Literatura africana

Literatura producida en el continente africano en las lenguas indígenas y en las lenguas de los países colonizadores (inglés, francés, portugués). La mayor parte de las lenguas indígenas sólo se recogieron por escrito a partir de la actividad misionera europea de mediados del siglo XIX y sólo algunas de ellas han desarrollado una literatura propiamente dicha en época reciente.

La diversidad lingüística de África. Las lenguas indígenas

La inmensa diversidad cultural y lingüística (más de 1.300 lenguas) ha hecho de África un continente de lenguas francas como el árabe, utilizado en todo el norte y noreste, y el swahili, hablado en la mayor parte de África oriental. Además, el francés y el inglés tienen gran difusión y son lenguas oficiales en los antiguos territorios coloniales.

La rica tradición oral (fórmulas proverbiales, mitos y otras formas de relatos) con la que las sociedades ágrafas almacenan el saber, transmiten sus valores, explican la creación del mundo o guardan hechos memorables, sigue plenamente viva en muchos pueblos africanos. Su huella es también rastreable en América, adonde llegó con el tráfico de esclavos. Buena parte de esta tradición ha sido recogida por historiadores y antropólogos en el siglo XX.

Aunque se tiene constancia de textos escritos en época muy antigua, la mayoría de las lenguas indígenas no alcanzaron la escritura hasta mediados del siglo XIX cuando los misioneros europeos regularizaron la ortografía. Pero sería un siglo después cuando empezó a emerger una importante actividad literaria estimulada por la descolonización y por la conciencia de la propia identidad. Las elites africanas, formadas en su mayor parte en Europa, mostraron absoluta indiferencia hacia las lenguas autóctonas en unas sociedades con escaso o nulo acceso a la educación. A partir de los años setenta, la política gubernamental en países como Nigeria, Tanzania, Ghana o Zimbawue ha tratado de impulsar su uso literario. Desde luego, las altas tasas de analfabetismo reducen mucho su difusión y muchos textos se difunden en los periódicos o a través de seriales y relatos radiofónicos.

En su mayor parte la literatura recoge los conflictos existentes entre sociedades ancladas en las viejas tradiciones y enfrentadas a una dura y desigual modernización. Aunque los moldes narrativos son claramente europeos, mantienen vivos los mitos y el folclore autóctonos sin renunciar por ello a otros temas: la corrupción política, los enfrentamientos tribales y raciales o las consecuencias de la colonización.

Norte y oriente de África: lenguas semíticas

Comprende las costas mediterráneas, las regiones del Atlas, el Sáhara, el valle del Nilo, el macizo etíope y los desiertos adyacentes, así como el cuerno oriental de África, donde se hablan lenguas de la familia camito-semítica a la que pertenecen el árabe, el hebreo, las lenguas beréberes y etíopes. En esta zona se desarrollaron grandes culturas y civilizaciones, unas autóctonas como la egipcia o el reino de Aksum en Etiopía, y otras que fueron resultado de la invasión de griegos, cartagineses, romanos y árabes. Muchas de estas lenguas utilizaron el alfabeto árabe para su escritura hasta que los misioneros europeos introdujeron el alfabeto latino.

Lenguas etíopes. La primera muestra de la escritura africana la tenemos en ge'ez o etíope clásico en la que se hacen las primeras traducciones, tomadas del griego, de textos cristianos, entre los siglos IV al VII. Tras un largo periodo sin documentación, en los siglos XIV y XV se escribieron muchos textos de carácter épico y hagiográfico (Crónica de las guerras del rey ‘Amada Syon I o el Libro de los misterios del cielo y la tierra).

En el siglo XIX el etíope clásico, lengua de la liturgia y la literatura, es sustituido por el amhárico, en el que escribieron a principios del XX Hiruy Walda Sillase o Afawarq Gabra Iyasus (autor de la primera novela etíope, en 1908). Entre los autores posteriores están Abbe Gubañña o Birhanu Zarihun, que ambientan sus obras en el pasado, y otros como Taddasa Liban, Innanu Aggonafir o Haddis Alamayyahu, que se ocupan críticamente de la conquista italiana o de la corrupción durante el gobierno de Haile Selassie.

África occidental y central

Comprende las costas del Golfo de Guinea y las cuencas de los ríos Níger y Congo. Los primeros textos de esta región datan del siglo XVI y son obra de historiadores islámicos sudaneses como Mahmud Kati y Abd-al Rahman al-Sadi, y recogen, por tanto, la influencia de su tradición. Esta influencia también se dio en la poesía religiosa, cuya figura más destacada fue a finales del siglo XVIII el emir de Abdullah ibn Muhammed Fudi.

Yoruba. Las primeras traducciones a esta lengua hablada en Nigeria son de principios del siglo XX así como el primer libro de poemas, compuesto en 1905, por Sobowolw Sowande. La primera novela, El bosque de los mil espíritus, en la que se integran elementos mágicos y alegóricos, llegaría en 1938 a cargo de Daniel Olorunfemi Fagunwa. Tras la independencia, autores como Femi Jeboda, Afolabi Olabimtan o Akinwunmi Isola han dotado a sus obras de mayor realismo.

Hausa. Lengua que se extiende por Ghana, República centroafricana y norte de Nigeria. En la poesía se dio una vertiente religiosa desde que el guerrero islámico Shaykh Usman dan Fodio la utilizó para difundir su religión. También llegaron a la escritura las crónicas de las ciudades estado de Sokoto y Kano. Más recientemente Alhaji Umaru describe en La llegada de los cristianos (1903) el choque con los ocupantes ingleses. Progresivamente va apareciendo una poesía laica y comprometida con las circunstancias políticas como la de Akilu Aliyu, mientras que la novela apenas está emergiendo (Sulaiman Ibrahim Katsina, Umaru Dembo).

África oriental y meridional

El swahili, de la familia bantú, es una de las más importantes lenguas africanas por número de hablantes y por su carácter internacional, lo que le augura un brillante futuro si la industria editorial y el público lector se desarrolla.

La literatura registrada con caracteres árabes en los siglos XVIII y XIX recoge la larga tradición de poemas épicos que narran la fundación de ciudades estado, en lo que hoy es Kenia, o hacen la crónica de sus héroes (Historia de Tambuka, Historia de Liyongo Fumo, de Muhammad ibn Abubakar). La poesía religiosa o de carácter moral de la que se tiene constancia (El despertar de las almas, de Sayyid Abdallah ibn Nasir) se desarrolló en estrecha conexión con la poesía árabe hasta el siglo XIX en que se volvió a la tradición ritual de las lenguas bantúes.

Uno de los más destacados escritores en esta lengua y considerado el padre de la literarura swahili moderna es Shaaban Robert, de Tanganica, al que hay que añadir los poetas kenianos Ahmad Nassir y Abdillatif Abdalla y el novelista tanzano Euphrase Kezilahabi.

Las lenguas bantúes del sur de África (josa, shona, zulú) habladas en Namibia, Zimbawue y la República sudafricana cuentan también con algunos poetas y novelistas importantes como Samuel E. K. Mqhayi, Thomas Mofolo, Solomon Plaatje, Sipho Sempala o Mongame Walli Serote.

Literatura africana en lenguas europeas

Literatura en inglés

Aunque tenemos algunas muestras en el siglo XIX, la actividad literaria no surgió con ímpetu hasta mediados del siglo XX, propiciada, en parte, por la apertura de las universidades en Ghana y Nigeria. De Ghana son el poeta Kofi Awoonor y el novelista Ayi Kwei Armah (La belleza no ha nacido todavía, 1968), pero es Nigeria de donde proceden los más reseñables: Chinua Achebe, John Pepper Clark, Gabriel Okara, Amos Tuotola, que alcanzó fama con El bebedor de vino de palma (1952) y el Premio Nobel Wole Soyinka (Los intérpretes, La muerte y el caballero del rey). Todos utilizan los mitos y las leyendas autóctonas y plantean la dura pugna entre los valores tradicionales y occidentales. Además merecen mención el novelista William Conton (Sierra Leona), Lenri Peters (Gambia), Okot p'Bitek (Uganda), Ngugi wa Thiong’o (Kenia) y la escritora Nuruddin Farah (Somalia).

La República de Sudáfrica concentra el mayor número de escritores en lengua inglesa. Algunos desarrollaron su carrera literaria en el exilio por enfrentar el rígido sistema de apartheid. La escritora Olive Schreiner se aproximó a las relaciones raciales y sexuales de la comunidad en la que había nacido en Historia de una hacienda africana (1883), aunque sería Alan Stewart Paton quien acogería por primera vez a personajes blancos y negros (Llora, tierra amada, 1948). En las últimas décadas el dramaturgo Athol Fugard (El nudo de sangre, La lección de áloe), la narradora Nadine Gordimer (Mundo de extraños, La hija de Burger, El beso de un soldado) y el novelista J. M. Coetzee (Esperando a los bárbaros, El maestro de Petesburgo, Desgracia), ambos premiados con el Nobel, han alcanzado mayor difusión y gran reconocimiento internacional.

Literatura en francés

La poesía ha sido la forma literaria dominante entre los escritores negroafricanos en lengua francesa. Léopold Sédar Senghor, el poeta y presidente de Senegal, encabezó el movimiento de la negritud surgido en torno a 1930 como protesta contra la política de asimilación practicada por los franceses. Suponía el rechazo de la cultura occidental y una reafirmación de los valores positivos de la cultura africana. A él se sumaron los poetas Bigaro Diop y David Diop, el narrador guineano Camara Laye y los novelistas cameruneses Mongo Beti y Ferdinand Oyono. En las generaciones siguientes el concepto de la negritud ha entrado en retroceso y se han sumado otras voces como las de las mujeres Mariama Bâ y Aminata Sow Fall.

Literatura en portugués

La literatura en lengua portuguesa se da en Mozambique con autores como Mia Couto, José Craveirinha, Orlando Mendes; en Angola con Agostinho Neto y en Cabo Verde con Germano de Almeida.