Escolástica

    La escuela de santo Tomás, por Fra Angélico.

    Se llama escolástica a la filosofía cristiana desarrollada a lo largo de la edad media, y que tiene como principal objeto de estudio la relación entre el pensamiento y la fe. La palabra escolástica tiene su origen en el término griego scholasticus, que era el que se empleaba para hacer referencia a los maestros en artes liberales de los inicios del medievo.

    Posteriormente, cuando el mundo de la educación se desarrolló dentro de la tradición humanista, el concepto se utilizó también para hacer designar a los profesores de teología y filosofía, que impartían sus clases en las catedrales primero y en la universidad después. Así pues, el concepto de escolástica se encuentra ligado directamente con el mundo de la enseñanza, siendo prácticamente equiparable con el de escuela.

    La escolástica suele encontrarse dividida en tres momentos de la edad media. El primer momento, conocido como alta edad media, se desarrolló entre los siglos IX y XII inclusive, y se caracterizó por la confianza en la existencia de una armonía preestablecida entre el pensamiento y la fe, de tal manera que sus conclusiones son muy similares, por no decir exactas. El segundo momento, que tuvo lugar entre el siglo XII y el inicio del XIV, fue de suma importancia para el establecimiento de los grandes edificios especulativos y las ideas más célebres, que se basaron en el reconocimiento de que entre la fe y el pensamiento sólo había un acuerdo parcial. Por último, la tercera etapa de la escolástica fue la de su disolución, y tuvo lugar a partir del siglo XIV, y hasta los primeros pasos de la modernidad y el Renacimiento.

    La escolástica tuvo que hacer frente al gran número de herejías que surgían en los más diversos ámbitos. Así, una de sus grandes metas era la de defender la ortodoxia cristiana de las distintas posturas heterodoxas que surgían entre los pensadores liberales. Es cierto que el gran objetivo de los escolásticos era tratar de hacer compatibles la fe y la razón, intentando que esta última se adhiriese en todo momento a los grandes dogmas de la iglesia. Sin embargo, esta necesidad de basarse en los argumentos de la lógica más clásica encuentra su explicación en la existencia de dichas herejías filosóficas. No era posible enfrentarse a ellas haciendo uso únicamente de los dogmas de fe, sino que había que combatirlas empleando la propia razón.

    Sin embargo, frente a otras grandes escuelas y corrientes de la historia del pensamiento, la escolástica no es un pensamiento autónomo, ya que no se basa sólo en el entendimiento, sino que se impone a sí misma unos límites demarcados a través de las verdades de la iglesia, que es la que establece qué es lo adecuado para cada idea en sus concilios. Así, era bastante común entre los pensadores escolásticos el que se hiciesen continuas referencias a auctoritates, que eran las decisiones adoptadas en los concilios de la iglesia católica.

    Sin embargo, muchos intérpretes de la historia del pensamiento han afirmado que la escolástica no fue tanto una escuela filosófica como una serie de grandes autores alrededor de los cuales se establecieron unos dogmas y estereotipos. Así, la escolástica no sería más que Santo Tomás de Aquino y una serie de allegados que discutieron sus ideas.

    Pero esto no es cierto, ya que se puede observar en la historia de las distintas vertientes de la escolástica una evolución propia y conjunta que apunta inevitablemente a la idea de escuela intelectual. Además, el mismo concepto de escolástica va más allá de los límites históricos precisos en los que se puede encuadrar la obra de una serie de pensadores preocupados por la relación entre la fe y la razón. Por extensión, se puede entender por escolástica toda aquella filosofía que muestre interés por conjugar las verdades del pensamiento con las verdades de la fe.

    Entre los temas que mejor caracterizaron la labor filosófica de los escolásticos cabe señalar, muy en particular, los atributos de Dios, la demostración de la existencia del alma o la inmortalidad. También fue muy usual en sus planteamientos el comentario crítico de la obra de Platón. Aunque, sin duda, la mayor fuente de inspiración y de equívocos dentro de la obra de los grandes autores del medievo fue la de Aristóteles. Si bien era cierto que compartían la ontología aristotélica, sus formas de entender la ciencia o la realidad, tuvieron serios problemas para adaptar su absoluta falta de referencias a Dios con la ortodoxia cristiana.