Escultura

    Las esculturas de la Virgen con el Niño son frecuentes en la iconografía cristiana

    La escultura es el arte plástico tridimensional por excelencia. En él se emplean materiales muy variados, duros o maleables, para crear objetos artísticos que crecen dentro de las tres dimensiones espaciales. Las esculturas se pueden clasificar según su disposición en el espacio, según los materiales empleados y en relación a la técnica de ejecución.

    Fuente de Neptuno, Roma, obra del escultor Gian Lorenzo Bernini.

    Según su disposición en el espacio pueden encuadrarse en tres grandes grupos: bulto redondo, que son las que forman objetos independientes; relieves, donde las formas sobresalen respecto al plano sobre el que se apoyan (pueden ser altos, medios o bajos); y las que por su monumentalidad y tamaño pueden llegar a envolver al espectador.

    Grupo familiar, de Henry Moore, ejemplo de tridimensionalidad, peso y volumen en la escultura.

    En lo referente a los materiales empleados, todos aquellos que puedan adoptar una forma tridimensional pueden ser utilizados en la realización escultórica, por tanto es amplia la gama utilizada a lo largo de la historia, destacando la madera, el barro, la piedra (mármol, alabastro o calizas) y el metal (bronce o hierro).

    El Gladiador Borghese ilustra el uso del ritmo, la tensión y la acción en la escultura.

    En cuanto a la técnica de ejecución, ésta se encuentra estrechamente relacionada con la naturaleza del material empleado y, sobre todo, con su dureza, plasticidad y peso. Los materiales se pueden modelar, moldear, grabar, fundir, forjar o ensamblar. El procedimiento más clásico de la escultura es el esculpido, para lo cual se emplean herramientas como escoplos, buriles, punteros, cinceles, gubias o taladros.