Guerra campesina

    Guerra ocurrida en las tierras centrales y meridionales de Alemania entre 1524 y 1525, en la que los campesinos y parte de la clase urbana de extracción más baja se rebelaron contra los caballeros y los religiosos como consecuencia de la opresión de la que eran objeto.

    En 1524, los campesinos de Shühlingen y Waldshutt (en la actual Suiza) aprovecharon la fracasada rebelión de los caballeros de año anterior para alzarse en armas. Rápidamente el movimiento se extendió por Turingia, Suabia y otras partes del imperio. En 1525, su principal líder Wendelin Hippler, estableció los llamados “Doce puntos”, los que se reivindicaban, entre otros, las siguientes mejoras: abolición de la servidumbre y de otros privilegios señoriales, un trato justo en los juicios, el abaratamiento de los arriendos, el derecho a elegir a los propios sacerdotes, así como la posibilidad de cazar y pescar en los terrenos de los nobles.

    La insurrección logró algunos éxitos iniciales, pero degeneró en violentos actos de saqueo y asesinatos en algunos territorios imperiales como Turingia. En este estado fue especialmente importante la participación de Thomas Münzer, líder de la secta de los anabaptistas, que fomentó la lucha social como medio de lograr el reino de Dios en la Tierra. Para ello, llegó a deponer el régimen señorial de Turingia para instalar en su lugar una comunidad campesina de carácter místico en el que todas las propiedades eran comunes.

    La radicalización del alzamiento desembocó en masivas atrocidades cometidas tanto por campesinos como por caballeros. Ante esta situación cada vez más descontrolada, el propio Martín Lutero abogó por el restablecimiento de la autoridad política. Para conseguirlo, condenó a los rebeldes y defendió su exterminación en el escrito Contra las hordas criminales y depredadoras campesinas, como única forma de salvarlos para que alcanzasen la vida eterna. Lo paradójico de la actitud de Lutero es que muchos de los campesinos habían adoptado sus principios reformadores.

    Tras meses de constantes enfrentamientos, el 15 de mayo de 1525 tuvo lugar la definitiva batalla de Frankhausen, en la que el ejército de los nobles, agrupados en la Liga Suaba, derrotó ampliamente a los rebeldes. De esta manera, el movimiento fue sofocado en Alemania y dio comienzo a una feroz represión que se tradujo en el ajusticiamiento de cien mil campesinos, entre ellos Thomas Münzer. Un año después, la revuelta también fue dominada en las tierras de Austria.

    El resultado de esta rebelión no fue el esperado para los campesinos alemanes, que no obtuvieron ninguna concesión, mientras que los de Austria consiguieron que se derogasen algunas de las injusticias que habían denunciado. Además, las estructuras señoriales permanecieron inalterables y la situación del campesino en muchos lugares estuvo sujeta a la servidumbre hasta comienzos del siglo XIX. Al mismo tiempo, el poder de los caballeros salió reforzado y la Reforma protestante se transformó, además, en un movimiento político al estar defendido por los príncipes y nobles, que vieron en ella una forma de sortear el poder del papa y del emperador.