Miniatura

    Miniatura del “Breviario de Belleville”, de Jean Pucelle

    Proveniente del italiano, el término “miniatura” se incorporó al castellano en el siglo XVIII para indicar un tipo de decoraciones que, con el tiempo, por su pequeño tamaño, han terminado asociándose a toda pintura primorosa de dimensiones mínimas.

    A su vez, la palabra miniatura deriva de minium (bióxido de plomo utilizado como colorante), por lo que el vocablo hacía referencia a las pinturas o escritos realizados a base de este componente químico de color rojo. Sin embargo, el pigmento más utilizado en la antigüedad no fue el minio sino el cinabrio (sulfuro de mercurio de color rojo también, algo más oscuro que el minio), con el que se pintaban las letras capitales y demás rúbricas desde época romana. En cualquier caso, tanto la palabra miniatura como miniar o iluminar se han aplicado a cualquier tipo de ilustración o decoración de códices que estuviera pintada a mano sobre pergamino, papiro o papel.

    Es conveniente subrayar que en lo relativo a la decoración de libros miniados medievales resulta más frecuente el empleo del término “iluminar”, entendiendo como iluminador aquel que ilustraba los libros con vivos colores empleando oro y plata, con el fin de que adquirieran un aspecto de mayor esplendor y luminosidad. Así queda definido en el libro sobre las artes y el oficio de iluminador de Paulus Paulinus (1460-1470): Illuminator est artifex ponens colores super libros (iluminador es el artista que pone colores sobre los libros).

    Miniatura de un códice que representa a Justiniano dictando su famoso código.

    Etimológicamente, las palabras illuminare y alluminare no proceden de la palabra latina lumen “luz”, sino de allumen “alumbre”, lo que quiere decir que, originalmente, alluminare significaba usar colores preparados con alumbre.

    El alumbre es un sulfato doble de aluminio y potasio, elementos que, junto con colorantes orgánicos de origen vegetal o animal, producían una reacción química generando unas sustancias coloreadas insolubles y duraderas denominadas lacas alumbradas. Estas lacas fueron muy utilizadas en la edad media como tintes para tejido, colorantes en técnicas pictóricas e incluso como componentes en preparados medicinales. Cuando las lacas alumbradas eran empleadas como colorantes en técnicas pictóricas, se solían utilizar sobre soportes delicados, como pergamino o vitela (piel de ternera) y también sobre marfil. Como vehículo aglutinante se solía emplear un agua de goma.