Habla

El habla es la facultad natural de hablar, específica y distintiva del ser humano. En lingüística, es la expresión oral de la lengua, por oposición a la escritura y según la corriente estructuralista, la concreción material e individual de la lengua. Como otra acepción de la lingüística, es sinónimo de idioma o dialecto, enmarcado en un dominio lingüístico más amplio.

La capacidad humana de hablar

Aunque muchas especies de animales tienen la capacidad de articular distintos tipos de sonidos, sólo los seres humanos son capaces de modular su voz para pronunciar y emitir los fonemas correspondientes a su lengua, de modo que sean audibles y comprensibles para los demás hablantes.

Esto es posible, en primer lugar, por factores de índole fisiológica, es decir, la facultad de que el organismo emita sonidos, factible gracias a los aparatos fonador y respiratorio, y a la coordinación entre ambos.

A diferencia de las demás especies de animales, en el caso del ser humano los órganos del aparato fonador, como la cavidad bucal, no sólo desempeñan la función de masticar, previa a la deglución, sino que también están dotados para participar en el proceso de emisión de sonidos articulados.

La combinación del aparato fonador y respiratorio, junto con la facultad del lenguaje (es decir, la capacidad de disponer de una estructura gramatical y de signos dotados de significado compartidos por todos los miembros de una comunidad), convierten la comunicación humana en un proceso único entre todas las especies animales.

Recientes investigaciones con primates, la especie más similar al ser humano, han demostrado que son capaces de pronunciar con considerable aproximación sonidos lingüísticos, es decir, tienen la aptitud de imitar nuestra voz, ya que sus órganos fonadores son semejantes.

Sin embargo, dichos estudios constatan que se trata únicamente de un ejercicio mimético, ya que no hay evidencias definitivas de su capacidad para emplear un sistema lingüístico estructurado y sofisticado como el nuestro.

El proceso de hablar

La conjunción y la coordinación entre el aparato respiratorio y el fonador permiten la articulación de sonidos modulados, rasgo distintivo del ser humano.

Así, en el acto de hablar se exhala de los pulmones una corriente de aire que pasa por la laringe y las cuerdas vocales, que vibran, y a continuación por la lengua en movimiento, el paladar y, finalmente, los dientes y los labios.

La cavidad bucal, formada por el paladar, la lengua, la dentadura y los labios, desempeña la función de modular el aire que llega desde la laringe y hace vibrar las cuerdas vocales, produciendo los sonidos que componen el habla.

El volumen de la voz depende de la fuerza con la que el aire sea expelido de los pulmones, mientras que el tono está vinculado a la tensión y la dimensión de las cuerdas vocales. El timbre, rasgo característico de cada ser humano, está determinado por el tamaño y la forma de la cavidad bucal, la nariz y la garganta (donde se ubican la laringe y las cuerdas vocales).

En este proceso también interviene el aparato respiratorio, no sólo por la exhalación del aire procedente de los pulmones, sino también por la propia respiración, en la que desempeña una importante función la nariz.

Por ejemplo, la nariz resulta determinante en la emisión de sonidos, como los denominados nasales, /n/ y /m/, que requieren libre resonancia en esta parte del cuerpo para su correcta vocalización.

Además, según las investigaciones realizadas desde finales del siglo XIX, al hablar la respiración es más profunda y rápida que la mantenida en estado de reposo. Así, después de inspirar uno o dos litros de aire, la exhalación del mismo se produce lenta y regularmente mientras hablamos hasta que concluye el discurso.

El mecanismo de hablar y la adquisición del lenguaje requieren un proceso de aprendizaje que comienza a los pocos meses de nacer: en primer lugar, el bebé se expresa mediante gritos, después barbotea sonidos similares a los del lenguaje y finalmente, a los diez o doce meses de edad, es capaz de reproducir palabras.

El desarrollo del lenguaje continúa gradualmente, hasta que el niño es capaz de construir expresiones más extensas, complejas y precisas desde el punto de vista semántico, y de conocer y ampliar sus conocimientos gramaticales y léxicos, ya en la época escolar.

Durante este proceso pueden presentarse diversos trastornos del lenguaje, entre ellos, algunos relacionados con problemas de la voz, causados por alteraciones de la laringe y de las cuerdas vocales, o por anomalías en la lengua.

Los sonidos de las distintas lenguas

Cada sonido de un determinado idioma se emite mediante la combinación de diferentes movimientos de los labios, la dentadura y la lengua, es decir, de la cavidad bucal y del aparato fonador.

Por ejemplo, el sonido /k/ de la lengua española precisa que el aire procedente de la laringe sea modificado por el movimiento de la lengua contra el paladar duro.

Del mismo modo, el sonido vocálico /a/ de la lengua española requiere una amplia apertura de los labios, la aproximación de la lengua al paladar y su colocación en una determinada posición respecto a la dentadura.