Arquitectura romana

Foro romano, en Roma

La arquitectura romana estuvo marcada por su sentido práctico, unido al deseo de expresar el poder, magnificencia y carácter eterno del imperio. En ello tuvo mucha importancia la obra teórica de Vitrubio, que trató de fijar los parámetros a seguir para la perfecta adecuación entre utilidad y grandiosidad.

Se puede decir que los romanos sentaron las bases de la arquitectura moderna, pues los elementos arquitectónicos empleados por ellos serían los que determinarían el desarrollo de la arquitectura durante los siguientes siglos. El principal elemento constructivo fue el arco, al que acompañaron la bóveda y la cúpula, sin que por ello se dejase de utilizar el sistema arquitrabado tradicional de los griegos. Los romanos usaron varios tipos de aparejo, como la sillería, la mampostería y el ladrillo, que podían combinar, para dar solidez a los muros, con argamasa de hormigón. En cuanto a los órdenes arquitectónicos, Roma introdujo novedades sobre los griegos, al tiempo que, a diferencia de éstos, empleaban varios tipos de columna en una misma fachada, rompiendo la monotonía decorativa y la rigidez estética de sus predecesores.

La arquitectura romana puede estudiarse según la tipología de sus edificios, los cuales estaban determinados por su sentido práctico y funcional.

Arquitectura religiosa y funeraria

El templo mantuvo la tipología etrusca en cuanto a su elevación sobre podio y único acceso en la parte frontal, mientras que tomó del templo griego la larga cela y la columnata pseudo-períptera de columnas adosadas al muro salvo en el pórtico de acceso, donde se disponían separadas del mismo. El ejemplo más claro de templo con estas características es la Maison Carrée (16 a.C.), que se encuentra en Nimes, Francia.

Desde la época de la República ha llegado prácticamente intacto hasta nuestros días el templo de la Fortuna Viril, ejemplo de un modelo arquitectónico que perduró hasta la época del Imperio. Se trata de un templo tetrástilo (cuatro columnas en la fachada) asentado sobre un podio con escalinata. Como venía siendo habitual, las demás columnas, de capitel jónico al que se añadieron hojas de palmeta, quedaban adosadas al muro. El entablamento se dividió en sillares en forma de cuña mientras que en las cornisas laterales se dispusieron canecillos en forma de cabezas de león.

También, a imitación del tholos griegos, los romanos realizaron templos de planta circular, los cuales, por lo general, se dedicaban a la diosa Vesta. Uno de los más famosos es el templo de Vesta en Tívoli, de orden corintio y edificado también durante le República (siglo I a.C.).

Un estudio más detenido merece el que sin duda es uno de los más singulares y a la vez más grandiosos templos de Roma, el Panteón de Agripa. Edificado en época imperial, César Augusto lo mandó construir por iniciativa de su yerno Agripa en el año 27 a.C.; la intención era hacer un gran templo dedicado a todos los dioses, pero especialmente a Venus y Marte. Tras soportar varios incendios, se reconstruyó en el año 126, con Adriano como emperador. El Panteón es el primer edificio en el que existe una preocupación, moderna por otra parte, por el espacio interior, marcando una clara diferencia con los griegos, para quienes los templos eran concebidos para ser observados desde el exterior. Metafóricamente, el templo representaba la síntesis del cielo y la tierra, donde la planta circular sería el mundo terrenal y la gran cúpula la bóveda celeste. En la estructura interior se conjugó a la perfección el sistema arquitrabado típicamente griego con el abovedado empleado regularmente por los romanos. La fachada la componían ocho columnas (octástila) rematadas por un frontón. En cuanto a la cúpula, ésta tenía una abertura en el centro, único foco por el que penetraba la luz natural al interior del templo. Se construyó a base de nervios y arcos de descarga, realizados en ladrillo y hormigón, los cuales descansaban sobre el muro circular de la base, en cuyos nichos se disponían las esculturas de los dioses. Los casetones iban reduciendo su tamaño conforme avanzan hasta el centro, lo que aumentaba el efecto de la perspectiva. En el exterior, la bóveda se cubrió con tejas de bronce dorado, hasta que se arrancaron en el siglo VI. Sí se conserva todavía hoy el pavimento de mármoles. El Panteón es el precedente constructivo de multiplicidad de edificios modernos, entre los que se encuentra la basílica de Santa María del Fiore de Filippo Brunelleschi, quien sin duda se inspiró en el templo romano para la realización de la hermosa cúpula que preside en cielo de Florencia.

De la misma época es el templo del Ara Pacis, de carácter conmemorativo. En el exterior, el emperador Augusto mandó erigir un gran altar para celebrar la paz que ponía fin a las guerras desatadas en Hispania y la Galia. De este templo destaca más su ornamentación escultórica a base de relieves que los aspectos arquitectónicos del mismo.

En lo que respecta a las construcciones funerarias, las tumbas romanas tomaron los distintos tipos de enterramiento que iban conociendo en los diferentes lugares que conquistaban. También mantuvieron la tipología etrusca de enterramientos de forma circular y de grandes túmulos; es el caso de los sepulcros de Cecilia Metella, o los mausoleos imperiales de Augusto o de Adriano. En el siglo I a.C. fue característica la incorporación de elementos y tipologías procedentes de Egipto, como sucede en la tumba de forma piramidal de Cayo Cestio.

Arquitectura civil

Los edificios públicos tenía el propósito de atender las demandas de los ciudadanos en lo referente a sus negocios, el ocio y el deporte. La mayoría de las veces estos edificios se encontraban en los foros, destacando, en Roma, los de Julio César, Augusto y Trajano.

La basílica

Su función era la de servir para realizar transacciones mercantiles y llevar a cabo juicios. Habitualmente la planta la formaban tres naves separadas por columnas, la central más alta que las laterales, y la cabecera estaba rematada por un ábside. Se cubrían a base techumbres planas de madera y, en ocasiones, empleando la bóveda, como sucede en la basílica de Majencio.

Las termas

Se trataba de grandes construcciones que servían de baños públicos para los ciudadanos romanos. El tipo y el nombre de las distintas salas que los componían estaban determinadas por la clase de baño: fríos, templados, calientes o de vapor; de ahí los nombres caldarium, frigidarium y trepidarium. También había otras dependencias para el relax, las actividades culturales y el ocio. Entre las termas más famosas de Roma se encuentran las de Domiciano, las de Caracalla y las de Diocleciano.

El teatro

Teatro y Odeón de Fourvières, en Lyon

El teatro romano se inspiró en el griego, del que tomaron sus elementos: orchestra, de planta semicircular, la scaena, los choriga o camerinos, y la cavea, que era el graderío, de forma semicircular y dividida por zonas. El que quizá sea el más célebre de Roma es el teatro Marcelo, construido en época de Augusto y que presenta la particularidad de superponer en la fachada los órdenes arquitectónicos.

El anfiteatro

En él se celebraban las luchas de animales, de gladiadores, se recreaban famosas batallas ganadas por el imperio y se realizaban también espectáculos circenses. Constaban de una planta ovalada con arena rodeada por una cavea; o, lo que es lo mismo, lo formaban dos teatros unidos por la escena. El más antiguo es el de Pompeya (80 a.C.), y el más célebre es, sin duda, el Coliseo de Roma. Iniciado por Vespasiano y terminado por Tito en el año 80 su nombre original era Anfiteatro Flavio. El edificio, de planta elíptica, era una edificación exenta que, a diferencia de los griegos, no descansaba sobre la pendiente de una colina. El enorme peso del graderío se solucionó empleando arcos de medio punto que sostenían bóvedas anulares, que soportarían la carga de los diferentes niveles de gradas; las tres líneas de arcadas superpuestas del exterior correspondían con los tramos abovedados del interior. Los arcos tenían semi-columnas a cada lado y se remataban por dinteles, que hacían las funciones de cornisa. Los órdenes de las semi-columnas cambiaban según el piso: toscano en el bajo, jónico en el centro y corintio en el superior. La última planta fue añadida durante los reinados de Tito y Domiciano, y está compuesta por un muro ciego con pilastras adosadas.

El circo

Era el edificio en el que se disputaban las célebres carreras de cuadrigas. La planta era alargada y rectangular, cuyos extremos más alejados eran de trazado a curvo. En el centro tenía la espina, estructura alargada que se rodeaba en las carreras y decoraba con estatuas y figuras. El mejor ejemplo conservado en Roma es el circo Massimo, construido en época de Julio César.

Edificaciones conmemorativas

Eran estructuras levantadas en el foro o en las vías de acceso a la ciudad destinadas a exaltar a los gobernantes, celebrar un acontecimiento histórico importante o para rememorar los hechos protagonizados por algún emperador. Las más famosas fueron las columnas de Trajano y Marco Aurelio y los arcos del triunfo, como el de Tito (81 d.C.), el más antiguo conocido y donde aparecen por vez primera los capiteles compuestos; el de Septimio Severo, del siglo III, y el de Constantino, del siglo IV.

Obras públicas

Con la idea de atender las demandas de infraestructuras necesarias para el funcionamiento de las numerosas ciudades que fueron conquistando, los romanos adquirieron una enorme capacidad para desarrollar proyectos de ingeniería. Esto les permitió crear una amplia red de vías y carreteras, puentes y acueductos. Entre los puentes mejor conservados está el Pont du Gard, próximo a la localidad de Nimes, en Francia. Fue construido en el último cuarto del siglo I a.C. y realizó también las funciones de acueducto, con su serie de arquerías distribuidas en tres pisos.

Arquitectura romana en España

España requiere una atención especial en lo que al arte romano se refiere, por el gran número de ruinas que se conservan y por la enorme variedad de tipologías de edificios que pueblan casi todos los rincones de la península Ibérica. Mediante el sistema constructivo basado en los sillares de piedra, el arco y la bóveda realizaron obras tanto arquitectónicas como de ingeniería. Al mismo tiempo, proyectaron una red de vías empedradas para comunicar la península con Roma pasando por la Galia.

Los puentes romanos más célebres son el de Mérida, el de Salamanca, ambos de época de Augusto; y el grandioso de Alcántara, en Cáceres, dedicado a Trajano y con una altura de 48 metros.

Los acueductos tuvieron también un gran desarrollo en Hispania. El más importante es el de Segovia, al que siguen el de San Lázaro y el de los Milagros en Mérida. Singulares son también los acueductos de dos pisos, como el Puente del Diablo o el de las Ferreras, en Tarragona.

La construcción de ciudades fue otra faceta importante de los romanos; de ellas se conservan, sobre todo, las ruinas de las murallas. Estas solían ser de piedra y mortero, con torres de planta cuadrada o circular y con puertas enmarcadas por torres. Entre los mejores ejemplos están las de Tarragona, Barcelona, Carmona, Zaragoza, León y, sobre todo, las de Lugo, que se conservan en todo su perímetro.

Otras obras públicas fueron las marítimas, como el Puerto de Ampurias o la Torre de Hércules en La Coruña.

No es tan bueno el estado de conservación de templos, mercados o foros. Algunos fragmentos se han hallado del templo de Diana en Mérida, asentado sobre un podium de granito, períptero y hexástilo, con once columnas en sus lados mayores.

En lo que respecta a la arquitectura funeraria conviene resaltar la tumba de los Atilios en Sádaba, Zaragoza, y la tumba en forma de torre de los Escipiones en Tarragona, entre otros. En algunas necrópolis, como la de Carmona, se han encontrado también gran número de tumbas subterráneas.

De carácter conmemorativo, cabe mencionar el arco de Cáparra en Cáceres, formado por cuatro arcos, y los de Bará en Tarragona, Mérida y Medinaceli.

En cuanto a los teatros, en España se conservan dieciocho, encontrándose los de Mérida y Sagunto entre los mejor conservados.

Anfiteatros todavía en buen estado son los de Mérida, Tarragona e Itálica, este último de los más grandes del mundo.

Las termas hispánicas más destacadas están en Alange, Badajoz, y se han encontrado restos también en Lugo y Caldas de Mombuy, en Barcelona.

Entre la arquitectura palacial, el mejor ejemplo es el palacio de Augusto en Tarragona, construido en sillería y compuesto de tres partes: el acceso o vestibulum, el patio o atrium, con su receptáculo en el centro para recoger las aguas y la sala principal o tablinium.

Gracias a los diferentes yacimientos arqueológicos se ha podido conocer la tipología de la casa hispano-romana y en muchas de ellas se han hallado mosaicos, con los que se cubrían los suelos.