Escultura clásica

Venus de Milo, ejemplo de escultura al servicio de la representación del cuerpo humano.

Por escultura clásica entendemos la que tuvo lugar durante la antigüedad en occidente, entre los siglos IX a.C. y V de nuestra era, incluyendo a las civilizaciones griega, etrusca y romana.

Escultura griega

La característica principal de la escultura griega, aplicable a los tres periodos en los que se desarrolló, es la consideración de la figura humana como fin de la representación. Del cuerpo humano se extrajo el ideal de belleza formal y el conjunto como expresión de la armonía de las formas.

El periodo arcaico desarrolló al principio el estilo llamado geométrico, caracterizado por la representación de figuras policromadas y realizadas a base de formas como el triángulo, para los torsos, cabezas pequeñas sobre largos cuellos, talles estrechos, y mediante un frontalismo y rigidez típicamente primitivos.

Posteriormente la escultura arcaica incorporó influjos del arte egipcio, así como del micénico y minoico, que fue perdiendo conforme se aproximaba el periodo clásico. De Egipto tomó los esquemas compositivos y el hieratismo de las figuras, con la diferencia de que los griegos siempre buscaron la perfección en las proporciones físicas y la simetría. Las esculturas llamadas kuroi representaban el ideal de belleza masculino. Se trataba de figuras desnudas, inexpresivas, inmóviles, hieráticas y ejecutadas a base de formas geométricas y cúbicas. Posteriormente, fueron adquiriendo mayor realismo, perceptible en una leve expresión de sonrisa. Las korei representaron el ideal de belleza femenino. En este caso eran figuras vestidas con ropas cuyos pliegues caían de forma recta y geométrica; se encontraban llevando a cabo algún tipo de acción; presentaban bonitos adornos y peinados, así como ojos grandes y expresivos. La representación acusaba la misma frontalidad, con los brazos rígidos y pegados al cuerpo, aunque mostraron un leve movimiento al tener una pierna ligeramente avanzada.

La típica sonrisa arcaica apareció al principio del siglo V a.C., cuando los artistas buscaban mayor naturalismo. Durante esta época se resolvió también la adaptación de las figuras al marco en relieves, como sucede en el templo de Zeus en Olimpia. A finales del periodo arcaico aparecieron las célebres esculturas del Auriga de Delfos, Poseidón y el grupo de Los Tiranicidas.

Durante la época de transición al periodo clásico, los escultores mejoraron la representación del cuerpo humano gracias a sus conocimientos de anatomía. Esta tendencia hacia el realismo se tradujo también en mayor dinamismo, mayor expresividad en rostros (se dejó de representar la sonrisa arcaica) y en el uso del bronce como principal material.

En la época clásica se estableció el canon, medida a través de la cual se alcanzaría la máxima expresión del ideal de belleza; Policleto lo definió en siete cabezas y, posteriormente, Lisipo lo establecería en ocho. Durante esta época las esculturas adquirieron más movimiento y expresión de sentimientos; se buscó la naturalidad y la representación real pero sin perder la idealización a la que toda obra de arte debía aspirar.

En época de Pericles (h. 480 a.C.) aparecieron los principales escultores clasicistas: Mirón, Fidias y el mencionado Policleto.

Mirón buscó con sus obras en bronce captar el movimiento en la figura humana, como muestra su más célebre Discóbolo.

Policleto ejecutó el Doríforo y el Diadumenos, dos atletas en los que a través del mencionado canon de siete cabezas determinó la relación armónica de las partes con el todo y todas ellas entre sí.

No obstante, fue Fidias quien alcanzó mayor perfección dentro del clasicismo, como demuestran las esculturas y bajorrelieves para el Partenón, hasta el momento la más perfecta representación de la anatomía humana en movimiento. También elaboró su célebre técnica de los “paños mojados”, los cuales, adheridos a los cuerpos, marcaban con realismo la belleza de la anatomía humana, como muestra en el friso de la Procesión de las Panateneas.

En el siglo IV a.C. el relevo lo tomaron otros brillantes artistas como Scopas, Praxíteles y Lisipo.

Scopas se caracterizó por la representación de los estados de ánimo, por lo general trágicos y patéticos. Suyos son la Ménade, los relieves del Mausoleo de Halicarnaso y El joven Meleagro.

Praxíteles fue el escultor de la belleza sensual y de las formas sinuosas, que alcanzó a través de la “curva praxiteliana”, que aparece cuando la figura apoya todo su peso sobre una pierna, permitiendo que la cadera salga hacia fuera. Sus obras más conocidas son Hermes de Olimpia con el niño Dionisio, el Apolo Sauroctono y la Afrodita de Gnido.

Lisipo alargó sus figuras empleando su canon de ocho cabezas, siempre con un afán por buscar mayor realismo. Lo demuestran obras como el atleta Apoxiomenos y el gran número de retratos que hizo de Alejandro Magno.

Otra característica del clasicismo fue el contrapposto, aplicado a figuras humanas que, mediante posturas contrapuestas de sus extremidades, rompen el frontalismo y añaden naturalidad y dinamismo a la representación.

El periodo helenista comenzó a finales del siglo IV a.C. Desde este momento la búsqueda de la belleza sería sustituida por la búsqueda del placer, al tiempo que se produjo una humanización de las representaciones divinas. A partir de ahora se comenzó a perder el equilibrio y serenidad clásicos en pro de buscar más expresividad y dramatismo en la representación.

El helenístico no fue un estilo homogéneo, sino que se llevó a cabo a través de las numerosas escuelas del territorio griego, entre ellas las de Pérgamo, Rodas, Alejandría o Atenas. Aparte de la Venus de Milo, ejecutada todavía con cierto lenguaje clasicista, las más célebres obras de esta etapa son, en Pérgamo, Galo suicidándose y Galo moribundo; El toro Farnesio, Victoria de Samotracia y Laocoonte y sus hijos en Rodas, escuela que mostró mayor expresividad, dolor, movimiento y monumentalidad; y en Atenas, El niño de la espina y el Apolo del Belvedere, de gran repercusión en la escultura romana.

Escultura etrusca

La escultura griega tuvo una enorme influencia sobre la etrusca, en especial la del periodo arcaico.

El periodo más representativo de la escultura etrusca se produjo entre los años 575 y 475 a.C., originándose gran cantidad de esculturas funerarias en terracota representando a matrimonios recostados sobre un triclinio, a través de un lenguaje muy parecido al griego arcaico. Los ejemplos más célebres se extrajeron de la necrópolis de Cerveteri, de aproximadamente finales del siglo IV a.C.

De estilo arcaico son también el célebre Apolo de Veyes y el Hércules de Veyes, de principios del siglo IV a.C. y realizados en barro cocido. El Apolo tiene características de los kuroi griegos, como la verticalidad y cierta rigidez; sin embargo muestra más dinamismo al separar los brazos del torso y al representarse en actitud caminante; el rostro adoptó la célebre sonrisa arcaica, que sería un rasgo muy característico también de los etruscos.

El arte etrusco creó también una serie de esculturas de animales en bronce, de gran realismo, como la Loba Capitolina (de entre los años 500 y 450 a.C.), cuyas figuras de Rómulo y Remo fueron añadidas posteriormente en el siglo XV, y la Quimera de Arezzo, del siglo IV a.C.

El helenismo se introdujo en el arte etrusco entre los siglos III y I a.C. dotando a la escultura de gran realismo en las facciones y mayor movilidad en las actitudes, como muestran las obras en bronce de Lucius Brutus y el Arringatore, que anunciaban el estilo de retrato típico romano.

Escultura romana

La escultura romana, aunque aportó novedades, fue hija a su vez de la etrusca y la griega. Al mismo tiempo, gracias a las copias que realizaron los romanos, podemos conocer hoy la mayoría de las piezas más célebres de la estatuaria griega.

El material preferido por los romanos fue el mármol, aunque también emplearon el bronce. Los temas más desarrollados fueron los retratos y los relieves históricos. Los retratos, de personajes importantes o emperadores, podían ser de varios tipos: de cuerpo entero, de busto, sedentes, en pie, con la toga de patricio, con coraza y atributos militares (pontifex maximus) o divino (figuras semidesnudas y coronadas con laurel). El estilo evolucionó desde un realismo durante la República a la idealización más propia del Imperio, para, en los siglos II al IV, tender hacia el esquematismo y la rigidez.

En cuanto al relieve histórico, se trataba de un medio instructivo al servicio de la política, siendo ejecutado con gran realismo a la hora de narrar campañas bélicas u otros hechos con los que se glorificaba al emperador.

Durante la República, creció una escuela destinada a seguir los modelos de Praxíteles y Lisipo, llegando a realizarse numerosas copias de estos y otros escultores de la Grecia clásica. Los retratos, de gran expresividad y realismo sin por ello tender a la idealización, estuvieron influidos por el estilo etrusco; los de César y Pompeyo son algunos ejemplos.

Con César Augusto la escultura alcanzó su mayor idealización y sentido propagandístico al servicio del emperador, como muestran los relieves históricos de la Procesión del Ara Pacis. En cuanto al retrato, el propio Augusto se erigió como modelo y prototipo humano de la belleza ideal. Entre sus más célebres retratos se encuentran el de Prima Porta y el de Augusto como pontifex maximus, ambos en mármol. Para este último el artista pudo basarse, por la postura de la figura, en el Doríforo de Policleto.

Durante el siglo I, tras una continuidad idealista en los retratos durante le época de Claudio, se pasó a una más realista, como muestran los de Vespasiano, Tito o Domiciano. En el relieve, destacaron los del arco de Tito, realizados con un sentido espacial rozando lo pictórico.

En el siglo II, con Trajano como emperador (98-117), el relieve histórico alcanzó un gran nivel narrativo mezclado con cierta idealización, como demuestran los de la Columna Trajana o los del arco de Trajano en Benevento.

Durante la época de Adriano (117-138) surgió la talla al trépano, que permitió aumentar el realismo, logrando destacar el claroscuro y el detalle en la ejecución de barbas y pelo rizado; con esta técnica se talló el retrato de Antínoo.

A finales del siglo II se creó el retrato ecuestre, cuyo mejor ejemplo es la estatua en bronce de Marco Aurelio (h. 173). Éste también mandó realizar una columna con relieves históricos para conmemorar las victorias contra germanos y sármatas, narrados en espiral y en sentido ascensional a lo largo del fuste.

A partir del siglo III comenzó la decadencia. Retratos como el de Caracalla, todavía realista, anunciaban una rigidez y tendencia a la abstracción que desembocaría, durante el Bajo Imperio (siglos IV y V), en un interés más por la sensación del conjunto que por el detalle; muestra de ello es la Cabeza de Constantino.

Esquema de la Escultura clásica

La escultura del periodo Clásico, que se desarrolla entre los siglos IX a.C. y V d.C. La escultura griega marca el modelo que seguirán los etruscos y los romanos.

La característica principal de la escultura griega es la consideración de la figura humana como fin de la representación. Del cuerpo humano se extrae el ideal de belleza y la armonía de las formas.