Mesopotamia

    Imagen por satélite de una región de la antigua Mesopotamia, en Iraq.

    Termino derivado del griego mesopotamos, “entre ríos”, que designó en la antigüedad a una vasta región comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates y las tierras fértiles circundantes. Para algunos investigadores, el término debería aplicarse también a la franja norteña que abarca desde los montes Zagros hasta los límites sudorientales de la Anatolia.

    La región mesopotámica conoció en la antigüedad algunas de las primeras y más importantes civilizaciones de la historia de la humanidad. Tras un periodo inicial marcado por las ciudades estado de Sumer (3500 a. C.), el esplendor mesopotámico llegó de la mano de Acad (2350 a. C.) y sobre todo, de los imperios asirio, al norte, y babilónico, al sur (ambos a comienzos del II milenio a. C.). Su historia acabaría en torno a los siglos VII y VI a. C. debido a la aparición del pueblo iranio de los persas, gran dominador del Medio y Próximo Oriente en la antigüedad tardía.

    La existencia (y coexistencia) de estas poderosas entidades estatales hizo que la edad antigua mesopotámica estuviera marcada por continuas guerras y conflictos, ya fuera entre los estados que dominaban la región o entre estos y sus vecinos (los poderosos egipcios e hititas). Si bien algunos investigadores parecen querer recalcar lo cruento de estos imperios remarcando las historias de matanzas y empalamientos con que los reyes adornaron sus crónicas, la mayoría prefiere subrayar la importancia de Mesopotamia en cuanto a cuna de la civilización.

    Ciertamente, Mesopotamia no fue la primera región en desarrollar una cultura neolítica o urbana, hitos históricos que deben ser adjudicados a la Anatolia, al Próximo Oriente o a la India occidental. Sin embargo, fue en ella donde se dieron los primeros fenómenos estatales a gran escala (contemporáneos a los del antiguo Egipto). Esta construcción estatal no fue posible sin el desarrollo de algunas herramientas básicas como la escritura cuneiforme o el derecho (código de Hammurabi), elementos que aparecen por primera vez de forma definida en la historia de la humanidad. Así mismo, las civilizaciones mesopotámicas son responsables de la invención de la rueda, del desarrollo de las matemáticas y la astronomía, de la implantación de economías monetarias, etc.

    Todos estos elementos, tras su difusión hacia Occidente, fueron imprescindibles para el desarrollo de las culturas mediterráneas clásicas: Grecia y Roma.

    Tablilla de cerámica del reinado de Hammurabi.