Revolución Industrial

Amplio proceso de cambios industriales, económicos y sociales que transformaron por completo la sociedad existente hasta ese momento. En unos pocos decenios, se pasó de un estado agrícola y tradicional a otro moderno y claramente industrial, en el que se pusieron en marcha sistemas de trabajo hasta entonces desconocidos.

Aunque persisten las controversias entre los estudiosos del tema, se suele establecer que hubo una primera revolución industrial, cuyo foco principal radicó en Inglaterra a finales del siglo XVIII, y una segunda revolución, que afectó a gran parte de los países europeos así como los Estados Unidos y Japón en el último tercio del siglo XIX.

El concepto de revolución industrial ya empezó a utilizarse en el siglo XIX como en los casos de Friedrich Engels, quien lo empleó en su obra Situación de la clase trabajadora en Inglaterra (1845), y Karl Marx en El capital (1867). Sin embargo, quien popularizó este término fue Arnold Toynbee con su escrito Conferencias sobre la revolución industrial en Inglaterra (1884).

La primera revolución industrial

Tradicionalmente, se establece que la primera revolución industrial comenzó en Inglaterra hacia 1760, aunque otros autores lo llevan al periodo 1780-1790. Pero nadie discute que el Reino Unido fue el primer país en experimentar estos profundos cambios gracias a una serie de factores y medidas introducidas en esos años.

a) Revolución demográfica. En Inglaterra, al igual que en el resto de Europa, la población comenzó a aumentar cada vez con mayor celeridad, tras muchas décadas (e incluso siglos) de un crecimiento muy lento. Así, se pasaron de los seis millones de habitantes en 1700 a los diez millones en 1800. El descenso de la mortalidad fue posible gracias a los excedentes alimentarios que comenzó a producir el campo, la mejora en el mundo de la medicina y la introducción paulatina de medidas de higiene. También contribuyeron los avances científicos como la vacuna contra la viruela, obra del inglés Jenner (1796).

b) Revolución agrícola. El campo inglés sufrió una profunda transformación que permitió incrementar la producción agraria y, de esta manera, alimentar a la creciente población. Esto fue posible por la introducción del Norfolk system, consistente en la rotación cuatrienal de cultivos (sustitución del barbecho por cultivos de leguminosas), lo que permitió aumentar la fertilidad del suelo. Al mismo tiempo, se produjo un considerable proceso de concentración de la propiedad de la tierra a partir de la aprobación de las llamadas Enclosures Acts. Éstas determinaron el cercado de tierras comunales (alrededor de tres millones de hectáreas), lo que redundó en una mayor productividad de las tierras. También se introdujo la estabulación y creció la producción de forrajes, lo que ayudó a una mejora de la producción ganadera. Posteriormente, la mecanización se fue introduciendo en el campo, lo que permitió reducir considerablemente la mano de obra.

c) Avances tecnológicos. A lo largo de este siglo Inglaterra fue testigo de una serie de descubrimientos y avances que la colocaron en una clara situación ventajosa. Así, por ejemplo, John Kay inventó la lanzadera volante (1733); James Hargreaves patentó la spinning jenny (1764), una máquina de hilar de varios husos; Richard Arkwright ideó la water frame (1769), una hilandera movida hidráulicamente; Samuel Compton concibió la mule (1779), máquina de hilar hidráulica; Edmund Cartwright inventó el telar mecánico (1785). Pero sin duda, uno de los inventos más trascendentales fue la máquina de vapor creada por James Watt en 1769 y perfeccionada una década después. Este avance permitió la sustitución paulatina del esfuerzo humano por el de las máquinas, mucho más resistentes y capaces de hacer el mismo trabajo en menos tiempo.

d) La abundancia de recursos y materias primas en la propia Inglaterra, así como la facilidad para colocar sus productos gracias a sus amplios dominios coloniales.

En la primera revolución industrial destacaron, principalmente, tres sectores: la industria textil, la metalúrgica y los ferrocarriles.

La industria textil fue el motor de la revolución. La lana y el lino fueron sustituidos por el algodón (en gran parte procedente del sur de los Estados Unidos) que, una vez procesado, se destinó al mercado exterior. Las sucesivas innovaciones en la máquina de hilar contribuyeron a aumentar la producción y a crear fábricas cada vez más grandes con un mayor número de trabajadores.

La industria metalúrgica también conoció un proceso de desarrollo inimaginable, aunque no tanto como la algodonera. La principal innovación fue la sustitución del carbón vegetal por el coque (o carbón mineral), muy utilizado para la fundición de hierro. Un avance significativo en este campo se dio en 1783 cuando Peter Onion y Henry Cort inventaron el proceso de pudelado y laminado del hierro, con lo que este mineral quedaba libre de impurezas. El dominio del Reino Unido quedó constatado al producir, a mediados del siglo XIX, dos tercios del carbón mundial y la mitad del hierro y el algodón.

El ferrocarril, por su parte, supuso una enorme revolución en el sector de los transportes. En 1804, Richard Trevithick creó la primera locomotora de vapor, perfeccionada por George Stephenson que, en 1829 fabricó la locomotora Rocket, base del resto de locomotoras propulsadas por una máquina de vapor, lo que permitió acercar las minas y los centros de trabajo. Un año después, en 1830, se inauguró la primera línea férrea de pasajeros entre Liverpool y Manchester. El ferrocarril se convirtió en la estrella del siglo gracias a su rapidez, seguridad, capacidad de carga y menor coste. El tendido de líneas férreas fue vertiginoso y en Inglaterra se alcanzaron los diez mil kilómetros hacia 1850. También el transporte marítimo conoció una gran expansión gracias a Robert Fulton quien, en 1807, hizo navegar el primer barco a vapor, aunque su generalización no se produjo hasta unas décadas después.

Los descubrimientos y avances ocurridos en el Reino Unido se fueron conociendo en el resto de Europa paulatinamente a partir de 1810. Pero su verdadera “explosión” no comenzó hasta que terminaron las guerras napoleónicas (1815) y las posteriores oleadas revolucionarias que afectaron al continente entre 1820 y 1848.

Segunda revolución industrial

A partir de 1850, y especialmente hacia 1870, se habla de una segunda revolución industrial, que se hizo más universal y se extendió por gran parte del mundo a lo largo del último tercio del siglo XIX y principios del XX. Inglaterra siguió manteniendo su hegemonía, aunque comenzó su declinar debido al extraordinario desarrollo industrial y la competencia de otros países como Alemania, Francia, Estados Unidos y Japón. En otras naciones, comenzó un tímido desarrollo, como en los casos del imperio ruso y austriaco. En general, pueden destacarse las siguientes características en esta segunda fase.

a) El Estado se convirtió, en muchos casos, en un agente catalizador de la industrialización de sus países al proporcionar recursos, captar inversores extranjeros y establecer políticas, normalmente proteccionistas, para ayudar a sus industrias.

b) La industrialización europea vivió, al mismo tiempo, un proceso de regionalización, es decir, el desarrollo extraordinario de algunas áreas mientras que otras permanecieron atrasadas. Esto ocurrió entre unas naciones y otras y en el seno de los propios países. Así, por ejemplo, en Europa el entorno de la cuenca del Rhur de Alemania conoció una intensa industrialización, mientras que la cuenca mediterránea, en general, siguió dependiendo del campo.

c) La industria metalúrgica y siderúrgica vivió una época dorada sobre todo por la invención del convertidor Bessemer (1855), que permitió producir acero (mucho más resistente que el hierro) de manera masiva y de forma más barata. Aunque no dejaron de explotarse el carbón y el hierro, el acero inundó amplias esferas de la vida al utilizarse en las construcciones civiles y militares, como barcos de guerra. Otra industria que se desarrolló rápidamente fue la química a través de la utilización de colorantes artificiales, tintes sintéticos, fertilizantes (nitratos y potasio), productos farmacéuticos, etc. Uno de los inventos más destacados en este sector fue la vulcanización del caucho, por Goodyear.

d) Las comunicaciones se expandieron con gran celeridad. El tendido de líneas férreas fue imparable en países como Alemania, Francia y Estados Unidos, sumando en el año 1850 más de 37.000 kilómetros en todo el mundo. El barco de vapor sustituyó a los buques de vela haciendo los viajes más cortos en el tiempo y permitiendo transportar mayor carga de mercancías y personas. A finales del siglo XIX, hizo su aparición el automóvil, que muy pronto pasó a ser un medio de locomoción masivo. En 1885, Carl Benz construyó el primer auto y, posteriormente, Michelin fabricó los neumáticos y Renault, la caja de cambios.

e) El descubrimiento de nuevas fuentes de energía, como la electricidad y el petróleo, que provocaron un cambio radical en el mundo. La primera contribuyó a que pudieran cubrirse las necesidades de luz y calor de los seres humanos, así como el movimiento de motores y máquinas. El descubrimiento de la lámpara de filamentos incandescentes por parte de Thomas Edison permitió que, en muy poco tiempo, se extendiera el alumbrado público en las ciudades. Asimismo, la electricidad llegó a los transportes por medio del tranvía y el metro, siendo la ciudad de Londres la primera en el mundo en construir una línea subterránea (1890). Por su parte, el petróleo se convirtió en la principal fuente de energía por sus múltiples aplicaciones, especialmente en la industria automovilística y en la incipiente aeronáutica.

f) Los avances científicos se extendieron por todas las áreas, como la medicina, la biología, la física, etc. Entre los muchos inventos y descubrimientos de la época cabe destacar los siguientes: la electrólisis de Faraday (1838); las ondas electromagnéticas de Hertz (1838); los rayos X de Röntgen (1895); el bacilo de la tuberculosis y del cólera por parte de Robert Koch (1882-1883); la vacuna contra la rabia de Louis Pasteur (1885); la patología celular de Virchov (1858); las leyes de la herencia de Mendel (1865); el tratamiento antiséptico para las heridas de Lister (1867).

Cambios sociales, políticos y económicos

La Revolución Industrial trajo consecuencias inmediatas que afectaron a todas las esferas de la vida. En general, pueden citarse las siguientes.

a) La progresiva desaparición de la sociedad estamental, característica del Antiguo Régimen, por una nueva formada por clases, que permitía, al menos en teoría, una mayor movilidad social. De esta manera, la pertenencia a un grupo no venía determinada por el nacimiento sino que era posible ascender por medio del trabajo y la riqueza, aunque, ciertamente, ese ascenso fue restringido.

El grupo que más se benefició de estos cambios fue la burguesía (empresarios, banqueros, grandes comerciantes), constituida en el verdadero motor de la revolución industrial. Defensora de las tesis liberales, consideró que el esfuerzo, los méritos personales y el talento constituían los valores fundamentales de la nueva sociedad y, por ello, aspiró a tener mayor influencia en la vida política.

El otro gran sector que apareció fue lo que Karl Marx llamó el proletariado, es decir, los obreros que trabajaban en las grandes fábricas a cambio de un sueldo. Utilizados como mano de obra más o menos barata soportaron durísimas condiciones de trabajo, largas jornadas laborales de más de doce horas, sin descansos, carentes de derechos laborales y de seguros ante la enfermedad o los accidentes de trabajo y viviendo en lugares insalubres. También comenzaron a crecer las profesiones liberales, es decir, las personas que trabajaban como abogados, periodistas, profesores, etc., que, junto con los funcionarios, conformaron las llamadas clases medias. Por su parte, los campesinos siguieron siendo mayoría en muchos países.

b) Los pequeños talleres artesanales en los que había un maestro y varios aprendices que aprendían un oficio determinado desaparecieron en poco tiempo. En su lugar, aparecieron grandes fábricas y complejos industriales que albergaban a cientos y miles de trabajadores (incluyendo mujeres y niños de todas las edades). Los empresarios, obsesionados con obtener mayores beneficios, buscaron desde el primer momento, la manera de reducir costes y de producir a gran escala en el menor tiempo posible. Por ello, comenzó a establecerse una rigurosa división del trabajo apoyada en la instalación de máquinas cada vez más perfectas. Así, se desembocó en un sistema “científico” llamado “taylorización”, cuyo autor fue el estadounidense Frederic W. Taylor. Con él, el trabajo y la producción se mecanizaron hasta el punto de que el trabajador pasó a ser un mero engranaje de una gran cadena, limitándose a realizar sólo una parte del producto.

Al mismo tiempo, los empresarios buscaron la manera de controlar o dominar los mercados nacionales e internacionales. De esta manera, aparecieron diferentes formas de concentración empresarial, por medio de prácticas como trust, holding o cartels, que permitieron monopolizar sectores concretos (por ejemplo, el del petróleo).

c) La industrialización se basó en una doctrina política y económica fundamental para su desarrollo: el liberalismo. Éste defendía principios como, por ejemplo, la ley de la oferta y la demanda, la no intervención del Estado, la libertad de empresa, la defensa de la propiedad privada y el fomento de la inversión y la búsqueda del beneficio. El liberalismo sustentó un nuevo sistema económico llamado capitalismo. A medida que el capitalismo se asentó y creció en todos los países occidentales, fueron apareciendo otras instituciones financieras, como las bolsas de valores y los modernos bancos.

d) El aumento poblacional que hubo en gran parte de los países ocasionó una gran marea migratoria, en parte posible por los avances en las comunicaciones, que contribuyeron a crear un mundo más interconectado. Por un lado, muchos marcharon a otros países y continentes en busca de un futuro mejor, como ocurrió sobre todo con la emigración hacia América. Por el otro, enormes masas campesinas dejaron el campo y se trasladaron a las ciudades al convertirse éstas en ejes del crecimiento económico del país. Las urbes concentraban servicios, industrias, puertos, etc., y por tanto ofertaban puestos de trabajo, por lo que crecieron de manera desorbitada en pocos años. Así, en 1881, París alcanzó 1.900.000 habitantes y Londres los 3.900.000. Al principio, esa expansión se realizó de manera más bien anárquica, lo que dio lugar al nacimiento de barrios obreros que no contaban con ningún tipo de servicios públicos. Más adelante, conscientes de los graves problemas de salud, pobreza e inestabilidad política que creaban estas barriadas, los gobiernos nacionales y locales comenzaron a aplicar planes para encauzar adecuadamente el crecimiento de las ciudades. Así, de acuerdo a proyectos establecidos, se demolieron casas y barrios, se ensancharon las calles, se crearon infraestructuras como redes de alcantarillado, alumbrado público, agua potable, transportes urbanos, etc.

e) Por último, la revolución industrial sentó las bases para que doctrinas políticas como el socialismo y el anarquismo se expandieran, así como también aparecieran los sindicatos y los partidos políticos. Desde muy pronto, los obreros comenzaron a organizarse para defenderse de la explotación de la que eran objeto y reclamar mejoras en sus puestos de trabajo, como el seguro de desempleo, de accidentes, jornadas de ocho horas, días de descanso, etc. Al principio, estos movimientos comenzaron en la clandestinidad, porque el patrono y los gobiernos estaban en contra de cualquier asociacionismo. El primer paso lo dio el movimiento cartista en Inglaterra (1840) liderado por Robert Owen. En el último tercio del siglo XIX, se consolidaron las primitivas trade unions (sindicatos) y poco a poco fueron reconocidas como interlocutores válidos para negociar con los empresarios, como ocurrió en Inglaterra (1871) y Francia (1884). Al mismo tiempo, los sindicatos integraron a trabajadores de un mismo sector (caso del textil) para conseguir mayor fuerza y defender sus derechos de manera más global. Así nació, por ejemplo, la Confederación General del Trabajo (CGT) en Francia y la Federación Americana del Trabajo (AFL, 1895) en Estados Unidos. El siguiente paso consistió en expandir el movimiento obrero a todos los países, por lo que surgieron las Internacionales obreras. En 1864, nació la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), aunque sólo pudo mantenerse durante ocho años como consecuencia de las divisiones internas, sobre todo entre marxistas y anarquistas. El siguiente intento fue la II Internacional, fundada en 1889, que se mantuvo hasta 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Por último, en 1919 surgió la III Internacional, obra de Lenin y de signo comunista.

Paralelamente, los trabajadores también plantearon cambios políticos y sociales, como, entre otros, el establecimiento del sufragio universal, lo que les llevó a formar partidos políticos. Estos fueron los casos del Partido Laborista en Inglaterra (1905), del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) fundado en 1875, o del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 1879.

Cronología de la Revolución Industrial

1760 – Comienza la primera Revolución Industrial en el Reino Unido.

1769 – James Watt inventa la máquina de vapor, que permite la sustitución paulatina del esfuerzo humano por el de las máquinas.

1804 – Richard Trevithick crea la primera locomotora de vapor.

1807 – Robert Fulton hace navegar el primer barco a vapor.

1830 – Se inaugura la primera línea férrea de pasajeros entre Liverpool y Manchester.

1849 – El tendido de líneas férreas alcanza los diez mil kilómetros en Inglaterra.

1850 – Comienza la segunda Revolución Industrial, que se extiende por gran parte del mundo. Los avances científicos abarcan todas las áreas: medicina, biología, física…

1855 – Se inventa el convertidor Bessemer, que permite producir acero de manera masiva y de forma más barata.

1879 – Thomas Edison inventa la bombilla.

1885 – Carl Benz construye el primer coche.

1890 – Londres es la primera ciudad en el mundo en construir una línea de transporte subterránea.