Guerras de religión

    Se denomina “Guerras de religión” al conflictivo periodo que vivió Francia entre 1559 y 1598, etapa en la que convergieron varios factores que colocaron al país galo al borde la destrucción. Así, a las luchas civiles entre católicos y calvinistas por el reparto de poderes, también conocidos como hugonotes, se sumó la intervención extranjera en apoyo de un bando u otro, la crisis de la propia monarquía francesa, las luchas de los grandes señores por formalizar un poder independiente de la monarquía y las dificultades económicas, sobre todo en el ámbito rural.

    La Reforma protestante se fue expandiendo por Francia a pesar de diversas prohibiciones y persecuciones organizadas por los reyes. La muerte de Enrique II (1547-1559) permitió que el calvinismo arraigara con más fuerza  en gran parte del sur y oeste del territorio, así como en importantes ciudades. Los hugonotes llegaron a convertirse en un estado militarizado propio, que contaba con la ayuda de príncipes alemanes y de Inglaterra. Esto, en parte, fue posible porque los hijos sucesores de Enrique II, que había intentado destruir los focos reformados, Francisco II (1559-1560), Carlos IX (1560-1574) y Enrique III (1574-1589), se mostraron débiles de carácter y con su poder mermado, pues dependían, en gran manera, de la poderosa familia de Guisa, católicos intransigentes.

    A partir de 1560, católicos y hugonotes alternaron periodos de relativa tregua con otros de guerra, donde se cometieron brutalidades como la ocurrida en la Noche de San Bartolomé (24 de agosto de 1572), en la que fueron asesinados miles de protestantes, sembrando el odio y quebrando cualquier oportunidad de conciliación. A partir de 1584, el conflicto se recrudeció cuando el rey Enrique III reconoció al príncipe protestante Enrique de Navarra como heredero al trono. Entonces, la familia Guisa, que había formado la Liga Católica, que contó con el apoyo de Felipe II de España, buscó otro candidato a la corona. En 1588, una revuelta popular, apoyada por la Liga, obligó al rey Enrique III a huir de la capital. Éste, ante el poder de control que había llegado a tener la familia Guisa, mandó matar a sus principales líderes, lo que provocó un levantamiento en todas las ciudades contra el monarca. Poco después, en 1589, un monje lo asesinó.

    Este crimen convirtió a Enrique de Navarra, jefe del partido calvinista, en nuevo rey con el nombre de Enrique IV de Borbón. Tras derrotar a los ejércitos de la Liga, en 1593 anunció su conversión al catolicismo y un año más tarde entró con sus huestes en París. Poco a poco, Enrique IV se hizo con el control del país, se enfrentó a tropas españolas y fue reconocido internacionalmente, lo que le permitió asentar un absolutismo que perduraría hasta la Revolución Francesa. Finalmente, en 1598, alcanzó la paz con España y promulgó el Edicto de Nantes, que puso fin a las guerras de religión y donde los hugonotes lograron libertad de culto.