Romanticismo

    Lord Byron contemplando el Coliseo romano.

    El punto de partida de la revolución romántica puede situarse en torno a 1800, coincidiendo con los ideales revolucionarios napoleónicos.

    El Romanticismo como corriente artística está regido por una actitud vital nueva en la que la expresión de la sensibilidad emotiva del artista se convierte en su valor máximo. Frente a las verdades universales de la estética neoclásica, el artista romántico volcó la carga expresiva de su experiencia vital de forma individualista y apasionada.

    Liberados del mecenazgo tradicional, la Iglesia y la monarquía, los artistas tuvieron que buscarse un nuevo público, la burguesía, y un lugar, los salones, para poder mostrar libremente su obra. Buscaron nuevos temas en ámbitos legendarios, misteriosos, esotéricos y oníricos, así como un nuevo renacimiento religioso se tradujo en una visión sublime e idealizada de la cristiandad.

    La ruptura con la tradición anterior se produjo en la manera de entender el paisaje; de mera escenografía arcádica a expresión íntima de una reacción individual y emocional del pintor, el músico o el poeta ante la naturaleza.

    En Inglaterra encontramos en los pintores John Constable y Joseph Mallord William Turner el nuevo modo de sentir esa naturaleza todopoderosa, con cielos ilimitados y turbulentos, atravesados por sombras y claridades.

    En Alemania, G. D. Friedrich trató el dramático tema romántico de la relación del hombre con la naturaleza; es decir, el paisaje que el artista ve en su interior a la luz de una profunda emoción religiosa.

    En Francia el romanticismo pictórico adquirió características propias. La temática romántica apareció en artistas procedentes del taller de Jacques-Louis David como Jean Auguste Dominique Ingres y A. J. Gros.

    Pero fueron Théodore Géricault y Eugène Delacroix los máximos exponentes del rumbo que tomó el lenguaje romántico francés. Abogaron por una defensa del color y una manera de pintar más libre en la técnica y en los temas. Géricault, como un auténtico reportero en su tratamiento de temas sociales; Delacroix con una imaginación sobrepasada con la que consiguió una perfecta y precursora fusión entre imaginación, alegoría y realismo.

    Mientras que en música y pintura el movimiento romántico tuvo una incidencia trascendental, no ocurrió lo mismo en la escultura, un campo en el que los artistas se mantuvieron afines a la fría factura del Neoclasicismo, ni en arquitectura, en la que el eclecticismo fue el lenguaje dominante. Representante destacado de este eclecticismo fue el arquitecto alemán Karl Friedrich Schinkel (1781-1841).

    Muchas de las categorías ensalzadas por la estética del Romanticismo tuvieron en el arte contemporáneo una profunda huella, abriendo y preludiando numerosas tendencias como el Impresionismo, o anticipando vanguardias, en especial el Expresionismo y el Surrealismo.