Sustancia

    El concepto de sustancia (o substancia) posee dos significados diferentes. La primera hace referencia a la necesidad de una estructura; la segunda, a una relación constante.

    1. La sustancia como necesidad. Para la metafísica tradicional, la sustancia es aquello que es de manera necesaria y que además no puede no ser, identificándose en este sentido con el ser tal y como era definido por Aristóteles. El pensador de Estagira viene además a identificar la sustancia con la esencia necesaria, que es aquello que hace que algo sea lo que es, al margen de los accidentes o de los atributos accidentales. Esta sustancia se expresa a través de la forma, que es eterna y no puede ser destruida ni transformada.

    Por otro lado, Aristóteles distingue cuatro modos del ser de la sustancia o cuatro maneras posibles de enfrentarse a ella: la sustancia como esencia necesaria, como universal, como especie y como sujeto; señalando que sólo la primera y la última son formas primeras de sustancia. La sustancia auténtica se identifica con el ser, y constituye el objeto fundamental de estudio de la metafísica.

    El concepto aristotélico de sustancia se extendió a lo largo de todo el periodo clásico y de la edad media, en la que fue definida como necesidad o quididad y como sujeto (Santo Tomás de Aquino). A partir de la modernidad, con la obra de René Descartes, la sustancia fue identificada con la necesidad, de tal manera que "cuando concebimos la sustancia concebimos sólo una cosa que existe, de tal manera que para existir no tiene necesidad de otra cosa más que de sí misma". Leibniz habló de la sustancia en los mismos términos de necesidad, al igual que Kant, quien determinó que lo sustancial fuese una categoría mental que construye los objetos de la experiencia, identificándolos y dándoles una razón de ser. Más tarde, siguiendo a Kant, Fichte y Hegel, se identificó con el yo, que funciona como el sustrato sobre el que se erige todo lo real.

    2. La sustancia como relación constante. La sustancia comprendida como conjunto de relaciones constantes surgió a partir de la crítica de los pensadores escépticos empiristas a la noción clásica del concepto. Según John Locke o David Hume, la necesidad de la sustancia no es una realidad que se pueda derivar del estudio de la experiencia. Es decir: los datos que proporcionan los hechos concretos y reales no apuntan a que exista una sustancia que no pueda ser de otra manera.

    Así, para Locke, la experiencia proporciona una serie de datos inconexos que luego el entendimiento se encarga de poner en relación. Sin embargo, esta relación, lejos de ser necesaria, se debe a la propia mirada del individuo, que busca unas constantes en las que poder apoyar su conocimiento del mundo y su propia vida.

    En la misma línea, Hume decía que la experiencia sólo permite el acceso a unos datos simples, que se muestran uniformemente en un mismo fenómeno. Pero, mientras la tradición metafísica apuntaba que esas relaciones eran necesarias y venían exigidas por la propia razón, el empirismo afirma que no hay ninguna prueba que garantice la necesidad de esas relaciones. En palabras de propio Hume: "Las cualidades particulares que forman una sustancia están por lo común referidas a un algo desconocido, el cual se supone inherente a ellas o, dejando de lado esta ficción, son consideradas estrecha e inseparablemente unidas por relaciones de contigüidad y causación”.

    Es decir, de la relación de hechos y cualidades, la mente humana deriva la existencia de una sustancia; sin embargo, esta relación, lejos de deberse al ser o a las exigencias de la razón, es fortuita.