Compañía de Jesús

Orden religiosa católica fundada, en 1534, por el español Íñigo López de Loyola (conocido como San Ignacio de Loyola) y aprobada oficialmente por el papa Paulo III en septiembre de 1540. Desde sus inicios, la Compañía de Jesús, nacida en los albores del Concilio de Trento, se convirtió en uno de los principales puntales de la iglesia católica para enfrentarse a la Reforma, extendiendo la llamada Contrarreforma por todos los países de Europa. Al mismo tiempo, esta orden emprendió una gran labor apostólica en diferentes partes del mundo y, muy pronto, dominó el campo de la enseñanza, sobre todo la media y la universitaria, gracias a la gran formación de sus miembros. El poder y la influencia de los jesuitas crecieron enormemente con el paso de los años, lo que le granjeó numerosos y poderosos enemigos.

La Compañía de Jesús se extendió con celeridad gracias a la impronta que establecieron sus primeros dirigentes, el denominado prepósito general, destacando, entre otros, Ignacio de Loyola (1540-1556) y Claudio Acquaviva (1585-1615). Sus miembros, conocidos como jesuitas, se convirtieron en confesores personales de reyes y reinas, abrieron numerosos colegios y universidades por toda Europa (alrededor de 500 centros en 1640) y llevaron a cabo una extensa labor evangelizadora por China, India, Canadá, Filipinas y las colonias americanas de España. Su mayor logro fueron las reducciones jesuíticas del Paraguay, un amplio territorio que abarcó las actuales Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil, y que prácticamente constituyó un estado propio. Estas misiones, alrededor de 32, congregaron a decenas de miles de indígenas guaraníes que trabajaban la tierra, fabricaban diferentes productos y se dedicaban al comercio bajo la dirección de los jesuitas.

Sin embargo, el enorme poder de la Compañía hizo que naciera un gran movimiento de oposición a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII que agrupó a jansenistas, filósofos y enciclopedistas, entre otros. Entonces, a los jesuitas se les acusó de nepotismo, corrupción, y de favorecer y preocuparse sólo de los ricos en Europa, mientras que en América se les culpó de apoyar y proteger excesivamente a los indígenas. Esta animadversión cristalizó en la expulsión de la orden de varios países como Portugal (1759), Francia (1764) y España (1767), incluidas sus colonias. Posteriormente, la presión que ejercieron varios monarcas, especialmente de la dinastía de los Borbones, sobre el papa Clemente XIV desembocó en que éste suprimiera la Compañía en julio de 1773. Tan sólo Prusia y Rusia hicieron caso omiso de la decisión papal y permitieron que los jesuitas prosiguieran con su labor en sus reinos.

Hasta agosto de 1814, con el papa Pío VII, no se restableció la Compañía, que nuevamente creció con rapidez, aunque sufrió numerosas persecuciones y destierros durante los gobiernos liberales de la época. Uno de los prepósitos generales más destacados de esta segunda etapa fue el polaco Ledôchowski (1915-1942), quien desarrolló una gran labor social y apostólica, contribuyendo a que la orden alcanzara los 27.000 miembros. Bajo la dirección del español Pedro Arrupe (1965-1983), la Compañía se inclinó hacia los sectores más pobres y obreros, y se orientó a posiciones sociales próximas a la Teología de la Liberación, lo que le granjeó numerosos roces con la Santa Sede, sobre todo con el papa Juan Pablo II.

En la actualidad, la Compañía de Jesús cuenta con cerca de 20.000 miembros repartidos por todo el mundo y su prepósito general es el holandés Peter Hans Kolvenbach. Igualmente, prosigue con su labor educativa al contar con cientos de centros de enseñanza y varias universidades. Además, dirige numerosos medios de comunicación, siendo uno de los más destacados Radio Vaticano, publicaciones y Organizaciones No Gubernamentales (ONG).

Miembros y organización

Organizativamente, la Compañía de Jesús se divide en asistencias que a su vez se subdividen en provincias. Cada provincia agrupa a varios países, que suman en total 127. Se trata de una orden más bien jerárquica en cuya cúspide se encuentra el prepósito (o superior) general cuyo mandato es vitalicio. Éste es elegido por una congregación general integrada por los padres provinciales (los máximos responsables de una provincia) y dos diputados por cada provincia.

Además de los tres votos clásicos del sacerdote, pobreza, castidad y obediencia, la Compañía tiene un cuarto voto especial de obediencia al papa. Sus miembros pasan por un largo proceso de formación que incluye varias etapas: el noviciado (dos años), el escolar o estudiante (alrededor de diez años) y, finalmente, el sacerdote. A diferencia de otras órdenes religiosas, la Compañía no cuenta con una rama femenina.