Gramática

Portada de un libro de gramática hebrea.

Rama de la lingüística que estudia la estructura de una determinada lengua a partir de un análisis sistemático: la composición y forma de las palabras (morfología) y las mutuas relaciones de éstas en los sintagmas y dentro de la oración (sintaxis).

En sentido estricto, la definición de gramática corresponde con lo expuesto anteriormente; sin embargo, en un sentido más general, esta disciplina comprende no sólo la morfología y la sintaxis, sino también la fonología y la semántica, es decir, los cuatro niveles de la lengua, por lo que se identificaría con la lingüística.

Estos cuatro sistemas lingüísticos se interrelacionan en la lengua de modo ordenado y jerárquico:

- El fonema, objeto de estudio de la fonología, se une a otros para formar los morfemas.

- La suma de morfemas (unidad lingüística menor dotada de significado, en concreto, el lexema) forma palabras. La morfología estudia este proceso.

- Las palabras (unidad lingüística básica de la gramática) se combinan entre sí y se relacionan entre ellas para formar sintagmas y oraciones (objeto de análisis de la sintaxis).

- Las oraciones (las unidades superiores de la gramática) se emplean para comunicar mensajes o significados. La semántica investiga este aspecto.

Clases de gramática

Gramática normativa o prescriptiva. El objeto de la gramática normativa o prescriptiva es establecer el conjunto de reglas de las estructuras lingüísticas de una lengua para su correcto empleo por los hablantes.

Gramática descriptiva. Al contrario que la gramática normativa, la descriptiva analiza el uso que los hablantes hacen de la lengua, es decir, su estado en un momento determinado. Por ejemplo, describe la organización de los morfemas y de los sintagmas, que forman oraciones.

Gramática histórica. Estudia la evolución de las unidades lingüísticas, como las palabras y las oraciones, en la historia y con el transcurso del tiempo.

Gramáticas comparadas. Comparan las distintas lenguas, sus semejanzas y diferencias, estudian la influencia de unas en otras y las posibles relaciones de parentesco entre ellas.

Gramática funcional o estructural. Analiza la lengua como sistema, la estructura y el funcionamiento de las unidades que la componen, así como el uso de las palabras y de las oraciones en un determinado contexto social.

Gramática general o teórica. Su objeto de estudio trasciende el análisis de un determinado idioma, de modo que investiga la naturaleza del propio lenguaje basándose en datos lingüísticos.

Gramática generativa. Fundada por el lingüista estadounidense Noam Chomsky, pretende establecer el conjunto de reglas que posibilitan la creación de las oraciones gramaticales de una lengua. A diferencia de los tipos anteriores, esta corriente se basa en la premisa de que existen reglas lingüísticas universales e innatas que permiten a los hablantes construir los diferentes sistemas lingüísticos existentes en el mundo.

Orígenes

En Occidente fueron los griegos los primeros en interesarse por la gramática y el lenguaje, si bien desde una perspectiva filosófica. Los romanos heredaron y prosiguieron esta tradición. Sin embargo, ninguna de las dos civilizaciones clásicas averiguó la conexión entre las distintas lenguas, enfoque predominante en la lingüística del siglo XIX a partir del surgimiento de la gramática comparada.

Fuera de Occidente, la primera gramática conocida es la escrita por Panini, que data del siglo V a.C., dedicada al estudio del sánscrito, lengua de los libros sagrados hindúes. Así, las primeras investigaciones gramaticales surgieron vinculadas a la interpretación de los textos antiguos y las inscripciones.

Los árabes, preocupados por el estudio de su lengua, introdujeron en Occidente los conocimientos de los filósofos griegos, tradujeron textos antiguos y estuvieron en contacto con diversos idiomas, debido a su expansión geográfica.

De hecho, en la península ibérica, fruto de la convivencia de las culturas árabe, cristiana y hebrea, se fundó la Escuela de Traductores de Toledo, dedicada a la traducción y copia de obras procedentes de Oriente. Así, en el siglo X los judíos desarrollaron la primera investigación filológica del Antiguo Testamento y elaboraron un completo inventario léxico del hebreo.

La civilización griega

Los orígenes de la gramática se remontan a la Grecia clásica, en concreto, al siglo IV a.C.: los filósofos se aproximan al estudio del lenguaje con el fin de descubrir en esta capacidad, considerada exclusiva del ser humano, respuestas a los enigmas de la vida.

Según la mitología griega, los dioses habían otorgado a los seres humanos el lenguaje, que, por tanto, era considerado expresión de la perfección. Dicha civilización estudió únicamente el griego, ya que los demás idiomas eran considerados bárbaros.

Platón consideraba que la relación entre las palabras y los conceptos que representaban era lógica, natural e inherente, y estableció un sistema gramatical basado en la clasificación de los términos en dos clases: unos designaban la entidad que actúa o de la que se afirma algo; los otros, la acción misma o la afirmación.

El filósofo griego no sólo formuló dos conceptos similares a las definiciones actuales de sustantivo y de verbo respectivamente, sino que probablemente fue también el primer autor de un sistema gramatical en Occidente.

Por su parte, su discípulo Aristóteles, siguiendo las investigaciones de su maestro, definió una tercera clase de palabras, la conjunción, que comprendía todos los términos que no formaban parte de los otros dos tipos.

Además, descubrió algunos rasgos estructurales de las palabras, como el tiempo de los verbos y el caso de los nombres, y definió, probablemente por vez primera, la palabra como la menor unidad lingüística con pleno significado.

Sin embargo, la principal contribución aristotélica fue la creación de un sistema de lógica natural, mediante la formulación de silogismos o proposiciones de razonamiento, y la consideración del lenguaje como un proceso mental de naturaleza lógica.

Los estoicos (año 300 a.C., aproximadamente) ampliaron la clasificación aristotélica de categorías gramaticales a cuatro con el descubrimiento del artículo, dividieron los nombres en propios y comunes, establecieron cinco casos para el nombre (nominativo, vocativo, acusativo, genitivo y dativo) y estudiaron detalladamente el tiempo y la concordancia verbales.

En la siguiente centuria, en el siglo II a.C., Dionisio de Tracia, autor de la obra Arte de la Gramática, estableció una nueva clasificación gramatical con ocho categorías: nombre, pronombre, verbo, participio, artículo, adverbio, preposición y conjunción. Esta clasificación se mantuvo vigente hasta la época moderna.

La civilización romana

Los romanos asumieron la tradición gramatical griega, tradujeron los términos y las categorías (algunas denominaciones siguen vigentes en la actualidad), procuraron conservar la pureza del lenguaje y, dadas las diferencias de su lengua, el latín, introdujeron un nuevo caso para el nombre: el ablativo.

La edad media

Durante el medioevo prosiguen las investigaciones clásicas sobre la gramática y las escuelas filosóficas se preocupan por las relaciones entre el significante y el significado.

El Renacimiento y el Humanismo

Los estudiosos de la gramática investigan sobre el origen de los idiomas, motivados por el conocimiento de nuevas culturas. Al original interés por el latín y el griego, le sucede la preocupación por el estudio de las lenguas vernáculas.

De hecho, durante el Renacimiento se elaboran las primeras gramáticas de los idiomas de dicha época; por ejemplo, Antonio de Nebrija redacta la Gramática de la Lengua Castellana (1492).

Los gramáticos renacentistas consideran que las distintas lenguas derivan de un solo conjunto de principios originarios universales y comunes a todos los idiomas.

Siglos XVII y XVIII

Durante esta época, la gramática está imbuida de las dos corrientes de pensamiento opuestas surgidas en el ámbito filosófico: el racionalismo y el empirismo. La primera doctrina, de Descartes, defendía el carácter innato de las capacidades mentales del ser humano, como el lenguaje; mientras que la segunda, formulada por Locke y Hume, postulaba que el conocimiento, incluido el lenguaje, se adquiere de forma empírica, mediante la experiencia, a través de los sentidos.

Los gramáticos racionalistas retomaron las investigaciones lingüísticas helénicas. Consideraban que esta disciplina debía ser descriptiva, no prescriptiva, y establecieron el sintagma, y no la palabra, como la unidad lingüística básica, reflejo de una idea o pensamiento.

Además, distinguieron dos niveles complementarios en el lenguaje: la estructura profunda y la superficial. La primera está compuesta por el conjunto de relaciones mentales e ideas comunes al pensamiento del ser humano, mientras que la segunda es la forma gramatical o la determinada expresión de aquélla en cada idioma.

El siglo XIX

Durante esta época comienzan los estudios de gramática comparada y de gramática histórica, es decir, la investigación sobre el origen y las relaciones mutuas entre las distintas lenguas existentes.

Con objeto de elaborar estas investigaciones, se recopilaron datos lingüísticos, sobre todo, testimonios textuales y fonológicos, sobre los que se extraían conclusiones teóricas, de modo que se clasificaron todas las lenguas del mundo y se desarrollaron las genealogías de los idiomas.

La comparación entre los idiomas tendrá como consecuencia el descubrimiento de la existencia de una única lengua, origen de todas las habladas en Asia, Europa y Egipto, el indoeuropeo, según el filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz.

El siglo XX

Desde los orígenes de las investigaciones gramaticales, durante siglos y hasta el surgimiento de la corriente estructural, había prevalecido en el estudio de esta disciplina la denominada gramática tradicional.

A principios del siglo XX ya se comienzan a describir las lenguas según sus propios modelos, con el consiguiente abandono del enfoque grecolatino, predominante hasta entonces.

La gramática estructural

A principios de siglo los estructuralistas se centraron en el estudio de las lenguas en sí mismas como sistemas vivos, en detrimento de la recopilación de documentos escritos, y se basaron en la morfología para sus investigaciones.

El método analítico empleado era la observación de un conjunto de datos (un corpus lingüístico) extraídos del habla de una comunidad para conocer el sistema subyacente a esa concreta expresión.

Según el lingüista suizo Ferdinand de Saussure, fundador del estructuralismo, la gramática no debe describir el habla, sino la lengua. La primera es la manifestación o realización concreta de la segunda, pero no es un sistema organizado; mientras que la lengua es el sistema de signos comunes a una comunidad de hablantes.

Además, aunque por motivos externos, como lapsus de memoria, el habla concreta de un hablante no lo refleje, todo ser humano posee un conocimiento subconsciente de la lengua.

La lengua está formada por distintos sistemas organizados e interrelacionados, estudiados por diferentes disciplinas que forman la gramática en sentido general:

- En el nivel inferior se hallan los fonemas, investigados por la fonología.

- Los fonemas se unen para formar las palabras, estudiadas por la morfología.

- Éstas se combinan para formar oraciones, objeto de análisis de la sintaxis.

- La suma de las oraciones comunica significados, materia investigada por la semántica.

La gramática generativa

El lingüista estadounidense Noam Chomsky criticó la metodología empleada por los gramáticos estructuralistas en su obra Estructuras sintácticas (1957).

A diferencia de la gramática tradicional y de la estructural, la generativa no centra su análisis ni en la semántica, como hacía la primera, ni en la morfología, como la segunda, sino en la sintaxis.

Al contrario que la gramática estructural, la generativa no se centra en la recogida de datos formales, sino en el estudio del lenguaje mismo, entendido como capacidad cognitiva del ser humano.

En consecuencia, la gramática debe ser concebida como una teoría o sistema que establezca el conjunto de reglas necesarias para crear todas las posibles oraciones de una lengua.

Esto es posible gracias al principio de la recursividad, del que está dotado la sintaxis y que afirma que se pueden crear infinitas oraciones a partir de un conjunto limitado de normas aplicadas a un número finito de constituyentes sintácticos.

Al igual que la corriente racionalista del siglo XVIII, para la gramática generativa, el lenguaje es una capacidad innata del ser humano, de modo que sus normas son reflejo del proceso del pensamiento.

Siguiendo los principios del generativismo surgió posteriormente la gramática transformativa o generativa-transformativa. Según esta corriente, la aplicación de determinadas reglas o transformaciones permite el paso de una oración a otra, por ejemplo, la conversión de una oración enunciativa en interrogativa o de una oración activa en su correspondiente pasiva.

A consecuencia de estas dos corrientes, la gramática estructural y la generativa, se originaron otras dos perspectivas diferentes, pero complementarias: la gramática comparada y la formal.

La gramática comparada

La gramática comparada, enmarcada en la corriente estructuralista, nació de la preocupación de los lingüistas del siglo XIX por establecer las similitudes entre las lenguas existentes en aquella época.

El punto de vista de la gramática comparada es doble: diacrónico y sincrónico, basándose en las modificaciones formales, en especial, las de carácter fonológico, y en la evolución histórica de las variedades lingüísticas.

La gramática formal

Por su parte, la gramática formal, surgida tras las investigaciones del generativismo, pretende clasificar las lenguas según unas reglas formales de índole matemática. De hecho, emplea una terminología y una sintaxis de carácter informático.

Ambas corrientes coinciden en su objetivo de establecer normas fijas, si bien la gramática comparada se basa en el análisis y contraste de varios idiomas y la formal estudia el sistema propio de cada uno de ellos.