Reino visigodo

Pueblo germánico de la familia de los godos que, tras recorrer amplias zonas de Europa e invadir territorios del Imperio romano, se estableció como federado de Roma en la Galia y en Hispania. Constituyeron un importante reino que se mantuvo hasta el siglo VIII, cuando fue destruido por la expansión árabe.

Orígenes

Procedentes del norte de Europa, en el siglo IV estaban establecidos en tierras de las actuales Rumania y Moldavia, donde practicaban la agricultura. La invasión de los hunos los expulsó de sus territorios y huyeron a través del Danubio; fueron admitidos en el imperio romano hasta que las exacciones a que se veían sometidos provocaron su sublevación. En el año 378 vencieron a los romanos en la batalla de Adrianópolis y más tarde fueron admitidos como federados en Mesia y Tracia (en los Balcanes), donde se comprometieron a defender la frontera del Imperio.

A comienzos del siglo V, Alarico, el primer líder que tomó el título de rey, dirigió numerosos ataques al Imperio y llevó a cabo el saqueo de Roma en 410. Su sucesor, Ataúlfo, llevó a los visigodos a la Galia, donde, en 419, creó el reino visigodo de Tolosa (actual Toulouse, Francia).

El reino visigodo (419-711)

Los visigodos recibieron Aquitania (en la actual Francia), con el compromiso de defender el territorio frente a otros pueblos. También en Hispania llegaron a un pacto para asegurar el Imperio contra los suevos. La debilidad de Roma les permitió ampliar sus territorios y crear un reino que dominaba lo que hoy es el sur de Francia y buena parte de la península Ibérica.

Economía y sociedad

Los visigodos eran uno de los pueblos germánicos más desarrollados, que combinaban la práctica de la agricultura y la ganadería con la guerra. En sus tierras, la economía se fue organizando progresivamente en torno al latifundio. Continuó el proceso de ruralización de la sociedad y de decadencia de las ciudades y del comercio, iniciado durante el Bajo Imperio Romano. La nobleza de grandes propietarios adquirió el control sobre el territorio y sobre buena parte de la población que, mediante la encomendación, quedaba vinculada por un pacto de fidelidad al señor, quien a su vez se encargaba de recaudar impuestos para la monarquía.

Organización política

El rey era el depositario del poder militar, judicial y de gobierno, pero su capacidad de actuación estuvo cada vez más limitada por las luchas de la nobleza para consolidar su posición. Se mantuvo la antigua división territorial romana, otorgando el gobierno de cada provincia a un “duque” y las divisiones de ésta a un “conde”, ambos cargos reservados a miembros de la alta nobleza. El poder era ejercido también por dos asambleas políticas, el Aula Regia y los Concilios.

A pesar de algunos intentos para imponer leyes de herencia al trono, se mantuvo el sistema electivo, consolidado en el IV Concilio de Toledo (633). Esto ocasionó sangrientas luchas por la sucesión de la corona, así como el progresivo debilitamiento del reino. A finales del siglo VII el poder del rey era muy limitado y el ejército central había sido prácticamente sustituido por ejércitos privados de los nobles.

El derecho godo, basado en la pertenencia a un grupo y no en la territorialidad, resultaba poco aplicable en un reino de población mayoritariamente hispanorromana (los godos constituían aproximadamente el 5%). Se realizaron varias recopilaciones legislativas que culminaron en el Liber Iudicorum, también conocido como Fuero Juzgo, publicado por Recesvinto en 656, que fue el primer código aplicable a toda la población del reino.

Aunque de fe arriana, terminaron adoptando el catolicismo, mayoritario entre la población hispanorromana. La conversión del rey Recaredo y la adopción del catolicismo como religión oficial en el III Concilio de Toledo (589) dio paso a una importante participación de la Iglesia en el poder político.

Evolución histórica

Desde su reino con capital en Toulouse, los primeros reyes extendieron su poder desde el Loira (Francia) hasta tierras de España, y alcanzaron su máxima extensión bajo el gobierno de Eurico. En el año 507, su sucesor, Alarico II fue atacado por los francos y derrotado en la batalla de Vouillé. Tras esta derrota perdieron casi todo su territorio en la Galia y trasladaron su corte a Hispania, donde dio comienzo el reino visigodo Hispano o de Toledo.

Bajo el reinado de Leovigildo (568-586) consiguieron el dominio de la mayor parte del territorio hispano, al anexionarse el reino de los suevos en Gallaecia (Galicia), Cantabria y algunas ciudades ocupadas por los bizantinos en el sudeste. Leovigildo fijó su corte en Toledo y llevó a cabo una política centralizadora; también venció la rebelión de los católicos en el sur, liderados por su hijo Hermenegildo.

A partir de mediados del siglo VII las luchas por el trono entre las familias más poderosas se hicieron constantes. En el año 700, el rey Egica, con su salud mermada, asoció al trono a su hijo Witiza, quien le sucedió a su muerte. Aunque las leyes de sucesión se basaban en la elección entre la alta nobleza, la sucesión por herencia era defendida por los hispanorromanos, apoyados por los obispos. A la muerte de Witiza, en 710, los nobles eligieron rey a Rodrigo, duque de la Bética, mientras que otra facción defendía la corona para Akhila, hijo de Witiza. Ambos bandos se enfrentaron en una guerra civil en la que vencieron los partidarios de Rodrigo. No obstante, en el año 711, los árabes y beréberes del norte de África cruzaron el estrecho de Gibraltar e invadieron la península Ibérica, con el beneplácito de los partidarios de Akhila. Rodrigo fue derrotado en la batalla de Guadalete (711), en la que perdió la vida, y el reino visigodo fue definitivamente destruido.