Morfología lingüística

Rama de la gramática que estudia la estructura interna y la forma de las palabras, a partir de la unión de los sonidos o fonemas, que integran los morfemas, y la formación de nuevos vocablos según unas reglas determinadas.

Los morfemas

El objeto de análisis de la morfología lingüística es el morfema, la unidad lingüística menor dotada de significado, compuesto por la unión de sonidos o fonemas, así como la formación de palabras nuevas.

Existen dos clases de morfemas: los lexemas y los morfemas afijos.

Los lexemas

Los lexemas o raíces son morfemas dotados de significado o que aportan el significado al vocablo. Por ejemplo, “cant-” en la palabra cantar. En la lengua española, el lexema de los verbos se obtiene eliminando la terminación de infinitivo, es decir, “ar”, “er” o “ir”, dependiendo de si se trata de la primera, la segunda o la tercera conjugación, respectivamente.

Los morfemas afijos

Los morfemas afijos se clasifican, a su vez, en dos tipos:

  • Los flexivos, que designan género y número en el caso de los nombres, los pronombres, los determinantes y los adjetivos, o informan del número, persona, tiempo, modo, aspecto y voz de los verbos (en este último caso se denominan desinencias verbales).

  • Los que sirven para formar otras palabras: prefijos, e infijos y sufijos, en el caso de la derivación.

Estas dos clases de morfemas son analizadas por sendas ramas de la morfología:

  • La flexiva, que estudia la modificación de las palabras al combinarse los lexemas con los morfemas flexivos. Por ejemplo, canto, cantas y canta son formas flexivas del verbo cantar. En la lengua española la norma establece el morfema “a” para designar el género femenino y el morfema “o” para el masculino, si bien existen otros procedimientos; respecto al número, el plural se establece, en general, añadiendo una “s”.

  • La léxica, que estudia la formación de nuevas palabras a partir de vocablos ya existentes y las reglas que determinan este proceso.

La formación de palabras

La morfología léxica estudia, entre otros aspectos, los tipos de procedimientos empleados para formar nuevas palabras. Los más importantes en la mayoría de las lenguas existentes en el mundo son la derivación y la composición, aunque también existen otros menos utilizados.

La derivación

Los vocablos se forman añadiendo afijos o morfemas derivativos a un lexema o raíz o palabra primitiva. Hay dos clases de derivación: la apreciativa y la significativa.

  • En la derivación apreciativa, a las palabras se les añaden sufijos aumentativos, diminutivos o despectivos, pero no forman nuevos vocablos. Por ejemplo, coche/cochazo, gato/gatito y flojo/flojucho, respectivamente. Sin embargo, en ocasiones se convierten en un término diferente, por su significado y por designar referentes distintos, como mesa/mesilla.

  • En la derivación significativa, la adición de morfemas supone la formación de vocablos diferentes que aluden a referentes distintos. Por ejemplo, árbol/arboleda.

Existen tres tipos de afijos: los prefijos, que preceden al lexema, los sufijos, que se añaden al final de la raíz, y los infijos, cuyo papel es la unión entre el lexema y los sufijos. Por ejemplo, el antónimo de abastecer, desabastecer, se forma mediante la adición del prefijo “des-”.

En la lengua española, los prefijos y los infijos no modifican la categoría léxica de la palabra primitiva de la que proceden, pero los sufijos sí pueden hacerlo. Por ejemplo, las palabras bailar, bailarín y bailable son un verbo, un sustantivo y un adjetivo, respectivamente; sin embargo, toro y torero son nombres. Así, si bien en el primer caso la adición del sufijo modifica la categoría de la palabra, no sucede lo mismo en el segundo caso.

En la derivación apreciativa no se produce la modificación de categoría léxica de las palabras.

La composición

Las palabras nuevas se forman uniendo dos o más lexemas, por ejemplo, pinchadiscos, formada por los lexemas pincha y discos.

En la lengua española existen diversas combinaciones en la creación de nuevas palabras: un verbo y un nombre (abrelatas), dos nombres (hojalata), dos adjetivos (blanquiazul), nombre y adjetivo (barbilampiño) y adjetivo y nombre (gentilhombre). Aunque éstos son los más habituales, hay otras combinaciones posibles, como la unión de un adverbio y un verbo (bienvenida) o de un verbo y un adjetivo (abrefácil).

Otros procedimientos

Otros procedimientos utilizados para formar palabras son:

  • Parasíntesis: combinación de los anteriores procedimientos, la derivación y la composición. Por ejemplo, ropavejero, compuesta por un nombre y un adjetivo que, a su vez, se ha derivado: ropa y vieja. Según algunos autores, se trata de un modo de derivación integrado por prefijos y sufijos, como la palabra enrojecer, que procede del adjetivo rojo, al que se le añade el prefijo “en” y el sufijo “ec”.

  • Acrónimos y siglas: se emplean una o varias letras, las iniciales, de las palabras a las que alude, con la consiguiente formación de un nuevo vocablo. Por ejemplo, RENFE.

  • Acortamiento: al formar la palabra, se elimina una parte de la misma por considerarse excesivamente larga. Por ejemplo, cine (cinematografía) o zoo (zoológico). Se suelen emplear coloquialmente, como bici (bicicleta) o cole (colegio).

A las palabras derivadas o compuestas también se les pueden añadir morfemas flexivos, por ejemplo, de género y número.

Existen lenguas en las que la formación de nuevos vocablos es compleja, como algunos idiomas del continente americano, mientras que en otras, como el chino o el vietnamita, apenas es perceptible.