Cerámica

    Cerámica griega del siglo V a.C.

    La cerámica es una de las manifestaciones artísticas y artesanales más antiguas llevadas a cabo por el hombre. Su descubrimiento pudo realizarse alrededor del VIII milenio a.C. como consecuencia del cambio a la vida sedentaria a raíz de la revolución neolítica.

    Entre las más antiguas del Mediterráneo está la cerámica cardial del Levante de la península ibérica. Recibe este nombre por la decoración realizada por impresión de conchas (cardium) sobre la arcilla en estado crudo.

    Al final del neolítico, en pleno proceso de experimentación metalúrgica, la cerámica adquirió nuevos usos, realizándose con ella crisoles y vasijas-horno. La cerámica destinada al almacenamiento experimentó pocas transformaciones. No ocurrió lo mismo con las suntuarias, que se mostraron susceptibles de las distintas influencias culturales. En el periodo calcolítico se puede destacar la cerámica simbólica de la cultura de los Millares, que se caracterizó por la precisión de sus acabados y las complicadas decoraciones a base de incisiones con rellenos de materia pastosa de color blanquecino.

    Al final del periodo calcolítico apareció en Europa la cerámica campaniforme. De gran calidad, presentaba una decoración a base de rellenos de pasta blanca que contrastaba con el negro de la superficie. A este tipo pertenece, encontrada en España, la célebre cerámica de Ciempozuelos.

    En la edad de bronce, el énfasis se puso, más que en la decoración, la cual prácticamente desapareció, en el perfeccionamiento de acabados y bruñidos. Durante este periodo destacó la delicada cerámica producida por la cultura argárica, que empleó grandes tinajas para sus enterramientos.

    Hacia finales de la edad de bronce se produjo la revolución técnica, ya que aparecieron los tornos para la fabricación de cerámica y los hornos para su cocción. El torno permitió, además de un acabado más perfecto, aumentar la producción de piezas, crear nuevas formas y estandarizar las existentes. Al mismo tiempo, también dio pie a que se produjeran importantes novedades en la decoración.

    Durante la edad de hierro los fenicios introdujeron en la península ibérica nuevas producciones cerámicas realizadas con torno. La superficie de éstas se decoraba con motivos geométricos y zoomorfos. A la enorme calidad de estas piezas contribuyó la selecta arcilla y la cocción en hornos de doble cámara. Entre las nuevas formas creadas destacaron los kálathos, recipientes cilíndricos empleados como urnas cinerarias.

    Quienes mayor grado de perfeccionamiento técnico alcanzaron con la cerámica fueron los griegos. Mejoraron el modelado, hallaron una forma de introducir barnices y establecieron un nuevo repertorio de formas, como lecitos, hidrias, cráteras, kylix o ánforas. También pusieron en práctica nuevas técnicas decorativas (la cerámica de figuras negras, sobre fondo rojo, y la de figuras rojas, sobre fondo negro) y nuevos temas iconográficos: mitológicos y escenas de la vida cotidiana. Todo ello hizo que la cerámica griega se convirtiera en la más admirada de la antigüedad.

    Roma inició la industrialización de la producción cerámica, de la que salió la terra sigillata. Ésta se caracterizó por un color rojizo brillante y por la decoración en relieve. Sus propiedades de dureza, impermeabilidad y brillo se obtuvieron gracias a la selección de las arcillas, la cuidada elaboración del engobe y el control de las fases de cocción.

    La edad media aportó la cerámica hispano-musulmana. Su desarrollo se debió a la prohibición por parte del Corán de usar vasos de oro y plata, que se reservaban para la “otra vida”. Esto dio como resultado la invención de una nueva técnica elegante y lujosa “de reflejo metálico” o “loza dorada”. La decoración era a base de motivos geométricos, vegetales, atauriques y epigráficos, los cuales, combinados, forman la denominada decoración de “arabesco”.

    La edad moderna trajo la cerámica polícroma, para cuya realización se requería el uso de óxidos metálicos que soportaran altas temperaturas. Esto hizo que la paleta cromática se viera reducida a cinco colores: azul cobalto, negro del manganeso, amarillo del antimonio, naranja del óxido de hierro y verde del óxido de cobre.

    El reinado de los Austrias en España a partir del siglo XVI se volcó en reproducir modelos renacentistas italianos. Talavera de la Reina, en la provincia de Toledo, fue el principal centro de producción de cerámica en la península ibérica.

    En el siglo XVII hizo aparición la porcelana, realizada a partir de una pasta dura, translúcida, blanca y sonora, cuyo principal componente era el caolín. El origen de esta técnica era chino, y la primera producción enteramente europea no se dio hasta el siglo XVIII en Meissen, Sajonia. En 1743 Carlos III, siendo rey de Nápoles, abrió la fábrica de porcelana de Capodimonte, la cual, tras ser nombrado rey de España, trasladó al Buen Retiro de Madrid. A lo largo de todo el siglo XVIII los artistas lograron alcanzar una alta calidad y dominio técnico, creando piezas acordes con la elegancia y suntuosidad de las cortes europeas, ávidas por decorar los palacios con porcelana, que era empleada como medio de ostentación y altura social.

    La Revolución Industrial cambió la forma tradicional de elaboración de cerámica. La mecanización permitió que se pudiera aumentar la producción, abaratándose el coste de las piezas, estandarizándose las formas y perdiendo, al menos en lo referente a la porcelana, el carácter exclusivo que ésta había adquirido.

    En el siglo XX la cerámica fue adoptada por las nuevas corrientes artísticas que iban surgiendo, siendo del gusto del Art Nouveau y el Art Decó, así como de artistas como Pablo Picasso, que emplearon la cerámica para la realización de esculturas y otras piezas artísticas.