Humanismo

Escultura de David, obra de Miguel Ángel, que refleja la unión entre humanismo y Renacimiento.

Movimiento cultural ligado al Renacimiento, que se desarrolló en Europa durante los siglos XIV y XV, cuyo objetivo era la consecución de las más altas virtudes humanas a partir de la recuperación de la cultura de la antigüedad grecorromana. El movimiento nació en Italia y tuvo sus primeras manifestaciones en el terreno de la literatura y el arte para extenderse posteriormente a otros países europeos y ampliar su campo de acción hacia otros ámbitos como la teología o la educación.

Definición

El término “humanismo” comenzó a ser utilizado por estudiosos alemanes en el siglo XIX, para referirse a las tendencias culturales del Renacimiento que centraban su interés en la recuperación y el conocimiento de la cultura clásica. Conviene precisar que el término “Renacimiento” tiene un significado amplio, pues engloba también aspectos de la vida social y económica, mientras que “humanismo” es un término que se refiere exclusivamente a los aspectos culturales de dicha época.

Durante el Renacimiento, la actitud predominante respecto al estudio y la cultura cambió radicalmente respecto al periodo histórico precedente. Si durante la edad media toda la actividad intelectual estuvo enfocada hacia Dios, la nueva corriente de pensamiento que surgió en el siglo XIV comenzó a considerar al hombre desde una nueva óptica, defendiendo su derecho y su deber de saber para poder mejorar así el mundo que le rodeaba. Los studia humanitatis, que constituyeron el modelo de adquisición de cultura preferido, incluían, además de las tradicionales gramática y retórica, poesía, historia y filosofía moral. Ante la imposibilidad de encontrar el saber en maestros de las generaciones inmediatamente anteriores, sumidas en la época de oscuridad que luego se llamó edad media, los humanistas buscaron sus fuentes del saber en la cultura de la antigüedad o en lo que pudieron rescatar de ella.

Los principios que caracterizaron el humanismo se pueden sintetizar en:

Interés por la cultura clásica. Lejos de pretender un respeto reverencial hacia los textos antiguos, veían en ellos un instrumento que les permitía conocer mejor al ser humano y la naturaleza. El estudio y análisis de las obras literarias de la antigüedad grecorromana fue una de las actividades más apreciadas por la cultura humanista, pues en ellas encontraban no sólo explicaciones sobre el pasado sino claves para comprender el presente y el futuro.

Individualismo, es decir, creencia en la libertad de la persona. Dentro de la óptica cristiana pero con fuertes matices que diferenciaban a unos autores de otros, los humanistas hicieron gran hincapié en la capacidad del hombre para labrar su propio futuro, para mejorar su propio ser y su entorno. El principio de libertad individual, llevado a su máxima expresión por autores como Pico della Mirandola, abrió el camino a la idea de la aspiración a la virtud como una meta deseable para todo ser humano.

Realismo, entendido como el rechazo a las creencias no dotadas de base real. Los humanistas defendían la observación y análisis de las propias experiencias y de la naturaleza, como base sobre la que construir las ideas. El gusto por la exploración de los detalles, rasgo característico del humanismo que aparece de forma frecuente en obras de todo tipo, se deriva de este interés por la observación. Consecuencia lógica del realismo es el nacimiento de las ciencias, tanto naturales como sociales: la historia y la ciencia política experimentaron un gran avance en esta época y personajes como Leonardo da Vinci sólo se pueden comprender en todo su sentido desde la óptica del humanismo.

Los orígenes del humanismo

Durante el largo periodo que siguió a la decadencia y caída del Imperio romano, la cultura clásica quedó olvidada en Europa occidental, pero se conservó en algunos reductos de los cuales pudo ser rescatada siglos después. En periodos y lugares puntuales de la Europa medieval surgieron enclaves que llevaron a cabo una labor de recuperación y conservación cultural, como sucedió en la corte carolingia del reino franco (siglos VIII y IX) o en la corte de Alfonso X en Castilla (siglo XIII). Por otro lado, el Imperio bizantino, autoproclamado heredero del Imperio romano, había actuado como centro de conservación de las culturas griega y romana durante la llamada “edad oscura”. Cuando la capital, Bizancio, fue conquistada por el Imperio otomano en 1453, muchos de los intelectuales que allí trabajaban emigraron a Italia, donde encontraron una sociedad absolutamente receptiva a los conocimientos que ellos podían aportar. Este excepcional contacto cultural dio un nuevo impulso a la corriente humanista.

Entre los autores cuyas características nos permiten considerarlos precursores del movimiento humanista destaca el florentino Dante Alighieri (1265-1321). Su defensa del uso de la lengua vulgar en la literatura, frente al latín, que era considerado en la época como una lengua superior, contribuyó a la creación de una nueva cultura más comprensible y de más fácil acceso para mayor número de personas. En el terreno político fue un firme defensor de la unidad de Italia, aspecto en el que coincidió con humanistas posteriores como Petrarca. En obras suyas como La divina comedia aparecen personajes de la antigüedad junto a personajes contemporáneos y sus frecuentes citas de autores clásicos lo convierten en un precedente del humanismo.

Principales intelectuales humanistas

La nueva corriente de pensamiento se desarrolló a lo largo de más de dos siglos por Europa y a ella se fueron adhiriendo muchos de los literatos, pensadores y artistas de la época. La invención y generalización de la imprenta de tipos móviles en la segunda mitad del siglo XV contribuyó en gran medida a la dispersión de estas ideas por diversos países, por lo que el número de autores que se pueden calificar como humanistas es enorme. Entre los que destacan por su contribución teórica a la configuración del pensamiento humanista podemos citar los siguientes:

Francesco Petrarca (1304-1374) es generalmente reconocido como el fundador de este movimiento. Consciente de la brecha que se abría entre su concepción del mundo y la que había predominado durante los siglos anteriores, Petrarca encabezó una elite cultural que pretendía instaurar los nuevos valores humanistas. Promovió la recuperación y traducción de los textos clásicos a las lenguas vernáculas y gracias al reconocimiento general que recibió en su época se convirtió en un personaje central de la cultura de su época. Utilizó la lengua italiana en algunas de sus obras más famosas, como el Cancionero, que se convirtió en modelo para autores renacentistas posteriores con su alegre concepción de la vida y la belleza.

Boccaccio (1313-1375) fue un discípulo y amigo de Petrarca que contribuyó con importantes aportaciones al desarrollo del humanismo. De sus obras, la que quizá refleja mejor el espíritu humanista es el Decamerón, colección de cien cuentos sobre el amor en los que describe con comprensión y amabilidad la naturaleza humana.

Leone Battista Alberti (1404-1472), arquitecto, poeta y ensayista italiano, fue una figura emblemática para el humanismo. Con producciones de extraordinaria calidad en numerosas ramas del saber, poseía también destacable fuerza física y fue admirado por sus contemporáneos como modelo de hombre humanista que combinaba intelectualidad y acción.

Antonio de Nebrija (1444-1522) fue uno de los escasos representantes del humanismo en España, país en el que el movimiento se vio frenado por la Inquisición, con la que coincidió en el tiempo, y por el movimiento de la Contrarreforma. Se formó en las Universidades de Salamanca y Bolonia y sus trabajos reflejan el espíritu del movimiento humanista. Preocupado por extender el conocimiento y uso adecuado de la lengua, elaboró una importante gramática latina y en 1492 publicó lo que constituye su obra más destacada, la Gramática de la lengua castellana. En esta obra describió y estableció, con un espíritu científico novedoso en su época, las normas para el correcto uso de la lengua castellana. También contribuyó al conocimiento de autores clásicos en varios comentarios eruditos a sus obras.

Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fue una de las figuras clave del humanismo, tanto por sus aportaciones como por su papel en la difusión del pensamiento humanista en Europa. Estudió en París y viajó luego a Inglaterra, donde entró en contacto con humanistas ingleses como Tomás Moro o John Colet y, a través de ellos, con el humanismo italiano. Fue un firme defensor de la libre voluntad humana, lo que le llevó a serios enfrentamientos tanto con la Iglesia católica como con la luterana.

Nicolás Maquiavelo (1469-1527) dio un papel fundamental a la Historia como fuente de conocimiento de la naturaleza humana. Desde una óptica similar a la utilizada por Boccaccio en sus obras literarias o Galileo en sus experimentos científicos, es decir, sin pretensión de juicio moral sino con un mero afán descriptivo, Maquiavelo creó las bases sobre las que se asentarían las futuras ciencias sociales.

Baltasar Castiglione (1478-1529) describió en su obra Il Corteggiano (El cortesano) el ideal humano renacentista que combinaba, en un cuidado equilibrio, intelectualidad y acción. La traducción al castellano de esta obra, realizada por Juan Boscán, jugó un papel esencial en la difusión del pensamiento humanista en España.

Juan Luis Vives (1492-1540) destacó en sus obras sobre filosofía y educación, tema en el que se manifestó opuesto al pensamiento escolástico medieval. Aunque nacido en España, el clima de persecución religiosa imperante en la época le obligó a trasladarse primero a París y luego a Brujas e Inglaterra donde desarrolló su trabajo.

El papel de las cortes italianas

El florecimiento del humanismo en Italia debió su éxito al favorable contexto político y económico en que surgió. Las ciudades-estado italianas vivían una época de crecimiento económico sustentado en una próspera burguesía urbana con suficiente fuerza política para participar en el gobierno de las ciudades. El humanismo constituía una ideología favorable a esta nueva situación social y económica. La búsqueda de la perfección del ser humano, el individualismo, el conocimiento social... no sólo no se oponían sino que colaboraban al desarrollo de las nuevas relaciones precapitalistas. Varias cortes italianas mostraron gran interés en apoyar el desarrollo del humanismo, lo cual fue fundamental pues proporcionó recursos a los intelectuales que pudieron así despreocuparse de cuestiones materiales para dedicar su talento a crear sus obras. Posteriormente las universidades jugaron un notable papel en la difusión del movimiento por Europa pero, esencialmente, el humanismo brotó de las ciudades-estado italianas.

En Florencia, Cosme de Medici fundó la Academia Platónica con el objetivo de fomentar los estudios de filosofía y el conocimiento de los autores clásicos. Marsilio Ficino fue una de las figuras destacadas que trabajó en esta institución. Su conocimiento del griego clásico le permitió afrontar la traducción las obras de Platón. Su interpretación de las mismas dio forma al neoplatonismo, corriente predominante durante el Renacimiento que pervivió durante siglos posteriores. Uno de sus discípulos, Pico della Mirandola, se convirtió también en un importante maestro de la Academia y uno de los primeros en utilizar el término humanista para referirse a la nueva forma de concebir la cultura y el papel humano en la historia. El nieto y sucesor de Cosme, Lorenzo de Medici, fue, al tiempo que gran mecenas de los intelectuales humanistas, modelo hombre renacentista: con inquietudes intelectuales, practicó la poesía, la música, la filosofía y, por supuesto, la política, destacando también como hombre de acción. La Academia Platónica acogió a muchos de los intelectuales bizantinos que habían huido de Constantinopla tras la toma de esta ciudad por el Imperio otomano.

En Roma, el papa Pío II, cuyo carácter humanista se manifestó en su interés por proteger las artes y las letras y también en sus propias producciones, encargó a Giulio Pomponio Leto la fundación de la Academia Romana, institución dedicada a la arqueología y a la conservación de restos de la antigüedad. El pontífice Nicolás V, que también destacó por su carácter humanista, descubrió textos antiguos de Plauto y de Cicerón y fundó la Biblioteca Vaticana.

En Nápoles, la corte de Alfonso V (rey de Aragón, Sicilia, Cerdeña y Nápoles) actuó como foco intelectual humanista y sirvió de puerta de entrada de esta corriente de pensamiento en Aragón. A su muerte, Giovanni Pontano fundó una Academia, conocida como Academia Pontaniana, con el fin de retener a los artistas que allí trabajaban.

En Urbino, el “condotiere” Federico da Montefeltro creó uno de los centros de cultura renacentista más importantes de Italia. Empleó buena parte de la fortuna conseguida en sus conquistas en formar una completísima biblioteca y financiar los trabajos de importantes artistas como Piero della Francesca, que nos ha legado un conocido retrato de su mecenas.

Influencia del humanismo en las artes y las ciencias

Los humanistas no percibían una frontera clara entre arte y ciencia y, mucho menos, la distinción entre las distintas artes que comenzó a establecerse en siglos posteriores. Para ellos se trataba de caminos que se interconectaban y que guiaban al “artista”, entendido éste en un sentido muy amplio, hacia el conocimiento más profundo de la naturaleza y del ser humano. Proliferaron así autores polifacéticos que cultivaron tanto la poesía, pintura o arquitectura como las matemáticas o la física, entre los que podríamos citar al genial Leonardo da Vinci o Leone Battista Alberti.

La pintura y la escultura renacentistas están imbuidas de humanismo tanto en los temas como en la forma de representarlos. La proliferación de personajes y escenas clásicas se comenzó a manifestar en el quattrocento(siglo XV) y llegó a su cenit en el cinquecento (siglo XVI) con obras como El nacimiento de Venus o La Primavera de Botticelli, o Las tres gracias de Rafael, por citar sólo algunos. Incluso obras inspiradas en la literatura cristiana son tratadas desde una óptica grecorromana. Como ejemplo más destacado, el David de Miguel Ángel mantiene una estética clásica, mejorada por la técnica del genial artista que lleva las proporciones griegas a su máxima perfección. La observación y representación minuciosa de los detalles son otra de las características que desarrolla la pintura renacentista y que se manifiesta no sólo en Italia sino también en la pintura flamenca de autores como Van Eyck. En general, el ser humano se convirtió en el principal foco de atención del arte renacentista. Las obras de Miguel Ángel quizá representen mejor que ninguna el antropocentrismo que caracterizó el Renacimiento, pues consiguió representar el ideal humano con excepcionales niveles de exactitud y belleza.

Conclusión

En definitiva, el auge del humanismo se puede considerar como el nacimiento del pensamiento moderno, que rompió con lo que sus representantes consideraban “siglos de barbarie”. Sobre su base se fueron construyendo la ciencia y la filosofía europeas en los siglos posteriores. Además, este movimiento aportó a la humanidad un considerable número de personajes geniales, cuya obra y personalidad siguen siendo un modelo admirado en el siglo XXI.

Esquema del Humanismo

Movimiento cultural ligado al Renacimiento, que se desarrolla en Europa durante los siglos XIV y XV. Su objetivo es alcanzar las más altas virtudes humanas recuperando la cultura de la antigüedad grecorromana.

El humanismo nace en Italia y tiene sus primeras manifestaciones en el terreno de la literatura y el arte. Posteriormente se extiende a otros países europeos y amplia su campo de acción a ámbitos como la teología o la educación.