Arte maya

Plaza principal de Tikal. Las plazas mayas sirvieron como elementos estructuradores de la ciudad.

Introducción

La cultura Maya tuvo su origen hace más de 40000 años. Ocupó una amplia extensión de terreno, que incluye los países conocidos hoy día por Méjico, Guatemala, Belice y Honduras. No obstante, los vestigios que quedan de esta civilización, aquellos por los cuales conocemos su existencia, pertenecen a los periodos Preclásico o Formativo (entre el 1200 y 1800 a.C. al 0 o 250 d.C.), Clásico (300 al 900) y Posclásico (900-1600).

Los restos artísticos más significativos de la cultura Maya son de tipo arquitectónico, los realizados en piedra, y escultórico, ya estén unidos a la arquitectura o de forma independiente. De pintura, sin embargo, a penas quedan restos de murales. Los mayas también cultivaron otras artes, como la metalurgia, el jade, la cerámica o los textiles.

Arquitectura

Lo que mejor se ha conservado es la arquitectura de tipo ceremonial, con sus edificios piramidales en torno a plazas y junto a los que se abren juegos de pelota. En cuanto a lo poco que queda de arquitectura habitacional, los mejores ejemplos se encuentran en Agua Tibia, junto a Totonicapán. Los materiales empleados para la construcción solían ser los de los alrededores de los asentamientos.

El urbanismo y la ciudad

Hoy día no está claro si los centros ceremoniales descubiertos pueden ser calificados como ciudades. No obstante, parece existir consenso acerca de que un centro ceremonial compuesto por pirámides, templos, palacios y juegos de pelota pudiera ser el núcleo de una ciudad dividida, a su vez, en otros núcleos menores de población campesina, cuyas viviendas se agrupaban en torno a plazas o templos de menor entidad.

El planteamiento urbano era muy regular y con escasas variaciones. Para los edificios, pirámides y palacios, se creó un sistema de plataformas y terrazas ordenados en torno a plazas y patios. La situación geográfica y sus accidentes determinaban en muchos casos el ordenamiento, cuya intención fue siempre la de crear una visión grandiosa vista desde abajo, de forma que destacaran las grandes plataformas, pirámides y escalinatas.

Este planteamiento variaba según las regiones. En las ciudades del Usumacinta, las plataformas y edificios se apoyaban en los cerros y en las faldas de las montañas, mientras que la orientación podía variar. Las estelas se disponían sobre plataformas y escalinatas, en lugar de hacerlo en plazas o patios. En el área central, las ciudades tendían a dispersar sus edificios, para luego concentrar los más importantes a modo de acrópolis. En ciudades situadas en estribaciones montañosas como Palenque, la adaptación al terreno primaba sobre la escrupulosidad a la hora de orientar los edificios. En Puuc, Río Bec y Chenes no se estableció una especial organización en plazas y las acrópolis fueron sustituidas por edificios de pisos y grandes escalinatas apoyados en los cerros. Sí era frecuente el ordenamiento a base de avenidas orientadas de norte a sur, mientras que las estelas eran agrupadas en plataformas aparte.

La construcción

Sin que se pueda llegar a confirmar, los proyectos arquitectónicos se dibujaban sobre planos de papel. No está clara la forma por la que los mayas establecían las medidas, a pesar de que los edificios mostraban una gran regularidad y simetría.

Los materiales utilizados fueron la madera y la piedra, junto con mezclas arcillosas, cemento y estucos. La madera sirvió en las grandes construcciones fundamentalmente para la estructura. La piedra utilizada variaba según la zona: en la península de Yucatán abundaba la caliza; en Uxmal la caliza cristalina de color rosado; y en Copán la traquita verde, la más dura empleada por los mayas. Entre las mezclas más utilizadas estaban la de arcilla, arena, hierba y piedras menudas; el cemento se componía de cal mezclada con arena o marga y piedras, y se usaba para rellenar los muros; los estucos resultaban de mezclar cal pura con agua y una goma vegetal que se endurecía.

El sistema constructivo más empleado por la civilización maya fue el arco y la bóveda por aproximación de hiladas, que apoyaba sobre muros de gran grosor. El espacio cubierto por la bóveda era muy pequeño, aunque en algunos casos éste podía ampliarse a través de un sistema de entrecruzamiento de varias bóvedas.

Las puertas tenían forma rectangular y dinteles de piedra (más sólidos) o de madera de zapote. Las ventanas eran tragaluces en forma de “T”, cuadrada o lobulada.

En templos y palacios se añadían las llamadas cresterías, ornamentos dispuestos en la parte superior de la bóveda que podían, en algún caso, medir el doble que el conjunto del edificio. La estructura era en caballete con dos lados muy calados y, a veces, con relieves que se apoyaban en ángulo agudo. La crestería podía ser doble y hasta cuádruple.

Tipologías de edificio

Los conjuntos arquitectónicos más importantes eran los compuestos por la pirámide. El templo, cuyas partes adquirían un carácter simbólico, representaba el cosmos; sus cuatro ángulos eran los puntos cardinales, y las plataformas superpuestas representaban los trece cielos. La forma era exacta a la de la casa campesina; el interior, debido al sistema de bóvedas descrito, era muy reducido.

Se supone que cada pirámide, cuya función era funeraria, tenía otra invertida bajo tierra que representaba los nueve infiernos. Las pirámides mayas del periodo Clásico eran más esbeltas que las del centro de México o del valle de Oaxaca. Cada una tenía una escalinata, y en algún caso dos opuestas o cuatro, una por cada lado, y no solían presentar alfardas (pares de armadura) como en el México central.

Las plataformas-altares no aparecieron hasta el periodo Clásico, siendo más numerosas en el Post-clásico. Eran de planta cuadrada y de unos 2 metros de altura, y solían situarse frente a un templo, pudiendo tener entre una y cuatro escaleras con alfardas. Las plataformas debieron de servir para realizar ofrendas o danzas ceremoniales. El altar-templete tenía la misma forma que las plataformas-altares pero con una construcción en la plataforma superior, la cual podía tener una puerta o cuatro ventanas.

Existen dudas acerca de cuál era la función de los considerados como palacios. Podrían haber sido edificios administrativos, lugares para el ayuno y la abstinencia o para impartir justicia. Eran alargados y tenían numerosas puertas y salas comunicantes. A veces se disponían sobre plataformas con grandes escalinatas o se emplazaban en torno a patios o plazas.

Las torres y otros edificios altos pudieron ejerce la función de observatorios.

Estilos arquitectónicos

Según las regiones, podemos hablar de estilos con características arquitectónicas claramente diferenciadas.

Al Petén, en la península del Yucatán, pertenecieron Tikal, Uaxactún, Yaxhá, Nakum, Naranjo, Río Azul, Dos Pilas, Altar de Sacrificios y Ceibal. En estas ciudades se desarrollaron los aspectos más singulares e importantes de la civilización maya, como las inscripciones jeroglíficas o la construcción con bóveda. Destacaron enormes plataformas artificiales, sobre las cuales se erigieron edificios de desigual altura, cuyas esquinas entrantes y salientes hacían un juego de zigzag, con molduras o muros superpuestos hacia las esquinas. El espacio interior de los templos era mínimo, y las pesadas cresterías, decoradas con mascarones policromos, descansaban sobre grandes pirámides.

Al sureste de Campeche y el oeste de Quintana Roo se desarrolló el estilo Río Bec, presente en los yacimientos de Becán, Chicanná, Hormiguero, Manos Rojas, Pechal, Payán, Xpuhil y Peor es Nada. El tipo de arquitectura era muy escenográfica y espectacular, con unas torres cuya función parecía ser decorativa. Éstas se combinaban con edificios alargados, cuya fachada era un inmenso mascarón de forma serpentina que enmarcaba la puerta central.

Entre Guatemala y Honduras se sitúa la cuenca del río Motagua, cuyas ciudades principales, Copán y Quiriguá, desarrollaron una escultura en piedra a base de altorrelieve único en la zona. Hacia la parte occidental, en Yaxchilán, Piedras Negras y Palenque, se emplearon paramentos superiores inclinados; cresterías aligeradas compuestas de dos hojas sobre el muro central del edificio; construcciones de doble crujía; y se utilizó mucho el estuco como ornamentación. Palenque aportó novedades en forma de palacios-corredor, templos con crujías transversales y arcos trilobulados.

Entre Río Bec y las ciudades de Yucatán se encuentra la región de Chenes, en cuyas ciudades como Santa Rosa, Xtampak, Nohacacab, Tabasqueño, Hochob y Dzibilnocac, predominaron los edificios bajos. Las fachadas se decoraban de forma desigual a base de mosaicos de piedra estucada, o con mascarones serpentinos; otros motivos decorativos eran cabañas, grecas o efigies del dios solar.

Sobre las elevaciones del norte de la península del Yucatán se extiende la cordillera de Puuc, que alberga las ciudades de Uxmal, Labná, Kabah, Sayil, Xlapak u Oxkintok. En éstas abundó la fachada baja de los edificios sin decoración, mientras la superior presentaba una decoración pseudo-geométrica a base de mosaico de piedra. Elementos de este estilo fueron también las celosías en forma de “X”, los mascarones del dios de la lluvia Chac, las grecas escalonadas y las esculturas empotradas decorando tamborcillos y columnillas.

Escultura

El material que más emplearon los mayas para esculpir fue la madera, de cuya producción se conservan hoy muy pocos ejemplares; esta se usó sobre todo durante los periodos más antiguos. Otros materiales aparte de la piedra fueron el barro o el estuco.

Entre lo mejor de lo poco que queda del trabajo en madera están los restos de Tikal. El Estuco tuvo mucho desarrollo en la ciudad de Palenque, de donde se han extraído restos de exquisita factura.

El relieve

Las herramientas empleadas para esculpir en piedra, martillos y cinceles, se fabricaban con piedras más duras, como diorita o basalto.

Los relieves eran dibujados sobre la piedra. Las líneas de la figura se tallaban por medio de cortes diagonales sobre la superficie, de modo que quedase una zona rehundida. Mientras, los detalles se indicaban mediante incisiones superficiales. Posteriormente, el pintor rellenaba los espacios de la figura respetando las líneas marcadas por el escultor, aunque en ocasiones podía corregir o hacer rectificaciones.

Gran parte de la producción de estelas se realizó durante el periodo Clásico. Se trataba de piezas monolíticas talladas utilizando la técnica del relieve. Representaban figuras y signos del calendario maya referentes a la fecha de ejecución, que coincidía con la conmemoración de un acontecimiento importante o el homenaje a un soberano.

Los altares fueron abundantes en el área del Petén y en la región del río Motagua. Para su realización se tomaba una enorme roca y se tallaba en forma de prisma rectangular o cilíndrico, adornando cada uno de los lados con figuras ejecutadas o bien con la técnica del relieve poco profundo, o mediante el alto-relieve, cuya profundidad hacía del conjunto una escultura prácticamente exenta.

Los dinteles por su parte eran comunes de la región del río Usumacinta. Se solían esculpir por su parte inferior, con la intención de que pudiesen ser contemplados al cruzar el umbral de las puertas. El material más frecuente fue la piedra, pero también se empleó la madera.

Otro soporte para el relieve eran los tableros. Estos se disponían tanto en el interior como en el exterior de los templos a modo de decoración mural. Los más célebres son los diversos tableros realizados para los templos de Palenque, que incluían en las representaciones gran número de inscripciones.

En cuanto a la escultura exenta, a diferencia del relieve, el arte maya no se caracterizó por la gran producción de este tipo. La mejor es la modelada en arcilla cocida sobre todo proveniente de la Isla de Jaina; también se conservan algunos ejemplares en piedra.

Periodos de la escultura maya

Dentro de la época clásica se distinguen cinco periodos para diferenciar los diversos estilos de escultura maya.

El primero abarca los siglos IV y V y no está todavía considerado estilísticamente como maya. Durante esta época los relieves presentaban la figura humana de forma tosca, de perfil al estilo egipcio. Esto contrastaba, no obstante, con el cuidado y detalle con el que se ejecutaban, por ejemplo, los tocados de plumas.

El aspecto típicamente maya llegaría durante el periodo Formativo (siglo VII) y del Adorno (primera mitad del siglo VIII); este último llamado así por la mejor manufactura de los tejidos y atención de los detalles que acompañan a las figuras representadas.

Hubo que esperar a la fase Dinámica (segunda mitad del siglo VIII) para encontrar el movimiento y la acción en las figuras. Para ello la composición ganó en complejidad, predominaron en el dibujo los trazos curvos y las figuras fueron representadas de forma asimétrica con la intención de crear dinamismo.

Por último, el periodo Decadente (siglo IX) coincide con el estilo Puuc, momento en el que la escultura estuvo más ligada a la arquitectura.

En cuanto a los yacimientos donde se han encontrado los mayores y mejores restos escultóricos, estos se encuentran en ciudades de Palenque, Bonampak, Piedras Negras, Yaxchilán, Uaxactún, Tikal, Copán y Quiriguá.

Pintura

A pesar de los pocos restos que se conservan, los mayas fueron también grandes pintores, sobre todo en lo que respecta a pintura mural.

La técnica empleada era la siguiente. Sobre un boceto por lo general en rojo se pintaba, para luego perfilar más detalladamente a base de repintar nuevamente los bordes. Los pigmentos, ya fueran puros o mezclados, eran a base de polvos que se mezclaban con agua o aglutinantes. La paleta era muy variada; se empleaban rojos, marrón oscuro, púrpura, variantes del amarillo, azules Prusia y cerúleo, naranja brillante, verdes y negro. Además de por su carácter expresivo, estos colores eran empleados de forma simbólica y naïf, de manera que el mar era azul, las plumas verdes, la piel marrón, las caras blancas, etc.

El ejemplo más antiguo conocido de pintura mural es la descubierta en la estructura B-XIII de Uaxactún, de aproximadamente el siglo VI, destruida en 1944.

De la época clásica, el único conjunto conservado es el mural de gran belleza perteneciente al Templo de las Pinturas de Bonampak.

Cerámica y Jade

Vasija trípode con cabezas de animal.

Cerámica

La cerámica maya ha sido clasificada en dos tipos, que vienen determinados por el periodo histórico: la cerámica Tzacol, perteneciente al Clásico temprano, y la cerámica Tepeuh, característica del periodo Clásico tardío.

La cerámica Tzacol, cuyo origen está probablemente en la región de Uaxactún y Tikal, se extiende también por las tierras bajas, llegando incluso a la península de Yucatán. Las formas de las vasijas eran muy variadas, con una base en ocasiones de un solo pie y en otras a modo de trípode. Para la decoración en relieve se empleó la técnica de rehundido para destacar las figuras más importantes, así como un sistema de decoración por incisiones.

La cerámica Tepeuh fue originaria de Petén, desde donde se extendió a las tierras altas de Guatemala y el sudeste centroamericano, esto es Honduras y El Salvador. La más destacada fue la cerámica policromada, característica por su variedad decorativa y forma cilíndrica con tres pies. Se han encontrado también cuencos rojos con anchos cuellos, platos trípodes o vasijas con base de pedestal.

Muy numerosa fue también la producción de figurillas, sobresaliendo por su magnífica factura y variedad las de la Isla de Jaina (Campeche). El lenguaje empleado era muy realista, ya que retrababan individuos, costumbres y ambientes de la época.

Jade

La producción de jade fue también muy importante dentro de la cultura maya. No está todavía claro cuál es el origen del mismo; al haberse encontrado piezas en Kaminaljuyú y Nebaj, se presume que pudo venir de las tierras altas, aunque también se han hallado restos en otras zonas.

Gran parte de los vestigios en jade son versiones a pequeña escala de pinturas y esculturas de mayor tamaño, como en el caso de la Placa de Leyden. Se trata de una pieza de color verde pálido que lleva grabada una figura que se asemeja a las de las estelas de Tikal, y se supone realizada alrededor del año 495. La teoría de que se ejecutó en Tikal cobra fuerza a la hora de observar el parecido entre las figuras de cautivos de los monumentos de este yacimiento y el cautivo que aparece en esta placa.

Otros jades de gran belleza son los pendientes o pectorales encontrados en Nebaj, como el procedente de Copán, donde se puede ver a un dignatario maya sentado en un taburete acompañado por otro personaje mucho más pequeño. Otras piezas de menor calidad, como colgantes, pendientes, y adornos varios tienen la característica de haber sido tallados de forma semejante al trabajo lapidario que podemos encontrar en lugares como el estado mejicano de Guerrero.

Esquema del Arte maya

Los restos artísticos más significativos de la cultura Maya son de tipo arquitectónico: construcciones de tipo ceremonial realizadas en piedra y con forma de pirámide. Se conservan también algunos testimonios escultóricos en madera. Sin embargo, apenas quedan restos pictóricos.

Los mayas también cultivaron otras artes, como la metalurgia, el jade, la cerámica o los textiles.