Fe

    La fe es una creencia religiosa que se basa en la certeza de Dios. Como las sagradas escrituras o alguna clase de señal afirman la realidad de algo de lo que no se tiene pruebas, se cree, se tiene fe.

    En muchos aspectos, el concepto de fe es equiparable al de creencia, del que lo alejan sin embargo unos matices de gran relevancia para el mundo de la religión. Creer en algo supone admitir que algo va a suceder o que algo es de una determinada manera, a pesar de que no se posean pruebas racionales o lógicas que lo confirmen. Una persona puede creer que le va a tocar la lotería. No tiene ninguna certeza científica, se basa sólo en una intuición subjetiva; pero cree que sucederá así. Alguien que tiene fe en algo también cree que algo va a suceder o que algo es de una determinada manera a pesar de que no posea ninguna clase de certeza científica o racional; sin embargo, la garantía de que ese algo es así se encuentra en la revelación divina.

    Santo Tomás de Aquino afirmaba al respecto que la fe consiste en confiar en algo a pesar de que no se vea. De esta manera, la ciencia y el entendimiento se diferencian de la fe en el hecho de que están basadas en premisas y en datos obtenidos de la observación, de la visión, mientras que la fe vive en la oscuridad de la incertidumbre, de la ausencia de premisas o pruebas.

    Por otro lado, la fe se caracteriza por su inmediatez. La ciencia y la razón parten de la mediatez de los análisis y los estudios de los datos objetivos. Para llegar a cualquier clase de verdad, primero hay que llevar a cabo un exhaustivo ejercicio de investigación, verificación o falsación. Jamás se accede de forma inmediata a la verdad. La fe, como señala Jacobi, supone un salto desde la incertidumbre hasta la seguridad de las grandes verdades. La fe derriba los muros del escepticismo y alcanza de un solo gesto a Dios.

    Ahora bien, la fe no es un hecho aislado en la vida. Como mantuvieron pensadores de la talla de Gottfried Wilhelm Leibniz, Immanuel Kant o Kierkegaard, la fe es un hecho existencial, es una realidad que compromete y transforma la totalidad de la existencia. Una vez se descubre que se cree en Dios y en sus dogmas, toda la persona y su comportamiento se ven sometidos a una nueva vida que sólo tiene un sentido: obedecer a Dios, vivir en su doctrina. Tener fe es vivir de una determinada forma.

    Esta forma de vivir parte de una ruptura radical con el mundo, entendido éste como un universo cognoscible, sometido a la ciencia y al pensamiento. El creyente decide renunciar a la inteligibilidad del universo y a las verdades que se derivan de la ciencia. Si no a todas, si al menos a las que comprometen la solidez de su propia fe. Esto es así porque tener fe supone apostar por lo que desde un punto de vista científico es inverosímil.

    La fe es, por tanto, una decisión vital. Se decide basar la vida en un sentimiento. Se quiere creer y se cree; porque en el mero hecho de rogar por la fe, en el mero hecho de querer creer ya hay una afirmación de la fe, ya se vive dentro de la posibilidad de que Dios exista.

    La mayoría de las teorías en torno a la fe se desarrollaron durante la Escolástica y gran parte de la modernidad, alcanzando a mediados del siglo XVIII su máximo esplendor gracias a lo que se convino en llamar filosofía de la fe. Esta filosofía de la fe, que encontró en los pensadores alemanes G. G. Hamann, G. G. Herder y F. E. Jacobi a sus más brillantes valedores, se basaba en la certeza de que la fe se encontraba por encima de la razón en lo que a teoría del conocimiento se refería. La fe era inmediata y acababa con todas las dudas que asediaban a la razón porque su esencia se basaba en la certeza de lo imposible.

    A partir del siglo XIX, el interés por el tema de la fe decayó ostensiblemente dentro del mundo de la filosofía. Se reconocía que se trataba de un asunto de la religión, y no del pensamiento. Así, la mayoría de los pensadores que dedicaron algún espacio al tema lo hicieron desde dentro de su propio sentir religioso, y no desde la razón.