Música renacentista

Período de la historia comprendido aproximadamente entre 1430 y 1600.

Como otros de los conceptos principales utilizados en la periodización de la historia de la música culta occidental, el concepto de Renacimiento se tomó prestado de otras ramas del estudio de la historia. El término lo aplicó por primera vez a una época completa el historiador francés Jules Michelet en 1855 y el concepto recibió su formulación más amplia e influyente en La cultura del Renacimiento en Italia de Jacob Burckhardt, publicado por primera vez en alemán en 1860. El nacimiento del individualismo fue el elemento crucial para Burckhardt, que lo consideró el producto exclusivo del siglo XIV de la vida social y política italiana, así como del resurgimiento por parte de los italianos de las enseñanzas clásicas. Otros historiadores estudiaron las implicaciones de esta concepción en otros aspectos de la cultura italiana y se propusieron examinar la posterior difusión de fenómenos similares en otros lugares de Europa.

El resultado fue una visión de una época que iba desde alrededor de 1400 hasta 1600 y que se caracterizaba por el individualismo, el descubrimiento y la libertad a partir de una fe y una ilusión que habían tenido el espíritu humano a raya durante la Edad Media. El Renacimiento se consideró el principio de la edad moderna.

Como, al contrario que la literatura y las artes visuales, la música no contaba con ejemplos reales de obras de la Antigüedad clásica, la influencia de ésta en el estilo musical fue en gran medida teórica y no se dejó sentir siquiera en los escritos sobre música hasta cerca de finales del siglo XV, con las obras de Johannes Tinctoris. Fue también Tinctoris, quien, en su Liber de arte contrapuncti de 1477, proclamó por primera vez un renacimiento del arte de la música: citando a Dufay, Binchois y Dunstable como los fundadores del nuevo arte, afirmaba que no había ninguna obra escrita en los cuarenta años anteriores que mereciera ser escuchada. Las generaciones posteriores de escritores sobre música se hicieron eco de la pretensión de renacimiento, aunque citando compositores posteriores sucesivamente como los responsables de aquél, y aumentaron cada vez más las apelaciones a la autoridad de la Antigüedad clásica sobre la naturaleza y los efectos de la música. Estos autores, comenzando con Tinctoris, aportaron los principales vínculos intelectuales entre la música y otros aspectos de la cultura de este período, aunque la noción de renacimiento ya había surgido en otras esferas hacía más de un siglo. Esta corriente de humanismo renacentista dio paso en el curso del siglo XVI no sólo a exploraciones teóricas de los géneros de la música antigua, como L'antica musica ridotta alla moderna prattica (Roma, 1555) de Nicola Vicentino, sino también a la utilización del cromatismo y los microtonos por parte de algunos compositores que buscaban imitar la música antigua, a obras compuestas sobre las odas de Horacio y otros textos clásicos, a intentos de recuperar el ritmo y la métrica de la música antigua como en la musique mesurée francesa, y a diversas expresiones prácticas del deseo de permitir que las palabras (al nivel de acentuación y de sintaxis, así como al del significado y el carácter afectivo) dominaran aspectos de la música.

Características del renacimiento musical

1) El efecto más importante que tuvo el renacimiento sobre la música fue acercarla a las artes lite­­rarias. La imagen del poeta y del músico an­tiguos unidos en una sola persona invitó tanto a los poetas como a los compositores a buscar una meta expresiva común. Los primeros se preocu­paron más del sonido de sus versos y los segundos de imitar dicho sonido.

2) La puntuación y la sintaxis de un texto servían de guía al compositor para que éste diese forma a la estructura de su música y para señalar los momentos de pausa en el texto mediante cadencias de categoría diferente.

3) Los significados e imágenes del texto inspiraron al compositor sus mo­tivos y textura, la mezcla de consonancias y disonancias, los ritmos y las duraciones de las notas. Se buscaron nuevos senderos para dramatizar el contenido de un texto.

4) Se convirtió en regla que los compositores sigu­ieran el ritmo del habla y no violasen la acen­tuación lógica de las sílabas, bien estuvieran en latín o en lengua vernácula. Los compositores se apropiaron de la prerrogativa antes en posesión de los cantores de coordi­nar con precisión las sílabas con las alturas de sonido anotadas y los rit­mos de la música.

5) La nueva dedicación a los valores humanos en oposición a los religiosos. La realización en vida, así como la salvación tras la muerte, se entendieron entonces como meta deseable. El sentir y ex­presar la gama completa de las emociones humanas y el deleitarse con los placeres de los sentidos no fueron considerados como perversos. Artistas y escritores cultivaron tanto los temas reli­giosos como los profanos e intentaron hacer que sus obras fuesen entendi­das y causaran placer a los hom­bres, y al mismo tiempo fueran aceptables a los ojos de Dios.

6) El mecenazgo. La península italiana en el siglo XV estaba regida por una serie de ciudades-es­tado y pequeños principados, a menudo en guerra entre sí. Los gobernantes buscaban engrandecerse y aumentar la fama de sus ciu­dades mediante la erección de palacios impresionantes y residencias campestres decoradas con nuevas obras de arte y objetos antiguos recién desenterrados en las excavaciones arqueológicas, el mantenimiento de capillas de cantores y conjuntos de instrumentistas, y el agasajo espléndido ofre­cido a potenta­dos vecinos. Mientras tanto, los ciudadanos, libres de cualquier servicio feudal al señor y relevados de los deberes militares, casi siempre en manos de mercenarios, acumulaban riqueza gracias al comercio, la banca y los oficios. Aunque las actividades y asociaciones de carác­ter religioso eran importantes, la prosperidad de la familia, la adquisición y embe­­llecimiento de propiedades, la educación de los hijos según pautas más clásicas que religiosas y la realización personal medi­ante la sabiduría, el servicio público y los logros motivaban sus vidas individuales, sus contactos e instituciones sociales. Incluso el Papa y los cardenales, tras el regreso del destierro de Avignon, se sen­tían tan comprometidos como los príncipes laicos a mantener una alta norma de actividad y mecenazgo cultural, y algunos de los mejores músi­cos, artistas y eruditos se vieron protegidos por cardenales procedentes de familias como las de los Médici, Este, Sforza y Gonzaga, dinastías que gobernaban Florencia, Ferrara, Milán y Mantua, respectiva­mente.

Principales escuelas

Las principales escuelas del Renacimiento son la franco-flamenca, la italiana, la española y la inglesa.

Por lo que se refiere a la escuela franco-flamenca, dominó la escena musical europea entre 1450 y 1550 gracias a compositores que pasaron gran parte de sus vidas al servicio del emperador del Sacro Imperio Romano (servicio éste que podía llevarlos a España, Alemania, Bohemia o Austria), del rey de Francia, del Papa o de alguna de las cortes italianas. En Italia, las cortes o ciudades de Nápoles, Florencia, Ferrara, Módena, Mantua, Milán y Venecia eran los centros principales de di­fusión del arte de los neerlandeses. Se distingue dicha escuela por la complejidad técnica en el empleo del contrapunto imitativo, siendo sus principales géneros musicales la misa, el motete y la chanson en francés. Los representantes más sobresalientes de dicha escuela fueron Dufay, Ockeghem, Josquin, Obrecht, Isaac, De la Rue, Mouton, Arcadelt yWillaert.

La escuela italiana comenzó a destacar desde mediados del siglo XVI a causa del madrigal, el género más importante de la música profana italiana del Renacimiento: se trataba de una com­posición en la que se plasmaba minuciosamente la letra de un poema breve; la poesía era más elevada y severa, y a menudo pertenecía a un gran po­eta, por ejemplo Francesco Petrarca, Bembo, Sannazaro, Ludovico Ariosto, Torcuato Tasso y Guarini. Muy importante era la actitud del compositor de madri­gales que trataba de que su música fuera equiparable a la seriedad, no­bleza y arte de la poesía para poder así comunicar al oyente las ideas y sentimientos de esta última. Los más destacados madrigalistas fueron De Rore, Gesulado y Marenzio. En la vertiente religiosa, la obra de Palestrina constituyó el modelo de música religiosa católica por su severidad, restricción armónica y control de la disonancia, procurando en todo momento la comprensibilidad del texto, valores todos ellos que emanan de los ideales de la Contrarreforma.

La escuela española se vio claramente influenciada por Palestrina. Autores como Morales, Guerrero, Vázquez y Victoria se afanaron en destacar la intensidad del sentimiento religioso y el misticismo en sus obras religiosas vocales, en consonacia con la literatura de Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz. Sin embargo, la música instrumental vivió una etapa dorada gracias a Cabezón, Ortiz y los vihuelistas (Mudarra, Fuenllana, Milán, etc.).

La mayor parte de la música de la escuela inglesa de fines del siglo XV y princip­ios del XVI es sacra y comprende principalmente misas, magnificats y antí­fonas votivas. Muchas de estas obras ilustran la predilección inglesa por una sonoridad más plena, de cinco o seis voces, en contraposición a la textura imitativa de cuatro vo­ces, más común, de la música de la Europa continental contemporánea. Los principales compositores ingleses de música vocal del siglo XVI fueron Taverner, Byrd, Gibbonsy Weelkesmientras que la música instrumental está representada por Dowland y los virginalistas.