Justicialismo

    Juan Domingo Perón, fundador del movimiento justicialista argentino.

    Doctrina política de corte nacionalista y populista promovida por el argentino Partido Justicialista, que ha conseguido importantes éxitos electorales en su país. También es conocida como “peronismo” por el apellido de su fundador, Juan Domingo Perón.

    En los años cuarenta del siglo XX Argentina era un país en pleno proceso de industrialización, con una clase obrera organizada en sindicatos y un fuerte sentimiento nacionalista, tanto entre la clase trabajadora como en el ejército. En 1943, un golpe de Estado estableció un gobierno militar y el coronel Juan Domingo Perón fue nombrado Secretario General de Trabajo y Bienestar Social. Desde su cargo llevó a cabo una serie de medidas para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores en lo relativo a salarios, jubilaciones, vivienda... lo que, reforzado por exitosas campañas publicitarias, le permitieron gozar de gran popularidad.

    Tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno militar, que había mantenido una neutralidad sospechosa durante la guerra, sufrió una crisis que llevó a Perón a prisión. Se sucedieron entonces manifestaciones que lograron su liberación y en las elecciones celebradas en 1946 pudo presentarse como candidato a la presidencia de la República por un nuevo partido, el Partido Laborista, con el que obtuvo la victoria.

    El programa político peronista iba dirigido fundamentalmente a sectores nacionalistas del ejército, a la burguesía industrial que esperaba beneficiarse de las medidas de fomento de la industria nacional y a los trabajadores, que esperaban la protección del Estado frente al capitalismo liberal. El peronismo se definía como la “tercera posición” frente al capitalismo y el socialismo. Cercano a posturas del fascismo italiano de los años treinta, Perón propugnaba un capitalismo de Estado que evitara la confrontación entre clases sociales. Se nacionalizaron importantes sectores industriales, hasta entonces controlados por capital extranjero, en un intento por conseguir la independencia económica el país. Se limitaron las libertades públicas y los poderes legislativo y judicial quedaron subordinados al gobierno, al tiempo que se dio respuesta a las reivindicaciones sindicales con medidas gubernamentales que aseguraban mejoras de salarios y de las condiciones laborales. La participación de su esposa, Eva Duarte de Perón, en algunas medidas de corte social y caritativo, contribuyó a la enorme popularidad del presidente Juan Domingo Perón durante los años siguientes.

    En los primeros años de la década de los cincuenta Argentina vivió una crisis económica que generó un descontento general. Sectores que anteriormente habían apoyado el peronismo, como la burguesía industrial, veían ahora frenadas sus expectativas con su política. La Iglesia católica mostraba su clara oposición a ciertas medidas, como la ley del divorcio. Las filas internas del peronismo acusaron estos problemas y las disidencias se hicieron evidentes. En 1955 una revuelta militar expulsó del poder a Juan Domingo Perón, quien debió partir hacia el exilio.

    La salida de Perón de la política argentina no significó el fin del peronismo, sino que la corriente se mantuvo viva y sus miembros volvieron a ocupar cargos en la Administración. En las primeras elecciones generales permitidas por los militares en 1973, el peronismo, agrupado en el Movimiento Justicialista Nacionalista, obtuvo la victoria y Perón regresó a la presidencia. Cuando se produjo su muerte, un año más tarde, su segunda esposa, María Estela Martínez, fue nombrada presidenta de la República en un ambiente de gran violencia política. En 1976 un golpe de Estado militar depuso al gobierno democrático y el justicialismo, al igual que los demás partidos políticos, quedó fuera del poder hasta la restauración de la democracia en 1983.

    El Partido Justicialista perdió en las primeras elecciones democráticas, celebradas ese mismo año, pero volvieron a conseguir la victoria en 1989, bajo el liderazgo de Carlos Saúl Menem. Durante los años noventa el justicialismo dio un giro en sus políticas, especialmente en lo que respecta a sus medidas económicas, adoptando posturas neoliberales que incluían la privatización de empresas estatales, la contención salarial y la reducción del gasto público. Tras dos mandatos consecutivos de Menem, los justicialistas perdieron las elecciones presidenciales de 1999 pero, tras el fracaso de sus opositores en la gestión de la profunda crisis económica que vivía el país, recuperaron el poder en 2001.

    Los primeros años del siglo XXI estuvieron marcados para el justicialismo por las disensiones internas, que les impidieron acudir a las elecciones de 2003 con un candidato único. Carlos Menem, que buscaba su tercer mandato, compitió con otros dos candidatos justicialistas, Néstor Kirchner y Rodríguez Saá, pero renunció a acudir a una segunda vuelta, en la que los pronósticos le eran desfavorables, lo que dio la victoria y la presidencia a su correligionario Néstor Kirchner.