Paleoantropología

    La paleoantropología estudia el ser humano a través de los restos fósiles de la especie.

    Rama de la antropología física que trata del proceso de transformación de la especie humana, desde sus ancestros hasta su estado actual. Etimológicamente, el término procede del griego y significa “estudio del ser humano antiguo” (paleo, “antiguo”; anthropos, “hombre”; logos “estudio”).

    Los homínidos fósiles, que son la evidencia de los diferentes estadios evolutivos de lo que hoy es la especie humana, son los principales datos con los que trabaja la paleoantropología a lo largo de todo el planeta ya que son los que permitirán explicar el surgimiento del ser humano y las sucesivas transformaciones que tuvieron lugar para llegar a nuestra especie.

    Con este fin, la paleoantropología se apoya en otras ciencias como la geología, la paleoecología, la genética y la primatología. Por otra parte, la arqueología, que incide en los aspectos culturales de la evolución humana, es complementaria de la paleoantropología, que estudia los aspectos biológicos de ésta.

    Podría decirse que el punto de arranque de la paleoantropología fue la publicación del Origen de las especies, de Charles Darwin, en 1859. Tres años antes se había encontrado en una cantera de Alemania, en el valle de Neander, un conjunto de restos fósiles pertenecientes a lo que más tarde se conocería como Homo sapiens neanderthalensis u hombre de neandertal. El reconocimiento de este ejemplar como perteneciente a un estadio evolutivo anterior al ser humano actual y su conexión con las teorías de Darwin fueron el comienzo de una búsqueda, en ocasiones frenética, del llamado “eslabón perdido”.

    Este concepto presuponía que tenía que existir una especie intermedia, mitad simio y mitad humano. Hoy se sabe que la evolución no es una cadena lineal, sino un árbol con muchas ramas, algunas de ellas simultáneas y paralelas. También se entiende que no hay un solo eslabón perdido, sino muchos, representados por los distintos géneros y especies que presentan algunos rasgos similares a los de los póngidos y otros a los de los humanos.

    Tras exhaustivos estudios de anatomía comparada, fue Thomas Huxley el primero en sugerir en 1863 la relación del hombre con los grandes primates africanos, partiendo de él la idea de que el Homo sapiens había evolucionado a partir de un ancestro común con los simios.

    La búsqueda de ese ancestro llevó al naturalista Eugène Dubois a descubrir entre 1886 y 1895 restos de lo que él llamó Pitecahthropus erectus (hombre-mono erguido) que es la especie que hoy conocemos como Homo erectus.

    Entre mediados del siglo XIX y mediados del XX, se realizaron muchos hallazgos de fósiles, algunos de extraordinaria importancia, como el cráneo de Cro-Magnon, la mandíbula de Mauer, el cráneo de Pekín o el llamado niño de Taung. Este último fue descubierto por el profesor de anatomía Raymond Dart en 1924. Se trataba de una parte del cráneo, parecido al de un mandril a no ser porque su base craneal hacía sospechar que el niño que lo había poseído caminaba erguido. En 1925 fue descrita la especie Australopithecus africanus, pero la controversia social no permitió apreciar la importancia del hallazgo.

    El verdadero despegue de la paleoantropología llegó a partir de la segunda mitad del siglo XX, con el descubrimiento de los grandes yacimientos de fósiles que flanquean el valle del Gran Rift. El trabajo en esta zona está jalonado de hitos, como el descubrimiento de Lucy, el esqueleto fósil de homínido (Australopithecus afarensis) más completo existente hasta la fecha. Éste fue descubierto por Donald Johanson en el yacimiento de Hadar (Etiopía) en 1974.

    En los últimos 20 años, el avance en los estudios sobre la evolución humana ha sido espectacular. La edad de los homínidos bípedos se ha retrasado al menos hasta hace siete millones de años con el hallazgo de nuevos géneros como el Sahelanthropus tchadensis o el Ardipithecus ramidus.

    Por otra parte, la aplicación de nuevas técnicas como la tomografía, la simulación por ordenador, la robótica, las dataciones radiométricas o el paleomagnetismo, auguran un futuro prometedor para esta disciplina.