Comedia burguesa

    Género teatral caracterizado por el reflejo en escena de los conflictos propios de la burguesía. La trama que se desarrolla en estas obras busca ante todo la verosimilitud, puesto que se basan en la observación de la vida real. Su objetivo es reproducirla de un modo realista, con una intención a menudo amablemente crítica.

    Al igual que la propia clase que la protagoniza, y a la que fundamentalmente se dirige, la comedia burguesa se asienta en el siglo XVIII bajo las premisas del racionalismo ilustrado. En España, el precursor de esta corriente es Leandro Fernández de Moratín, con cinco comedias que destilan una intención moralizadora muy propia del género. Entre ellas destaca El sí de las niñas (1806).

    El esplendor de esta dramaturgia llega en la segunda mitad del siglo XIX, cuando la burguesía como clase social se convierte en protagonista del proceso político y económico. Es la época del realismo literario, y la comedia burguesa, denominada también alta comedia, plantea sobre las tablas las vicisitudes propias de este grupo social: problemas con los negocios, infidelidades conyugales, desamor, hijos conflictivos, práctica de la hipocresía, etc.

    En España, las obras más representativas del género se representan entre 1855 y 1880. Tomando como punto de referencia la comedia neoclásica del mexicano Manuel Eduardo Gorostiza y del español Manuel Bretón de los Herreros, se propone advertir de los peligros que acechan al orden social. La finalidad ejemplarizante es muy común en estas producciones, que pretenden a la vez testimoniar los vicios de la burguesía y advertir a ésta de los peligros que acarrean. Los autores más representativos son Manuel Tamayo y Baus, Adelardo López de Ayala y Ventura de la Vega.

    Ya en el siglo XX, el autor que se convierte en referencia de la comedia burguesa es Jacinto Benavente. En sus piezas interesa más el retrato de los rasgos colectivos del grupo que el análisis psicológico de cada personaje concreto, y muestra sus defectos con una perspectiva ligeramente crítica. Esa benevolencia en el reflejo de las debilidades, junto con la agilidad de los diálogos, hizo que el éxito lo acompañara a lo largo de su carrera.

    Precisamente, una de las características de la comedia burguesa desde el punto de vista de la recepción es su popularidad entre el público, frente a la escasa valoración que le merece a la crítica, sobre todo desde el periodo de entreguerras. La propia noción que caracteriza a esta comedia, “burguesa”, conlleva la connotación negativa que le aportó el análisis marxista.