Escultura gótica

    El estilo Gótico trajo consigo la novedad de que, por primera vez desde el Románico, la escultura podía llegar a desvincularse de la arquitectura, o a interactuar con ella pero de forma más libre y autónoma. Superada la ley de adecuación al marco, los relieves fueron concebidos como esculturas de bulto redondo adosadas a la arquitectura más que como elementos que formaban parte de ella y de su aparato constructivo.

    Esta evolución trajo una nueva iconografía y una nueva manera de entender la figura de Cristo, concebida desde el punto de vista humano y mortal, lo que ocasionó el predominio de temas como La Crucifixión o la Pasión. A diferencia de la escultura románica, cuyo propósito consistía en inspirar el temor a Dios, el Gótico quiso transmitir valores puramente cristianos como la ternura, la felicidad o la compasión. Para ello fue también importante la figura de la Virgen, idónea a la hora de querer comunicar los sentimientos más humanos y de hacer de enlace entre los hombres y Dios. También las vidas de los Santos y la naturaleza continuaron sirviendo de inspiración para las artes plásticas, mientras que la representación de bestias, monstruos o animales fantásticos típicos del Románico fue decreciendo conforme avanzaba el tiempo.

    Estilísticamente, la escultura comenzó tendiendo hacia el naturalismo y la búsqueda de la realidad, perceptibles a través de un mejor tratamiento de los volúmenes, el movimiento y la expresividad de las figuras.

    Los soportes empleados para los conjuntos escultóricos en las iglesias fueron las portadas (donde se representaba normalmente el Juicio Final, la Coronación de la Virgen o la Vida de los Santos), los retablos y los coros. También tuvo un gran desarrollo la escultura funeraria, por lo general dispuesta en el interior de las catedrales.

    En España, lo más característico de la escultura desarrollada durante el siglo XIII fue la utilización de la madera policromada, sobre todo para la realización de retablos, que mostraron una extraordinaria capacidad narrativa a través de un lenguaje puramente español.

    En las catedrales de Burgos y León se desarrolló un estilo escultórico proveniente de Francia, país que exportó la tradición de esculpir en piedra. Prueba de ello fue, por ejemplo, la puerta delSarmental de la catedral de Burgos, cuyo autor es muy probable que hiciera también el Beau-Dieu de la catedral de Amiens. Las escuelas de León y Burgos serían las que marcarían las pautas escultóricas. Sin embargo, en ambas ciudades se desarrolló también la escultura de sepulcros, los cuales, habiendo sido concebidos con un aspecto cada vez más gótico y una manera singular de representar las imágenes, ayudaron a crear un estilo algo alejado de las formas francesas.

    Italia también influyó en la escultura española, concretamente el naturalismo de la escuela de Pisa, cuyo estilo puede verse en la puerta del Perdón de la catedral de Toledo y en la puerta Dorada de la catedral de Pamplona.

    En Cataluña el Maestro Bertomeu propició la creación de una escuela de estilo propio realizando la imagen del parteluz de la catedral de Tarragona. Durante el siglo XV se desarrolló en la escuela catalana un gusto por el trabajo con alabastro, que podía ir policromado, siendo el maestro Pere Joan, autor del Medallón de Sant Jordi en la Generalitat, el mejor representante de esta técnica.

    En Castilla se desarrolló una escultura influida por maestros flamencos como Hanequín de Bruselas, Egas Cueman y Rodrigo Alemán; este último ejecutó la puerta de los Leones de la catedral de Toledo. Otros importantes escultores fueron Juan Guas, que decoró San Juan de los Reyes en Toledo y, por supuesto, Gil de Siloe, autor del retablo y sepulcro de Juan II, en la cartuja de Miraflores. Otra obra célebre de esta etapa fue la escultura funeraria del Doncel de Sigüenza.

    En Francia, los primeros relieves que se podrían identificar como góticos datan de alrededor de 1175, y son los dedicados a la Virgen en la catedral de Senlis, cuyas figuras aparecen ya desvinculadas de la arquitectura. En las catedrales de Laon y Chartres las esculturas fueron empleadas como columnas, pero ejecutadas prácticamente en bulto redondo y adosadas al edificio. Con el tiempo, la técnica será la que prevalezca en importancia, teniéndose menos en cuenta el tema representado, mientras crecía el interés por la escultura exenta, aplicada a los diferentes géneros. La depuración técnica trajo consigo que en el siglo XIV la escultura tuviera cada vez más expresividad y movimiento. En Borgoña, destacó la figura de Claus Sluter, quien realizó el conjunto funerario de Felipe el Atrevido o el célebre Pozo de Moisés.

    En Italia, Pisa creó la escuela más importante, pues en esta ciudad pervivía poderosamente la cultura clásica, al tiempo que mantenía el contacto con la cultura oriental. Al principio influida también por la escultura francesa, más tarde el clasicismo se apoderaría de las formas, trayendo consigo el Renacimiento. La síntesis del estilo francés con el clasicismo antiguo tuvo en Nicola Pisano su mejor exponente, realizando el púlpito del Baptisterio de Pisa y el de la catedral de Siena. Giovanni Pisano, hijo del anterior, introdujo más dramatismo a la escultura, realizando los púlpitos de la catedral de Pisa y la fachada de la catedral de Siena. Andrea Pisano, hermano de Giovanni, realizó las puertas en bronce del baptisterio de Pisa y los relieves del Campanile de Pisa, con un estilo que ya anunciaba la venida del Renacimiento.

    En Inglaterra, influenciados por Chartres, los escultores de las catedrales de York, Wells o Lincoln ejecutaron un trabajo menos fino y más grotesco que los franceses, en lo que constituye el origen del retrato humorístico. La escultura sepulcral tuvo un gran desarrollo, la mayor parte en alabastro y cobre dorado; se caracterizó por crear una visión idealizada de los difuntos, al principio obispos y caballeros y más tarde miembros de la clase parlamentaria.

    En Alemania también fue clave el influjo francés, a pesar de que luego la escultura evolucionó hacia un realismo sobrio, como muestra la puerta dorada de Freiberg en Sajonia. En Bamberg un maestro procedente de Reims introdujo de forma más clara el gótico francés, a través de obras como El Jinete. La máxima expresión de la escultura gótica alemana se dio a través de las obras del Maestro de Naumburg para la catedral de su ciudad, caracterizadas por su expresividad y dramatismo.