Carboncillo

    Dibujo al carboncillo de Edgar Degas

    El carboncillo es palo de carbón vegetal que se obtiene por la carbonización de la madera de ciertos árboles. Lo más frecuente es que se obtenga a partir de la madera del bonetero o evónimo, pero también se pueden encontrar carboncillos procedentes del sauce, el nogal, el tilo o el romero. Como resultado de esta combustión se adquiere un polvo negro que, para facilitar su manejo, se prensa y se le da la forma de una pequeña barra negra. El carboncillo se puede encontrar con diferentes grosores y larguras, aunque por lo general nunca tiene más de diez centímetros de largo ni más de cuatro centímetros de diámetro.

    Esta técnica de dibujo no requiere el empleo de ningún tipo de aglutinante ni disolvente, es inmediata, rápida y de fácil manejo y aprendizaje. Como soporte se suele emplear el papel, ya sea blanco o de color, pero también se puede aplicar sobre otras superficies como el lienzo.

    Henry James, retrato en carboncillo de Carol Gerten.

    El carboncillo es un elemento que se utiliza habitualmente para realizar dibujos preparatorios, trabajos de claroscuro o bien para encajar la composición de una pintura. Su empleo es muy sencillo y permite obtener una variada gama de grises y un negro intenso y aterciopelado dependiendo de la presión que se ejerza sobre el soporte. Estas manchas se pueden suavizar difuminándolas con el dedo o con un difumino, pudiéndose también utilizar una gamuza suave para resaltas los brillos.

    Al ser un polvo muy volátil que no contiene ningún aglutinante, conviene adherirlo al papel con un fijativo para asegurar su permanencia, además porque, si no, una mala manipulación puede variar la composición.

    Es una técnica que permite realizar dibujos rápidos, frescos y esquemáticos, pero también complejas e intensas composiciones de luces y sombras.