las poblaciones se refugiaran en torno a castillos o monasterios, levantando sus casas alrededor de ellos sin seguir un patrón definido, sino buscando la simple cercanía. Las ciudades medievales, pues, siguen un patrón desordenado, con callejas estrechas de formas caprichosas, extendidas en las faldas de la ladera de un monte presidido por un castillo o en torno a una iglesia.

Al mismo tiempo, fuera de Europa fueron surgiendo ciudades con modelos y necesidades diferentes. En China, por ejemplo, la corte imperial se apoyó en la construcción de ciudades administrativas, planificadas para servir de cabecera burocrática, generalmente de planta cuadrangular, con amplias avenidas y zonas residenciales, palaciegas, etc. En algunas áreas de América, mientras tanto, el patrón más extendido era el centro ceremonial, un inmenso recinto urbano en el que se aglutinaban numerosos templos, con zonas palaciegas y, en los alrededores, las viviendas populares. Un ejemplo de esto es la ciudad de Teotihuacan, en México, que cuenta con grades avenidas presididas por dos grandes pirámides, con palacios y zonas residenciales alrededor.

Renacimiento e Ilustración

En Europa, el fin del mundo medieval corre en paralelo con el auge de las ciudades, que se configuran como un espacio de libertad frente al régimen feudal. Las ciudades prosperan económicamente gracias al comercio y la artesanía, y crecen en número de habitantes, atraídos por las mayores oportunidades de supervivencia. Catedrales y palacios son el nuevo símbolo de la pujanza urbana, y las ciudades compiten entre sí, impulsadas por los mercaderes, por alcanzar mayores cotas de riqueza y majestuosidad.

Retomando los ideales del urbanismo clásico, los arquitectos renacentistas se interesaron por la geometría y la racionalidad. El patrón clásico puede verse en grades estructuras urbanas, como las plazas de San Pedro en Roma o San Marcos en Venecia. Se prefieren, sin embargo, las calles amplias, que parten de un modo radial desde el centro urbano, cruzándose con otras de forma circular. En otros casos, los planificadores prefieren un patrón de cuadrícula, como el que se impondrá en las fundaciones urbanas que realicen los españoles en América entre los siglos XVI y XVIII, con un gran espacio central, llamado plaza mayor.

La explosión urbana

La revolución industrial y demográfica que se produce en el siglo XIX hace que las ciudades comiencen un proceso de crecimiento que se prolongará durante muchas décadas. Se acentúan entonces los problemas de hacinamiento, insalubridad e inseguridad y, para paliarlos, la pujante burguesía plantea un nuevo modelo de ciudad, siguiendo modelos en los que se prima la funcionalidad frente a la estética. Así, en muchas ciudades europeas las viejas murallas medievales, que impiden el crecimiento urbano, son derribadas, permitiendo ensanchar la ciudad con nuevos barrios que, esta vez sí, crecen ordenados, con amplias avenidas y plazas. En París, por ejemplo, Haussmann acaba con los últimos restos de la ciudad medieval, sustituyéndola por un trazado en forma de estrella en el que priman la monumentalidad y la movilidad.

Durante el siglo XX, y especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, las ciudades del mundo crecen de forma espectacular, lo que multiplica los viejos problemas urbanos. Para paliarlos surge el urbanismo como una disciplina en la que trabajan arquitectos, sociólogos, economistas, juristas, antropólogos, políticos, etc. Las ciudades se convierten en un problema de orden mundial y la cuestión urbana es objeto de numerosos estudios e investigaciones. Las fundaciones de nuevas ciudades son escasas (destaca, a este respecto, Brasilia), por lo que el interés de los urbanistas se centra en la intervención sobre las ya existentes, planeando soluciones tanto para el entorno urbano tradicional como para los nuevos barrios y remodelaciones.