Arché o principio

El concepto de arché (también arjé) fue el primero que se empleó para hacer referencia a uno de los términos elementales de la historia de la filosofía: el principio. Los griegos, preocupados sobre todo por el estudio de la naturaleza, utilizaron la idea de arché para indicar el origen absoluto de la realidad, el fundamento de lo que existe, la causa fundamental de lo real.

Distintos significados de Arché

Anaximandro fue el primer pensador que hizo un uso explícito del término, aunque fue sobre todo Aristóteles el que le dio un sentido completo y exhaustivo. Para éste el arché posee un conjunto de significados que, aunque son similares, no son idénticos. De estos significados, destacan cuatro:

1. La causa. Es aquello que se halla en el principio del movimiento, el cambio o el devenir. Así, el punto del que parte una figura geométrica cualquiera es su arché, su principio.

2. El principio ideal. Aristóteles entendía por arché el mejor origen posible de cualquier realidad. De esta manera, se pasa de una consideración descriptiva de lo real a una estimación ética. Por ejemplo: de todos los orígenes posibles de una figura geométrica se llamará arché a aquel que mejor describa la naturaleza de la figura, que sepa transmitir su esencia y su forma.

3. La causa que da lugar a un hecho determinado. Así, el principio del bebé se halla en la fecundación.

4. El origen de un proceso cognoscitivo. Si se trata de un silogismo, el principio identificable se halla en las premisas, que son la causa del racionamiento y la conclusión.

En otras ocasiones, el propio Aristóteles prefirió darle un sentido similar al que labraron los presocráticos como Anaximandro o Tales de Mileto, quienes veían en el arché el primer elemento del que se derivan todos los demás. Por ejemplo, se puede admitir que el arché de la vida se encuentra en el agua o en el fuego y la polémica, tal como mantenía Heráclito.

El concepto de arché fue siendo poco a poco sustituido por el de principio, aunque su significación se mantuvo inalterada con el transcurso de los siglos. A partir del siglo XVI, se acotó su sentido, dependiendo del interés del pensador o la escuela que hiciese uso de él. Así, para Immanuel Kant, el principio se refiere sobre todo al origen del conocimiento, no a la naturaleza o al funcionamiento de la realidad. Los positivistas y los filósofos de la lógica prefirieron utilizarlo para hablar sólo de las premisas que llevan a una conclusión.

Sin embargo, a partir del siglo XIX, el concepto de principio casi cayó en desuso. Por un lado, los matemáticos y los lógicos empezaron utilizar el término axioma, que terminó sustituyendo al de arché. Los científicos, por su parte, dejaron de hablar de la realidad en los mismos términos que los primeros filósofos de la naturaleza. Si éstos buscaban un principio absoluto del movimiento o de la materia, los físicos y los biólogos contemporáneos consideraron que no tenía sentido hablar de categorías universales cuando se trata de la naturaleza o la realidad. Esto es así porque para la ciencia moderna la naturaleza es un continuo lleno de elementos complejos interrelacionados, de los que no se puede separar ninguno ni mucho menos llamarlo principio de algo.

A este respecto destaca la postura del gran científico Poincaré, para quien los principios absolutos no se corresponden tanto con verdades reales como con convenciones útiles. Al hablar del arché, lo que se hace en realidad es abstraer un elemento de la realidad para que sirva como origen explicativo de un objeto cualquiera; y no tanto por su valor de verdad como por su capacidad para generar teorías y modelos explicativos.

Así pues, el principio o arché hace referencia tanto a una idea concreta de la naturaleza y la realidad como a una forma clásica de comprender la propia ciencia, caracterizada por la fe en que es posible dar con las esencias del mundo, con lo más íntimo, real y originario de la existencia.