Mosaico

    Mosaico romano originario de Pompeya (Museo Nacional de Nápoles, Italia)

    La palabra mosaico proviene del griego y designa aquello que es propio de las musas. Por extensión, el término se empleó para denominar las decoraciones murales de las grutas que, en los jardines romanos, se reservaban para honrar a las musas. En la actualidad el término se aplica a la obra artística compuesta por pequeñas piedras o vidrios de diversos colores.

    Los ejemplos más antiguos del empleo de esta técnica aparecieron en yacimientos sumerios. Se trataba de piezas pequeñas de arcilla coloreada aplicadas como elementos decorativos.

    En la civilización griega los primeros mosaicos se trabajaron a base de guijarros de río y con decoraciones geométricas.

    La técnica llegó a su esplendor en el periodo helenístico y, cuando los romanos conquistaron Asia Menor, el empleo del mosaico en todo el ámbito griego era ya de uso generalizado. Pero fue el empuje de Roma lo que llevó la industria a su momento de mayor prosperidad comercial. Mosaicos y pinturas decoraban casas privadas y edificios públicos en suelos y muros. Con el término opus musiuum denominaban los mosaicos murales, que fueron los más antiguos; los aplicados sobre suelos eran los opus tessellatum, por llamarse teselas a las piezas de piedra, mármol, vidrio o pasta con las que se elaboraban.

    Los ejemplos más antiguos de opus tessellatum, todavía hechos con guijarros, pertenecen al siglo VIII a.C., y fueron descubiertos en Turquía. Los de Pella, la ciudad de Alejandro Magno en Macedonia, también realizados con guijarros, son muy posteriores.

    El paso de guijarros a teselas se produjo hacia el siglo III a.C., pero su uso no se generalizó hasta el periodo helenístico. El mosaico de Shatby, descubierto en Alejandría, el centro de producción más activo de la época, combinaba las dos técnicas; aplicaba los guijarros para destacar ciertas figuras, que resultaban las principales de la escena, y reservaba las teselas para el resto de los elementos decorativos de la cacería que recreaba.

    Sin embargo, los mosaicos más antiguos con utilización de teselas han sido los hallados en Gela, en la Magna Grecia, Sicilia, y se sitúan cronológicamente a mediados del siglo III a.C. Se solían realizar en talleres. Una vez elegido el motivo, se dibujaba, se dividía en recuadros, se hacía una plantilla de tela de cada una de las partes y se iban colocando las piezas boca abajo sobre la tela. Si iba a servir de pavimento, se allanaba muy bien el terreno para que la superficie quedara lo más plana posible.

    Los temas elegidos fueron de una variedad prodigiosa. Fundamentalmente hubo cuatro tipos: los de tema histórico, esto es, escenas de la Guerra de Troya, de las conquistas de Alejandro Magno o batallas navales; los de tema religioso o mitológico, con pasajes de la vida de los dioses; los relativos a actividades deportivas, con escenas de caza, luchas de gladiadores, carreras en el circo y en el hipódromo; y, por último, los que transmitían escenas de la vida diaria.

    Las primeras fuentes escritas en las que se da noticia de la colocación de un mosaico pertenecen a un papiro del siglo III a.C. De las mismas fechas es la descripción de una embarcación dotada con un mosaico de teselas alusivo a la Guerra de Troya.

    Las monumentales obras de ingeniería emprendidas por los romanos a lo largo de su imperio extendieron la técnica del mosaico por todas sus fronteras. Cabe destacar como una de las cumbres de esta técnica artística el encontrado en la Casa del Fauno, la más bella y espaciosa de Pompeya (siglo II a.C.). Al fondo de la casa, en un amplio salón, se encuentra el mosaico gigantesco que representa la batalla de Alejandro Magno contra Darío. Como era frecuente, el mosaico estaba basado en una pintura anterior, en este caso perteneciente a Filóxeno de Eretria, de principios del siglo III a.C., y representa un momento decisivo de la batalla de Issos, en Asia Menor, que acabó con la victoria griega. El pintor de Eretria inmortalizó el momento presentando a Alejandro sin casco protector, a cabeza descubierta, enfrentándose a los feroces ejércitos de Darío III de Persia.

    En cierto modo, el arte narrativo del mosaico contribuyó también al ambicioso plan de romanización: lograr una cierta uniformidad de formas de vida en un imperio basado en el derecho y en la pax romana.

    Constantino I, detalle de un mosaico de época bizantina.

    Con el imperio bizantino, el arte del mosaico se orientalizó. Constantino I el Grande instaló la capital en Bizancio y el afán de embellecimiento de la ciudad atrajo a unos artistas que llevaron a cabo bellísimos ejemplos de mosaico. Lo más característico de este periodo en lo que al arte de las teselas se refiere fue la generalización del uso del oro.