Imperio inca

Imperio inca.

Nombre con el que se conoce a la más extensa y mejor organizada entidad política de la América precolombina, así como a la civilización a la que dio lugar y que se considera una de las tres altas culturas prehispánicas, junto con la maya y la azteca.

Estrictamente hablando, la palabra inca designa un título honorífico en lengua quechua, reservado a la alta nobleza y a los soberanos del imperio, aunque por extensión ha venido a designar también a la civilización y la cultura desarrolladas por esta entidad política; igualmente se ha bautizado con el término inca a la última de las fases de la periodificación arqueológica del área andina central.

Entre los siglos XIII y XVI d.C., los soberanos incas lograron extender su control territorial y político desde su capital en Cuzco hasta abarcar una vasta zona al oeste de los Andes, desde Colombia hasta Chile, y desde el litoral del Pacífico al comienzo de la selva amazónica. Basado en una monarquía sagrada hereditaria, un rígido control tributario y administrativo, y una excelente organización cívico-social, el Imperio inca se deshizo en breve tiempo con la llegada y conquista de Francisco Pizarro en 1535.

Templo inca dedicado al dios Inti con elementos coloniales añadidos, en Cusco.

Marco geográfico y fuentes para su estudio

En el momento de su máxima extensión, el Imperio inca corría a lo largo del litoral del Pacífico, teniendo como límite norte el río Ancasmayo, en la frontera sur de la actual Colombia, mientras que por el sur llegaba hasta el río Maule, casi en el centro de Chile. Quedaban englobados también amplios territorios de las tierras altas bolivianas y del noroeste de la Argentina. Sin embargo, al este de la cordillera andina, el Imperio no logró implantarse entre los pueblos que se encontraban más allá del límite de la región selvática amazónica. Dentro de esta vasta delimitación, se encuentran zonas ecológicas diversas, dependiendo de la latitud y de la altitud sobre el nivel del mar: la costa semiárida, zona de sierra, fértiles valles interandinos, altiplano seco y frío, desiertos y comienzo de las tierras bajas de bosque lluvioso tropical.

Al igual que todos los pueblos sudamericanos, los incas no desarrollaron sistemas de escritura, careciéndose de esta clase de fuentes para el estudio de su pasado prehispánico. Sin embargo, los cronistas españoles registraron con minuciosidad y fidelidad las abundantes tradiciones orales sobre el origen y las gestas de la dinastía imperial incaica. Al lado de esta particular historiografía, no siempre fácil de evaluar, la abundantísima documentación escrita colonial proporciona multitud de informaciones sobre la estructura, la organización y el funcionamiento del Imperio, en sus vertientes política, social, tributaria y económica. En este conjunto, destacan especialmente los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega, descendiente de españoles e incas, que constituye una extensa obra sobre la historia prehispánica del Imperio.

Los datos arqueológicos son también útiles para trazar el testimonio material de la expansión incaica por gran parte de las regiones andinas, así como para tratar de determinar el origen étnico-cultural del grupo incaico.

La ciudad de Machu Picchu impresiona por la perfección técnica de sus construcciones, como muestra la imagen con el detalle de unos de sus edificios). En Sacsahuamán, por su parte, lo más destacado son los muros de piedra que protegen la fortaleza.

Orígenes y evolución histórica

Aunque algunas de las tradiciones legendarias recogidas por los cronistas presentaban a los antecesores de los gobernantes incas como semi-divinos y llegados de algún lugar más o menos lejano, la interpretación más común considera que los antecedentes étnico-culturales del Imperio inca son más bien locales y hay que buscarlos en el propio valle del Cuzco. Efectivamente, la arqueología no ha podido encontrar indicios de intrusiones o desplazamientos significativos, y lo más probable es que los antepasados de los incas fuesen uno más de los colectivos que poblaban la región hacia el siglo XII y que participaban de la cultura arqueológica conocida como Killke, común a diversos grupos de la región.

Las tradiciones indígenas atribuyen a Manco Cápac, un personaje con características mitológicas, el inicio de la dinastía inca y la fundación de la ciudad del Cuzco, acontecimientos legendarios que, independientemente de su exacto significado, hay que situar en torno a comienzos del siglo XIII d.C. Tras el fundador, las crónicas indígenas indican que se sucedieron ocho soberanos en el gobierno del estado inca del Cuzco, si bien este periodo debe seguir considerándose como una edad semilegendaria, sobre la que no existen completas garantías de verosimilitud histórica, pero que representaría la fase de ascenso y consolidación del grupo inca frente a otros pueblos rivales, hasta constituirse en el poder hegemónico en la región del valle del Cuzco y aledaños.

Machu Picchu.

Expansión política y militar

Con la llegada al trono del noveno inca o soberano, Pachacutec, la tradición mítica adquiere ya un fundamento lo bastante sólido como para considerarla una crónica plenamente histórica. Este acontecimiento, que probablemente constituyó un cambio en el linaje de la dinastía reinante o una disputa entre pretendientes al trono, ha sido situado hacia 1438, e implicó el inicio de una fase de fuerte expansión política y militar.

Tras asegurar su posición regional con la victoria sobre los chancas, un pueblo rival cercano y muy poderoso, Pachacutec sometió durante su reinado (1439-1471) a unidades étnico-políticas, como los chincha en la región de Ica, y los colla y lupaca, en el lago Titicaca, además de asegurar diversos territorios en la sierra y la costa de Perú. Bajo el mandato de su hijo y sucesor, Túpac Yupanqui (1471-1493), continuó la expansión imperial, llegando por el sur hasta el río Maule, en Chile, mientras que en la costa norte de Perú se ganó el importante reino chimú de Chan Chan, llegando a controlar hasta la actual Quito.

Fue con el siguiente inca, Huayna Cápac (1493-1527), con quien culminó la expansión territorial y político-militar del Imperio, al sojuzgar la difícil región del norte de Ecuador hasta el río Ancasmayo, ya en el sur de Colombia. Dado que era la zona de más reciente incorporación, y sus belicosos habitantes estaban siempre dispuestos a la rebelión, Huayna Cápac instauró una segunda capital en Tomebamba, la actual Cuenca (Ecuador), con el fin de ejercer un control más cercano. El soberano recibió allí las primeras noticias del avance desde el norte de las tropas castellanas, sobre cuya procedencia e intenciones nada se sabía con certeza. Sin embargo, antes que los españoles llegó a la capital el contagio de viruela que éstos habían introducido en el Nuevo Mundo, a resultas del cual el inca falleció, sin llegar a pronunciarse claramente sobre su sucesor político.

La riqueza del valle de Cusco fue determinante en la importancia que la agricultura adquirió entre los incas. La imagen ofrece una panorámica de la fértil zona, regada por el río Urubamba.

Guerra civil y dominio español

La guerra civil estalló rápidamente entre sus dos hijos, Atahualpa, que había permanecido junto con su padre en el norte, y su hermanastro Huáscar, que residía en el Cuzco y llevaba varios años administrando como soberano de hecho las cuatro quintas partes del Imperio. Derrotado su ejército, Huáscar fue hecho prisionero y ejecutado por orden de Atahualpa, que quedó como soberano único, aunque muy contestado por la nobleza cuzqueña. Esta situación sería aprovechada por las escasas tropas de Francisco Pizarro, quien en 1532 fue recibido pacíficamente por Atahualpa.

Pizarro se las arregló para engañar y apresar al emperador, ejecutándolo en 1533. Ello constituyó el primer y decisivo paso para lograr un control inicial del vasto Imperio, cuya clase dirigente política y militar no supo reaccionar con la debida presteza. No obstante, Manco Inca, hermano de Huáscar, que había sido encumbrado por los españoles como emperador títere, encabezó el levantamiento en 1536 y resistió durante unos años en el reducto montañoso de Vilcabamba, al oste del Cuzco. Asesinado en 1544, sus tres hijos continuaron la resistencia, hasta que el menor de ellos, Túpac Amaru, último representante de la dinastía incaica, fue capturado y muerto por los españoles en 1572.

En su máxima expansión, el Imperio inca llegó a ocupar los territorios sobre los que habían florecido las culturas andinas precedentes. En la imagen, ruinas de la ciudad de Machu Picchu, uno de sus centros culturales más florecientes.

Economía, sociedad y estructura política

La base económica del Imperio era la propia de las civilizaciones andinas: agricultura y ganadería. El cultivo por excelencia era la patata, de la cual se conocían y cultivaban diferentes variedades dependiendo del microclima y la altitud, teniendo el maíz una importancia secundaria. Además de en los valles y terrenos llanos, las cosechas se sembraban en los denominados andenes, terrazas de cultivo que cubrían las elevadas laderas de las montañas.

Los rebaños de llamas y alpacas domesticados proporcionaban una importante fuente proteínica, además de lana y cueros. Se criaba también el conejillo de indias o cuy, cuya grasa y carne se destinaba al consumo humano. La diversidad de ecosistemas presentes en el Imperio permitía la explotación de recursos pesqueros, la caza de una gran variedad de animales terrestres y pájaros, y el cultivo del algodón.

Organización política

Los incas denominaron al Imperio con la palabra Tahuantinsuyu, que en lengua quechua equivale a “las cuatro provincias” o “las cuatro partes”; aunque la división cuatripartita tenía connotaciones mágico-religiosas, cada una de las provincias correspondía a un ámbito geográfico real. Alcanzada su máxima extensión en tiempos de Huayna Cápac, el Tahuantinsuyu podría haber albergado entre 20 y 30 millones de habitantes, siendo el Cuzco su principal ciudad, con una población de unas 200.000 personas.

El poder del emperador era absoluto. Tenía la facultad de desposar a su hermana, y su persona y sus decisiones eran sagradas. Sin embargo, no existía una costumbre o ley que prescribiera la forma de sucesión, por lo que el Inca debía elegir cuál de sus hijos varones le sustituiría en el trono. Ello fue fuente de no pocos problemas y enfrentamientos a lo largo de la historia de la dinastía.

Organización socioeconómica

La eficaz organización del Imperio fue posible gracias a una rígida y jerarquizada estructuración social y económica, de tipo piramidal. En la cima de este sistema se hallaba la alta nobleza, los inca, a la que pertenecían el soberano y sus parientes, y de la que salía también la principal clase sacerdotal, los máximos responsables del ejército y los gobernadores delegados de cada una de las cuatro provincias, gobernadores que, sin embargo, residían en la capital, Cuzco. Esta primera aristocracia poseía numerosas tierras y ganados, y no estaba sujeta a obligación tributaria alguna.

En segundo lugar, una nobleza de rango menor acogía a los jefes de los territorios y estados conquistados o aliados, quienes, una vez acataban el poder imperial, solían ser refrendados por el Inca como gobernadores locales de su territorio original; formaban también parte de la nobleza secundaria una serie de altos funcionarios civiles y religiosos. Esta aristocracia menor contaba con recursos económicos de su propiedad y tampoco pagaba tributo alguno al Imperio.

En tercer lugar en la jerarquía administrativa pero formando parte ya de la clase social común, se encontraban los denominados curacas, responsables del funcionamiento y organización civil, económica y religiosa de las comunidades de ciudadanos. Por lo general, cada comunidad se basaba en el ayllu, una agrupación de familias emparentadas asociadas a una localización territorial estricta. Los componentes del ayllu se encargaban de sacar adelante la producción de los recursos agrícolas y ganaderos comunes propios, los cuales eran asignados por el estado en función de las necesidades y características de cada grupo.

La clase común estaba además sujeta a numerosas obligaciones tributarias, especialmente en mano de obra y servicios. Se ocupaban, pues, de las tierras y el ganado propiedad del estado y la nobleza, así como de la construcción y mantenimiento de las numerosas edificaciones y obras públicas del Imperio, y proporcionaban también las tropas para el ejército incaico. Existía un rígido y minucioso código de comportamiento civil y social, con una serie de duras penas y sanciones para los infractores.

El Imperio contaba con gran cantidad de funcionarios, encargados de múltiples misiones y responsabilidades, como por ejemplo los chasqui, infatigables corredores que, mediante relevos, portaban noticias y mensajes, de un extremo a otro del Tahuantinsuyu, o los quipucamayoc, “responsables del quipu”. En ausencia de escritura, los incas se valieron de los quipu, un sistema de cordeles y nudos que servía para computar y registrar cantidades y categorías, y merced a los cuales se ejercía un eficaz control contable, tributario y administrativo. Otro factor importantísimo para el funcionamiento del Imperio fue la excelente y extensísima red de caminos y puentes, que facilitaban los flujos comerciales, las comunicaciones y la movilidad de las tropas.

Aunque respetaron el uso de los idiomas locales, los incas impusieron la lengua quechua en todos los territorios conquistados como idioma oficial, lo cual provocó la eventual desaparición de muchas lenguas amerindias minoritarias. Esta extinción se agravó tras la conquista, al incentivar los religiosos y administradores castellanos el quechua como lengua franca, junto con el español, en todas las zonas del antiguo Imperio incaico.

Cultura y religión

La cultura incaica representa la última fase de las distintas civilizaciones andinas y, como tal, muchos de sus rasgos resumen la rica tradición artística y artesanal prehispánica. Desde un punto de vista occidental, el arte incaico es sobrio y poco original cuando se compara con los desarrollos de las numerosas culturas andinas precedentes. Su orfebrería, cerámica, escultura y textiles no son, pues, especialmente brillantes, pero su arquitectura es fiel reflejo de la eficacia de su funcionamiento imperial, y constituye una de las muestras más eficientes desde el punto de vista técnico.

Los edificios públicos, militares y religiosos de la época incaica se construyen a base de enormes sillares excepcionalmente labrados, de masivas dimensiones y excelente estabilidad y factura, aunque sin apenas ornamentación ni decoración alguna. Son ejemplos especialmente destacables los templos de la capital cuzqueña, las fortalezas de Sacsahuamán y Pisac o el complejo arquitectónico de Machu Picchu.

La religión incaica oficial se basaba en un culto a la deidad solar, Inti, de la que el emperador era el representante sagrado en la tierra. La adoración solar y la devoción al emperador como ser sagrado eran obligatorios en el Tahuantinsuyu, si bien los sistemas rituales y religiosos locales eran tolerados. Existía también una elaborada mitología, con diversas deidades entre las que destacaban la antigua madre-tierra, la Pachamama, o el dios civilizador Viracocha. Las acciones rituales de la religión oficial, en las que participaban miles de funcionarios, ciudadanos y sacerdotes, incluían diversos sacrificios cruentos, tanto de animales como de personas.

Los incas tenían un considerable conocimiento de los ciclos celestes, el cual aplicaban a la orientación y alineación de sus principales edificios y de los complejos urbanos.

Efigie esculpida en piedra del dios Viracocha, el creador de la tierra y de los hombres. Esta deidad ocupaba el escalafón más alto del panteón inca.

Cronología del Imperio inca

1200 – Manco Cápac funda el Imperio Incaico con sede central en Cusco.

1439-1471 – Llegada al trono de Pachacutec. Se inicia la conquista de territorios.

1471-1493 – Continúa la expansión imperial bajo el mandato de su hijo Túpac Yupanqui.

1493-1527 – Con el mandato de Huayna Cápac culmina la expansión territorial y político-militar del Imperio.

1527 – Tras su muerte, sus dos hijos luchan por el poder. Atahualpa ejecuta a Huáscar y asume el poder.

1532 – El español Francisco Pizarro llega a territorio inca, y es recibido pacíficamente por Atahualpa.

1533 – Pizarro apresa a Atahualpa y ordena su ejecución. Es el primer paso español para lograr controlar el Imperio.

1536 – Manco Inca, hermano de Huáscar, encabeza un levantamiento y resiste durante años en el reducto montañoso de Vilcabamba, al oste del Cuzco.

1544 – Tras su asesinato, sus hijos continúan la resistencia durante décadas.

1572 – Túpac Amaru, el menor de los hermanos y último representante de la dinastía inca, es capturado y asesinado por los españoles.

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